jueves, 15 de diciembre de 2016

50 años de la revista Aleph

n. 1 Revista Aleph, 1966

Ciencia y Humanismo



50 años Revista Aleph (1966 - 2016)

Compilador-autor y Editor: Carlos-Enrique Ruiz

Manizales, Caldas, Colombia, noviembre de 2016, 

610 páginas, 1ª edic. 


ISBN: 978-958-8730-75-2


Preparación editorial:

Alianza Universidad de Caldas y 
Universidad Autónoma de Manizales 

lunes, 12 de diciembre de 2016

Homenaje a Juan Carlos Rodríguez


Homenaje poético de Álvaro Salvador a Juan Carlos Rodríguez

Juan Carlos Rodríguez











LOS MOLINOS DE TU ESPÍRITU




A Juan Carlos Rodríguez

And the world is like an apple
Whirling silently in space
Like the circles that you find
In the windmills of your mind

(“The windmills of your mind” de Noel Harrison)

Esta mañana giran en mi cabeza,
revueltos con las lágrimas,
giran en un torbellino, sin cesar,
como ruedas que dan vueltas sobre ellas mismas
o como un tiovivo lleno de recuerdos,
giran y giran sin cesar
los molinos de tu espíritu.

Entre miedo y migraña se abre paso
la extraña voz de José Feliciano,
más cercana que Harrison,
más cerca del Steve McQueen que creímos ser,
más allá de tu Margarita y la mía,
la que nos traicionó en la mansión
de Beacon Hill en Boston.

Nunca te lo conté, pero años más tarde
estuve en la puerta de aquella misma casa,
cumpliendo un sueño modesto, acompañado
de otras margaritas,
y los molinos de nuestro espíritu
se apoderaron esa tarde de mí
como ahora se apoderan,
como las manecillas de un reloj que dejan atrás el tiempo,
como una bola de nieve que rodara por Charlestown
hasta caer al mar.

Nunca llegué a decirte cuánto fueron míos
los molinos de tu espíritu,
cómo te comprendí las tardes silenciosas
en la calle Silencio
y las tristezas del alcohol,
las impotencias del saber,
las angustias profundas del deseo.
¡Cómo las compartí!

La voz de Feliciano se repite en mi cerebro
y gira y gira sin cesar, esta mañana,
revuelta con las lágrimas
y los molinos de tu espíritu y el mío
que giran y giran sin cesar
como ruedas que dan vueltas sobre ellas mismas,
como un tiovivo lleno de recuerdos.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Juan Gil-Albert y el exilio español en México

Presentación


Juan Gil-Albert y el exilio español en México de Pedro García Cueto

Valencia: Generalitat Valenciana, 1ª edic., 2016


Juan Gil-Albert y el exilio español en México
Juan Gil-Albert y el exilio español en México
Juan Gil-Albert, poeta alicantino, bebedor de la savia de la tierra mediterránea, aquel que inició su periplo hacia tierras valencianas a los nueve años, el mismo que decidió dejarse llevar por la estética de una primera prosa decadentista, el que luego llegaría a la poesía antes de la Guerra Civil española. Su compromiso ideológico con la Segunda República le hizo aislarse de ese mundo de refinamiento, unirse al pueblo.
Se marchará en junio de 1939 hasta julio de 1947. Se trata del exilio ante la victoria de Franco, de la necesidad de desaparecer de una España que ha perdido los ideales progresistas y que se ve envuelta en el espíritu de la “Cruzada nacional”, de las hordas falangistas y de la derecha más radical.
Por todo ello, por su compromiso con la Segunda República, por su poesía donde denuncia la barbarie de la guerra, por su amistad con todos aquellos que fundaron revistas combativas en contra de los golpistas, entre ellos, él, el cual fue secretario de la revista Hora de España, tuvo que exiliarse de nuestro país.
En este libro, pretendo recorrer algunos momentos de ese exilio, sin olvidar la labor dedicada a las revistas con anterioridad al exilio (la labor en Hora de España) y en el mismo (Taller, entre otras), sin dejar a un lado su mirada, la de un hombre que, pese a que vivió unos años en algunos países de Hispanoamérica (sobre todo, en México) no abandonó nunca su raíz española y su amor por la tierra levantina que tanto quiere.
José Carlos Rovira, gran estudioso de la obra de Juan Gil-Albert, comenta en su libro Juan Gil-Albert, editado por la Caja de Ahorros Provincial de Alicante en 1991, acerca de su exilio americano y la nueva actitud que cobran sus escritos lo siguiente: “El escritor vive en esos años un reencuentro con la literatura en un marco diferente a la creación que la historia determinó en los tres años anteriores: de “mi voz comprometida”, la escritura se desplaza en el exilio a una construcción de intimidad –nunca evitada en cualquier caso en la poesía bélica-que tiene dos símbolos constructores: Las Ilusiones (el título del libro aparecido en 1945 en Argentina) y El convaleciente (una parte de ese libro) en la que el sujeto lírico recupera literalmente las posibilidades de vivir” (p. 48).
Muy cierto, porque su exilio americano representa una ruptura con la poesía de tema bélico, motivada por la Guerra Civil española y un abandono de su primera prosa decadentista hacia una prosa hecha de mayor contenido ético y estético, como reflejará su novela Tobeyo o del amor, escrita en México en este período. También Las Ilusiones representa un libro de poemas más maduro que los anteriores, de gran calado emocional y con grandes resonancias líricas y estéticas.
Por todo ello, afirmo que su exilio americano fue lo suficientemente fructífero como para impulsar una obra mayor que irá creciendo, con ímpetu y vigor, a la vuelta del mismo, en 1947.
Las preguntas que el escritor Juan Malpartida se hace en la revista Letras Libres en el artículo que dedicó al escritor de Alcoy titulado “Juan Gil-Albert en América”, son realmente importantes: “¿Por dónde anduvo Gil-Albert? ¿A quién trató? ¿Qué buscó en esa ciudad ya en pleno crecimiento, y dónde podía contactar aún con un grupo de escritores que, tanto por su calidad como por sus intereses, tenía que ver con la generación suya del 27? ¿Qué pensó de Villaurrutia, de Reyes, de Pellicer?” (p. 2).
Todas esas preguntas demuestran un escaso conocimiento de ese período, como si Gil-Albert sólo hubiese dejado retazos en sus obras de algunos hechos, pero hubiese guardado en el baúl de los secretos momentos importantes de ese pasado. No trataré de descubrir lo que no se ha mantenido en documento alguno, pero sí de desentrañar cuál fue la pasión mejicana de Gil-Albert, qué importancia tuvieron sus colaboraciones en revistas, qué impresiones tuvo de la ciudad de México (nada mejor que el Tobeyo o del amor para descubrir páginas deslumbrantes de la ciudad), su amistad con Octavio Paz, etc.
Nadie mejor que César Simón, tan admirador de la obra de su primo, tan entusiasta de su mundo poético que se baña reiteradamente en sus aguas para comprender su mundo, realizar su tesis doctoral, escribir artículos y libros sobre el escritor de Alcoy, cuando nos habla del ocio creador que desarrolló en México. Lo dice en su libro Juan Gil-Albert: De su vida y obra, publicado en Alicante, en el Instituto de Estudios alicantinos, en 1983. María Paz Moreno, gran especialista del autor nos lo recuerda: “tiempo que el escritor llenaba escribiendo, leyendo, asistiendo a espectáculos, visitando a sus amigos o simplemente paseando” (p. 41). Estas líneas pertenecen a la edición de su Poesía Completa publicada por el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y la editorial Pre-Textos en el año 2004. La investigadora murciana lo llama ocio creador y estoy de acuerdo, ya que nunca el poeta alicantino dejó de ver el mundo desde el ocio, pero sin olvidar que éste era el germen, la raíz para producir una obra fecunda, nacida de su pasión por el lenguaje y por el mundo.
La vuelta a España, en 1947, sería el momento de otro tipo de exilio, el interior, motivado por las dificultades de publicar en el cerrado espacio del franquismo. Pero el poeta alcoyano fue gestando una obra sólida que triunfará en los años setenta cuando reconocidos poetas de la citada generación (Guillermo Carnero, Luis Antonio de Villena, Pedro J. de la Peña, Jaime Siles, Ricardo Bellveser, Francisco Brines (algo más mayor y perteneciente a una generación anterior), etc) supieron reconocer el esfuerzo de Juan Gil-Albert por tejer una obra clásica por sus dimensiones literarias, estéticas y humanas.
Como nos señala Ángel Luis Prieto de Paula en la introducción a la Poesía Completa ya citada, Las Ilusiones es un libro que podría haber posibilitado una revolución al mundo monocorde de los años cuarenta con los dos ejes vertebrados por la poesía garcilasista y los poetas desarraigados, pero al publicarse en Buenos Aires, en el exilio, el libro no tendrá la repercusión que hubiese merecido, sino muchos años después: “El hecho de que este libro fuera editado en Buenos Aires, y de que su autor estuviese viviendo su exilio mexicano, es determinante para explicar su ya aludida falta de rendimiento respecto a la poesía más joven” (p. 15),
Pedro García Cueto
Pedro García Cueto
El hecho de no estar al alcance de los lectores españoles en los años sesenta, fue, para Guillermo Carnero, la razón que justificó su falta de éxito. Todo ello corrobora lo que ya decía antes, tras el exilio mejicano, vino el exilio interior, la falta de repercusión de una obra muy importante para nuestras letras contemporáneas.
Mi intención es reivindicar, de nuevo, a Gil-Albert, como ya lo hice en los dos libros anteriores (La obra en prosa y El universo poético de Juan Gil-Albert) porque su obra merece nuevas lecturas y su contribución en las revistas de la época, su ocio creador durante el exilio americano, merecen, de nuevo, este homenaje que le brindo en las páginas que siguen.

PEDRO GARCÍA CUETO

sábado, 10 de diciembre de 2016

En homenaje a Adolfo Cueto

EN HOMENAJE A ADOLFO CUETO, LUZ QUE SE EXTINGUIÓ COMO UNA LLAMA

POR PEDRO GARCÍA CUETO

Adolfo Cueto
   Parece difícil escribir cuando está caliente su mirada, sus ojos atónitos ante el desconcierto del  mundo, parece complejo expresar el dolor si es tan hondo y oscuro, como un túnel donde tropezamos a ciegas, ebrios de vida pero, sin quererlo, asustados, temerosos, recordando a Darío, ante “la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos”.
    Adolfo Cueto, de origen asturiano, pero nacido en Madrid, vino al mundo un 31 de enero de 1969, comenzó a escribir pronto y en Diario Mundo (2000) recopiló medio centenar de poemas galardonados en distintos premios.
   Fue Premio Emilio Alarcos entre otros, Cueto logró en Dragados y construcciones hacer del poema un sedimento, una semilla donde se cultiva el opio de la vida, esa sed incesante del decir que lleva el poeta, pleno de angustias y soledades, que, a duras penas, entrevé lo luminoso del día, como el sol que filtra las vidrieras de nuestro pensamiento.
    Cueto fue un hombre de sonrisa franca, de pensamiento sobrio, de gran calado existencial. Juntos, como dos náufragos, hablamos del apellido coincidente, él proveniente de Asturias, yo, quizá de un antepasado norteño que no adivino a reconocer. Juntos leímos un día de lluvia en el mes de junio del 2015, en plena Feria del Libro, en una carpa donde oíamos el estruendo de las gotas, como si llorara el cielo, poemas de Aleixandre y Jorge Guillén, junto a amigos tan queridos como Fernando Delgado o Javier Lostalé. Cueto era preciso como un pensamiento, decía el verso con el eco de los que ya han perdido la niñez y enfrentan la vida adulta como una estoica aventura hacia ninguna parte, pero latía vida, entusiasmo, sin dejar el rigor que siempre le caracterizaba.
   Parece que le escucho, mientras las gotas de lluvia acariciaban la lona de aquella carpa, mientras Lostalé cerraba los ojos, como acostumbra, para que las palabras fueran más hondas, para que el lenguaje poético de los grandes del 27 llegase como un viento fuerte que empuja y acaricia a la vez a sus espectadores, había en Cueto una ternura de niño mayor, que ya sabe que el tiempo lo destroza todo.
   Me gustaría recordarlo en dos poemas, pertenecientes a Palabras subterráneas, porque las palabras de Adolfo lo eran, penetraban más allá del eco, envolviendo su dicción en una fuga del mundo, se hacían armonía, cuando él las conjugaba con su voz grave, de hombre que buscaba la niñez en cada paso.
    En el poema “Huérfanos a medianoche”, dice:
“Juguetes rotos por / la resaca de la vida, colillas / azotadas, por el viento / cuando la soledad se apodera del mundo y un dolor / en mí-más grande, madre / que mis días- sobre un /tráfico mudo”
   En el poema vemos al hombre solo, que lleva la “resaca violenta de la vida”, también al hombre que fuma para vencer al dolor, haciendo volutas de humo, como pensamientos heridos por la vida: “colillas / azotadas por el viento”, vive en el poeta la infancia, el deseo de invocar a la madre, siendo ya huérfano, abandonado a la vida, despegado para siempre de la felicidad de la niñez.
   Cueto sabe que toda vida es ruptura, quiebra, cesura, que tras la niñez se abre un camino insondable, donde lo hosco y lo violento lo asolan todo.
   El ruido, ese “tráfico mudo”, porque el exterior no es nada, desprendido de la niñez, hombre en su guarida, protegido por los versos del mundo.
   El poeta busca a la madre, hambriento de besos en un mundo desolador: “dejando esa fractura del adiós / en que te busco”.
    Esa “fractura del adiós” es el despojamiento de la niñez, el ser huérfano para siempre, porque es un hombre que ya no tiene padres, son solo querencias del ayer, cuando realmente vivió la vida, hay un eco de César Simón, del hombre ensimismado que el poeta valenciano nos dejó en “Extravío”, pero también del Brines de “Las brasas”, ese hombre que se ve a sí mismo viejo, hecho ya ceniza cuando fue luz. Vive también ese mundo de Javier Lostalé, ese resplandor del beso, cuando hay un hueco entre dos seres, los que se aman y se pierden en la hondura de la noche.
  En el poema “Marina habla con los árboles”, la protagonista habla con los árboles, ya que la Naturaleza es eterna y nos reconcilian con el mundo, con el niño que fuimos, sabe Cueto que hay una niñez añorada y dice:
“Marina habla con los árboles, entiende / su alta edad, su estremecimiento / del verano en sus hojas. Por su espina dorsal / como a esa rama tierna, recién / brotada, asciende / este coro danzante, sonajero del viento / que le canta al oído”.
   Dice el poeta que el viento lleva un sonido, como aquellos pastores que cantaban a la amada en los antiguos poemas pastoriles, también recorre el físico del árbol, eterno, frente al ser humano, siempre complejo por su mortalidad. El árbol habla, musita, es “coro danzante”, porque se cimbrea en su esplendor de hojas que lo hacen “sonajero del viento”.
   Sin duda, Cueto hace un guiño a la niñez, ese sonajero que acuna al niño pequeño, hay, sin duda, un lenguaje en el árbol, porque para el poeta todo es lenguaje, todo es eco de una voz niña, la de la Naturaleza en su esplendor.
   Dice el poeta: 
“Pecho alado y en paz, / criatura tan adentro / como un cielo de agosto / hacia arriba, en lo alto, / donde canta la vida, donde la vida es / bella aún”.
   Esplende el mundo y el poeta nos invita a sentir el canto de las cosas, todavía hay eco del verano, la infancia perdida aún late en esa estación de sortilegios.
    Valga este homenaje a Adolfo Cueto, quizá ahora encuentre al niño que fue, lejos del dolor adulto, quizá vuelva su tono grave a la Naturaleza, se haga espacio en ese mundo que amó, el de las flores, los árboles, las montañas de esa Asturias añorada, viva en su interior, como un desterrado en un Madrid de coches y de sombras.

   Parece que lo veo aquel día, recitando, mientras  el día iba dejando su torrente de agua, en aquellas lágrimas del cielo que se hacían armonía con los poemas de Aleixandre y Guillén, había un presagio, el del tiempo que cumple su condena, hoy más triste rindo este homenaje a un gran poeta y, mejor aún, un buen amigo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Curso de Novela Moderna

Curso de Novela Moderna para suscriptores de Ómnibus


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jueves, 10 de noviembre de 2016

ómnibus n. 53: centenario Rubén Darío

Revista ómnibus n. 53

Queridos amigos:

En este número n. 53, con motivo del centenario del fallecimiento del poeta nicaragüense Rubén Darío, hemos publicado artículos de Alberto Julián Pérez, Jorge Urrutia, Consuelo Triviño y Pedro García Cueto.

En nuestra acostumbrada sección de literatura, artículos críticos y reseñas de Orlando J. Addison, Fabio Martínez, Carlos Satizábal, Luis Benítez, Silvio Mattoni, entre otros.

En creación literaria, se han seleccionado poemas de Álvaro Salvador, Carina Sedevich, Adriana Hoyos, Eduardo Escalante, An Lu, Federico Spoliansky, Porfirio Mamani, Canio Mancuso y un relato de Alberto Julián Pérez. 

En Pensamiento Crítico, hemos contado con la aportación del médico psiquiatra colombiano Jesús Dapena y en Cine y Literatura con el profesor y escritor Pedro García Cueto, colaborador habitual de Ómnibus,

Gracias de nuevo por seguirnos en esta aventura literaria.
Revista intercultural

martes, 8 de noviembre de 2016

Presentación Encuentro con el asombro de Olga E. Martínez Gómez

Granada, Mirada Malva, 2016



Audio de la presentación del libro de cuentos Encuentro con el asombro de Olga Elena Martínez Gómez. 


Presenta: Elkin Restrepo, 

Medellín, Colombia, Fiesta del Libro y la Cultura, 2016


lunes, 7 de noviembre de 2016

Presentación antología poética de Carmen Ollé

 Presentación-Lectura  de la Antología poética de 

Carmen Ollé

Después de todo, la noche…/ Après tout, la nuit…

(edición bilingüe)

Jueves 10 de noviembre, 20:00 h.
Centro de Arte Moderno | C/Galileo, 52, 28015 Madrid

Entrada libre y gratuita hasta completar aforo

Participan
Nicole Bajon (traductora)
Sylvia Miranda (poeta y traductora)
Carmen Ollé (presencia de la autora por video conferencia)

Carmen Ollé

“ (…)En la Gare du Nord cerré los ojos muy fuerte.Vi París después de un viaje largamente sentadaen la butaca del ferrocarril con la pequeña en brazosy la torre Eiffel partida por la niebla.¿Qué son los Campos Elíseos o la Gioconda sino el ménagedelegado a las jóvenes muchachas del Tercer mundo?Lavar pisosrefregar las estrellas. (…)”

“(…) À la gare du Nord j’ai fermé les yeux très fort.J’ai vu Paris après un long voyage assisesur le siège du train avec ma petite dans les braset la tour Eiffel coupée en deux par la brume.Que sont les Champs-Élysées et la Joconde sinon le mobilierdestiné aux jeunes filles du Tiers monde ?Nettoyer des appartementslustrer les étoiles. (…)”

Carmen Ollé (Lima, 1947) es poeta, narradora, ensayista, licenciada en literatura por la Universidad Mayor de San Marcos e integrante del movimiento literario peruano Hora Zero. Fue profesora en la Universidad Enrique Guzmán y Valle, y desde hace más de veinte años dirige talleres literarios. En 1981 apareció en Lima su primer libro de poemas Noches de adrenalina que causó revuelo en los ambientes literarios peruanos y que pronto se convirtió en un libro mítico, considerado punta de lanza de una nueva generación de mujeres poetas en Hispanoamérica. Ha publicado varias novelas, libros de relatos y, recientemente, la obra dramática Tres piezas Noh (2014).
Después de todo, la noche…/ Après tout, la nuit…(Arles, Les Arêtes Editions, 2016) es una Antología, en coordinación con la autora, que recoge una selección de sus tres primeros libros de poesía, en edición bilingüe, siendo la primera traducción en libro de la poesía de Carmen Ollé al francés.
Carmen Ollé ha recibido múltiples reconocimientos a su trayectoria literaria, siendo los últimos el homenaje que le brindó la Feria del libro de Lima en 2014 y el importante Premio de la Casa de la Cultura Peruana por el conjunto de su obra en 2015.

Nicole Bajon (Vendôme, 1945) es licenciada en letras españolas, profesora de español, ha realizado un DEA en civilización hispanoamericana y ha colaborado activamente en varias asociaciones como France-Amérique Latine organizando festivales de música vernácula y dedicándose a la traducción literaria y técnica. Apasionada por las civilizaciones pre-colombinas y, en particular andinas, se ha interesado asimismo por el arte, la arquitectura y el espíritu de estos pueblos y por su influencia en el pensamiento moderno. Sus viajes por América Latina han favorecido su conocimiento de las múltiples facetas de estas sociedades y de su gran riqueza humana y cultural.

Sylvia Miranda (Lima, 1966) es poeta, escritora y doctora en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Sus investigaciones versan sobre el imaginario urbano y la poesía de la vanguardia histórica peruana. Escribe artículos de crítica literaria y de artes plásticas en revistas especializadas. Ha traducido Momentos marroquíes de la poeta brasileña Astrid Cabral, versión on-line. Tiene varios poemarios publicados en español y en francés, una novela, un libro de relatos, y ensayos sobre la poesía de E. A. Westphalen y Carlos Oquendo de Amat. Ha recibido el Premio Tomás Luis de Victoria de Poesía (Salamanca, 1994); el Premio Novela Corta del Banco de Reserva del Perú (edición 1996), así como el Premio Extraordinario de Tesis doctoral (UCM, curso 2006/2007). Su más reciente publicación es el poemario Tiempo de sol (Madrid, 2014), donde reúne parte de su obra poética de los últimos años.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Presentación de Mi Berlín de Esther Andradi, en alemán

Edición en alemán, Edit. Klak, 2016

EL LIBRO


MEIN BERLIN. Streifzüge durch eine Stadt im Wandel
Editorial Klak, Berlín, 2016 
Traducción de Margrit Klingler-Clavijo

Presentación el próximo día 9 de noviembre de 2016 a las 19:00 horas en el mítico espacio KLAK Fabrik

Acompañan a la escritora Esther Andradi, el poeta alemán Martin Jankowski y el músico argentino Juan Lucas Aisemberg (viola).

Berlin: KLAK-Verlag, 2016, 162 Seiten
ISBN 978-3-943767-59-9
14,90 Euros


Texto de contratapa:
"Ya se trate de un viejo sombrero,  de un barco llamado "Amor", o de las "piedras de la memoria"; del tiempo de la ciudad partida en dos o el del crecer juntas en el nuevo Berlín:  Con exquisita mirada y lenguaje preciso Esther Andradi encuentra siempre el detalle cotidiano en Berlín. En sus crónicas, publicadas entre 1983 y 2014 en Perú, Argentina o México, Andradi dibuja las enormes transformaciones producidas en la ciudad. Se leen también retratos muy personales de Frida Kahlo, Rosa Luxemburgo y Christa Wolf, del pintor español Josep Renau y una entrevista con la abogada berlinesa Seyran Ateş, así como revela qué tiene que ver Buenos Aires con Fritz Lang y su mítico film Metrópolis".

Aguda y extraordinaria mirada sobre una ciudad en mutación permanente.

" Soy una latinoamericana que cuenta desde allí el antes y el después del derrumbe. Como una prolongación del viejo ejercicio de escribir cartas, estos textos hablan desde mi perplejidad y el asombro, evocando una ciudad de gentes desde las costuras que la hicieron famosa."
Esther Andradi

Mi Berlín. Crónicas de una ciudad
mutante,
Mirada Malva,
Granada, 2015
"Mi Berlín es también un homenaje a Walter Benjamin y a todos los que no pudieron sobrevivir a la barbarie. Textos como las piedras de la memoria. Todo un arte: Vivir para escribir. "
Diana Paris, a propósito de Mi Berlín. Crónicas de una ciudad mutante,  de Esther Andradi


Imagen de portada: Mario Vázquez

Ver evento en facebook 




LA AUTORA

Esther Andradi, escritora, ejerció el periodismo durante largos años, residió en diferentes países, y actualmente vive entre Berlín y Buenos Aires. Nació en Ataliva, un pequeño pueblo de la pampa argentina, estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 emigró al Perú. En Lima fue reportera, articulista, jefa de redacción. En 1983 se estableció en Berlín, enseñó español, realizó entrevistas para la Voz de Alemania, escribió guiones para tv y reportajes para radio, fue madre. Entretanto ha publicado testimonio, cuento, microficción, poesía y novela. Sus relatos figuran en numerosas antologías en diversos idiomas. Sus ensayos sobre cultura, migración y memoria circulan en diferentes medios de América, España y Alemania. Es autora de las novelas Tanta Vida, Sobre Vivientes y Berlín es un cuento. Tradujo la poesía de May Ayim al español. Editó la antología Vivir en otra lengua, presentando la literatura latinoamericana que se escribe en Europa. Ha sido traducida a varios idiomas, últimamente al islandés.

Esther Andradi, Autorin

ist Schriftstellerin. Sie lebte in verschiedenen Ländern und pendelt zwischen Berlin und Buenos Aires. Geboren wurde sie in Ataliva, einem kleinen Dorf in der argentinischen Pampa. Nach dem Studium der Publizistik in Rosario wanderte sie 1975 nach Lima in Peru aus, wo sie als Reporterin, Kolumnistin und Chefredakteurin tätig war. Seit 1983 unterrichtete sie Spanisch in Berlin, führte Interviews für die Deutsche Welle, schrieb Drehbücher für Fernsehen und Rundfunk-Features, wurde Mutter. Sie hat Chroniken, Erzählungen, Mikrofiktionen, Gedichte und Romane veröffentlicht. Ihre Erzählungen sind in zahlreiche Anthologien in verschiedenen Sprachen eingegangen. Ihre Essays über Kultur, Migration und Erinnerung erschienen in Amerika, Spanien und Deutschland. Sie hat die Gedichte von May Ayim ins Spanische übersetzt, gab die Anthologie VIVIR EN OTRA LENGUA (In einer anderen Sprache leben) heraus und stellte die Literatur von Lateinamerikanern, die in Europa schreiben, vor. Ihre Werke wurden in mehrere Sprachen übersetzt, unlängst ins Isländische.

martes, 4 de octubre de 2016

Fiammiferi: poemas de Canio Mancuso


Breve selección de poemas de Fiammiferi, del poeta italiano Canio Mancuso



La strada

Ti parlavo ma tu non mi ascoltavi
lo sguardo perso nella strada dove
tre scugnizzi in fuga si sfidavano
correndo tra le auto e gli abbai
rugginosi incazzati dei cani.
Li guardavi sparire nella sera
e avevi sulla fronte un ghirigoro
inquieto che screpolava
appena il tuo pudore.
Ho visto nel lampo di quella smorfia
il segno di un rimpianto
come un sigillo silenzioso.
L’ho visto oppure ho voluto vederlo
però qualche volta un figlio
magari stortarolo e disonesto
lo hai desiderato davvero.



Fiammiferi

Mio padre fabbricava
navi di fiammiferi
navi con troppe vele
e con troppi cannoni
belle perché non erano
metafora di niente.
Stava seduto a terra
con il broncio sospeso
sul docile cantiere
della sua arte sghemba
massacrando fiammiferi
che asciugava e incollava
a uno scheletro d’aria.
Come era contento
di soffiare il respiro
negli ossi di una nave
priva di oceani da immaginare.



Nidi

Mio padre distratto dalle rondini
smarrisce le carte del congedo.
Conosce la morte degli animali
così esatta e disinvolta
ma ha dimenticato la sua
sul comodino coi documenti.
Mio padre chiedeva una canzone allegra
e ha avuto un silenzio imperfetto:
ero io nascosto in una stanza
tra gli a capo sonnolenti dei libri.
Voleva un figlio dallo sguardo aperto
un figlio maschio che dormisse poco
e ne ha avuto uno che rimane sveglio
per godersi il riposo degli inconcludenti.
Sulla gigantografia del santo
che azzittiva la vallata
le rondini costruivano i nidi.
Mio padre seduto su una panchina
me li mostrò un pomeriggio
di settembre quei nidi
che io non avevo mai guardato.



Corso Garibaldi

Che gittata ha il domani
nei discorsi dei vecchi:
la politica, le armi
i destini del mondo
com’è bello fottere
e non comandare.
I vecchi camminano
con le mani sulla schiena
per tenerle lontane
dallo sfiato del sesso
e poi li senti dire
di una bella che passa:
Ciunna maledetta…
nel cuore ancora il fischio
dei sensi contromano.



Ascolto

Vuoi ancora parlarmi di Dio
con tutta la tua stanchezza insonne,
intrecci parole e melodie che non ricordi
sgrani il solito rosario
di nomi, i miei amici
che non hanno smarrito la strada
e hanno pure preso la laurea.
Non è un problema di fede:
crederei anche solo
per farti compagnia
ma basta un soffio di inquietudine
a prosciugare le vene a un abbraccio,
che sia per te o per Cristo non importa.
Ripeto, non c’entrano la salvezza
la redenzione, il conto da saldare
al camiciaio che rinvia la consegna
(sai che rispetto chi lavora piano).
Non dimentico i miracoli dell’acqua
che mi facevi bere per ripulire
le viscere e i pensieri.
È che mi manca il respiro pietoso
di chi ama il sentiero in ogni orma –
non dico il sollievo dell’ascolto –
e non ho mai imparato la bellezza
del tuo paese chiaro, necessario
dove il buio è il peccato più grande.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Poemas de Carina Sedevich

BREVE ANTOLOGÍA POÉTICA


Carina Sedevich 




Con una gota de agua puede empezar el invierno

*

Un hombre pasa a mi lado.
Se te parece.
Fuma.
Es de piedra mojada
el paño gris de su saco.
Huele a sombra de pino
su barba pura.  
  
*

Sonrío en mi falaz evocación.
La escarcha vive cuando el sol la tornasola.




La eufórica luz de los membrillos



1

Alcancé tu mano por primera vez
como una niña
tocaría un membrillo entre las ramas.
Cítrica, cruda,
era la ofrenda de tu mano muda.


2

Porque esa noche pude tocar tu mano
hoy que vuelve la escarcha
yo me amparo
en la eufórica luz de los membrillos.


3

Quiero abrazar un arpa y que sus cuerdas
dejen caer las voces de los pájaros
que merodean el árbol de membrillos.


4

-Y si un membrillo por azar se cae
podré mirarlo como miré tu mano:
aquella dulce materia sobrehumana.-


5

Existe una manera limpia
en cada gesto de tus manos finas.
Miro con pena como el aire oxida
la carne dura del membrillo roto.


6

Tarde de octubre. Fascinada 
-bajo el lapacho que arrasó el granizo-
en una oración por el membrillo
repito el fragor del amarillo.



Poemas del libro Un cardo ruso (Ediciones del Movimiento, Maracaibo, Venezuela, 2016 /  Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2016)





Canción de cuna
                                                                                                                                                                                 Para Isabella


Escuché los latidos en el vientre de mi hermana.
Fueron corcheas, apenas: do, do, do.

Afuera ya se dormían los tordos entre los álamos.
Dormía el calor de mayo. Pero nuestra sangre no.

Un silencio rodó lento, como ruedan los destinos.
Rodó como rueda un canto: sol, sol, sol.



Amor



De una materia turbia y demorada
son los días.

La ternura es posible
y la tristeza
un pan administrado con justicia.



Poemas del libro Klimt  (Suburbia Ediciones, Gijón, España, 2015 / Club Hem Editores, 
La Plata, Argentina, 2015)






Unas láminas de sarro se desprenden

y golpean las paredes de mi jarra.

Pienso en brillantes filamentos de mica
ocultos en la arena de los ríos.

Pienso en las mangas mojadas
que los poetas chinos
prefieren nombrar para no hablar
de sus lágrimas.



Poema del libro Gibraltar (Dínamo Poético Editorial, Córdoba, Argentina, 2015) 





Antonia era mi abuela

Tu mujer quiere llamar a tu hija Antonia
y no sabe que Antonia era mi abuela
que además heredaba el nombre de su madre
 para dárselo también a la menor de sus hijas.

Antonia era mi seudónimo
en los concursos de poemas.

Te recuerdo que mi abuela Antonia
se murió de tristeza
el año antes de que yo naciera.
Te recuerdo que era pobre y era enferma.

Te recuerdo que yo escribo desde mi caverna
como un hombre viejo:
que sólo el vino me anima
y la soledad me da paz.

Te recuerdo que perdimos a Mateo
y que cuando sangré tu última hija
Antonia era uno de sus nombres.
Te recuerdo que me dejaste sola
con mi sangre de Antonia
una mañana.

Llamala Antonia como en una novela.
Y acunala. Llamala Antonia en la plaza
y en la escuela. Y retala: “¡Antonia, no hagas eso!”
“¡Comé, Antonia!”, “¡Antonia, se hace tarde!”.
Tengo toda su vida en mi cabeza.

Porque Antonia era mía: era bisnieta
de aquella Antonia que bordaba.
Era nieta de mi madre, que te extraña
todavía.
Era hija de la loca que escribía.

Llamala Antonia, que será justicia.
Justicia de mis muertos que la esperan.
Justicia de la vida que la trajo.
Justicia para este pobre poema.

 Poema del libro Escribió Dickinson (Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2014)