miércoles, 9 de agosto de 2017

Ave Soul de Jorge Pimentel

Sobre la humana y poética « condición (humana) » en Ave Soul [1] de Jorge Pimentel

Por Mario Wong


Muerta palabra / acuérdate / que eres / verso dormido.
(« Lavina »)

Dejar una ciudad / el domingo / en los parques / donde
rompiste / tu soledad / de extranjero.
« (J.P., « Entregas breves de amor y… »/ Balada)


A Carolina Bustos


Ave Soul de Jorge Pimentel
reedición de Ave Soul de Jorge Pimentel (2014)

« Parado entre dos avenidas encendí un cigarrillo / y mi voz apretaba y un viento helado cruzaba / la noche / Qué me sucede. Qué me pasa. Y de / pronto… » [2]. La ciudad de Lima y la experiencia brutal de la « des-subjetivización » [3] del poeta, « moi est un autre » (Rimbaud), se encuentra en los versos de Ave Soul, segundo libro de poesía de Jorge Pimentel, reeditado -después de más de tres décadas, el 2008 [4]. Y en su condición humana, Pimentel se ve retratado, recorriendo las calles de la ciudad (« terriblemente solo pateando / piedras… »), « como lo que soy un poeta un ángel que circunda / el mundo con mis anotaciones salvajes bajo / el brazo expandiendo mi sombra… » [5].

Había leido Kenacort y Valium 10 (Lima, 1970), su primer libro, en el Perú y también « Balada para un caballo », poema éste de Ave Soul, pero al volver a leer, después de varios años al poeta (en esta reedición), me he sorprendido por la intensidad y frescura de su poesía [6]. Y mucha agua y sangre (también de poetas) ha corrido bajo el puente…, ¡toda esa historia de la infamia!
« Camino pedregoso no abras cuando toquen voces de / destrucción, no te tuerzas con golpes, ni con gritos / ni con el terror de guerras y matanzas. Sólo así / permaneceremos como ahora camino pedregoso…» [7], escribía Pimentel. Y el canto del poeta, éste, es para siempre, cito in extensis versos que anteceden: 
« (…) ¿A dónde fue a parar tanta tibieza tanta ternura? ¿En / qué túneles nos estará aguardando la mariposa que / tanto quisimos? ¿Cuál de los túneles será el que nos / conducirá finalmente o fatalmente? ¿Cuál de mis / manos penderá como una estatua hacia el final? ¿Cuál / de mis ojos será el lucero que cace el pájaro en su / recorrido hacia ti? Camino pedregoso que te alzas ante / mi vida cuando los ejércitos se aprestán a prenderte / a iluminarte y ese no es el fuego que tú quisiste sino la / luz de un extraño silbido del viento, quisiste / una tenue brisa en un río de retamas, caminos siempre / de moras, de hojas silvestres, de cantos de mujer, de los / solos que brotan cada tarde prendiéndole fuego al agua » [8].
La intensa frescura poética, y étonnement frente a la vida misma, recorre las páginas de Ave Soul; cito de « Alabarda »: « Cuando en ti / se haga perceptible / el aleteo / de un halcón / en el cielo azul / roza con tus / manos / levemente / el aire / y estarás tocando / la paja tierna / donde el pájaro / de la tarde / se despereza / y un rayo / de luz / lo aturde » [9].

El poeta que camina, por las calles de la ciudad, como « todos los que humanamente caminan », no es el « flaneur » de Baudelaire; se siente « un completo animal, un caballo salvaje / que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando / muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra / el cemento de las calles. Troto y… » ; lo encuentro más próximo al « hombre de la multitud », de uno de los relatos de Poe, « todo el mundo trata / de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas / por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase / de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres / arman expediciones para darme caza armados con perros policías / y con linternas y… ». Se trata de la « cotidianeidad paranoica » de la vida en las urbes modernas; todo esto, lo sé, es muy pigliano (y muy actual). Pero, la « condición humana » del poeta, su esencia, en su afán de libertad lo lleva a huir de la ciudad: « Atrás / van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre / en estos bosques dormidos que despierto con el sonido / de mis cascos. Piso la mala hierba y… » Versos más adelante, cito: « Y con la luz solar que todo lo invade / suelo dar golpes hacia la vida. Allí / donde mi presencia es esperada me hago realidad. / Allí donde mi sueño se revela me hago realidad / me hago realidad en esos ojos que están cansados / de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida / se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde / y asciendo a la cumbre donde diviso extensiones / de mar de cielo de tierra… » 

Jorge Pimentel
Jorge Pimentel
Anochece, y el ser amado, « melancolía de la Quimera », se halla siempre muy presente y…; el pensamiento y la palabra se simultanizan, aquí: « Y por un instante pensé muy triste en ti / Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra / se difunde con la noche se propaga se manifiesta. / Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía / aún más aún más ¿hasta donde crecerás? / ¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre. / El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo… » Es la humana condición del poeta, que sabe del horror de…, que lo lleva a mantenerse alejado más, sin embargo, persiste: « Yo sabía / lo que sucede a un caballo en la ciudad. Y / por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces / me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo / me rebelo persisto y amo terriblemente mis posibilidades / de realizarme en un medio donde la civilización se mata / y permanecen odios, prefiero ser caballo. Mojaré / la tierra con… » [10]. Este poema, « Balada para un caballo », como toda Ave Soul, es como una « moneda antigua » que acaba recién de…, AVE SOUL, Jorge Pimentel!



París-Montmartre, 07/08/2017.



[1] Jorge Pimentel, Ave Soul, Lima, doble principe Ed., 2008 (Primera Edición: Madrid, El Rinoceronte, 1973).
[2] « Escenas de un cuadro de N. Poussin. L’inspiration du poète », Ob. Cit., p. 88.
[3]  El acto de creación poética, y quizás todo acto de palabra, supone algo como una des-subjetivización; los poetas, en la tradición literaria occidental, siempre han dado el nombre de « Musa » a esta des-subjetivización. Se trata de un « yo-poético » que no es un yo, esto es un yo idéntico a si mismo; un caracter que correspondería a una « persona » (y « persona » desde la Odisea quiere decir « nadie »); en ese sentido el « yo-poético » es un « caracter » que no es el mismo. Él no es el mismo, no tiene identidad; él es todo y nada. El poeta es siempre otro, moi  est un autre (Rimbaud), que él mismo. Keats decía  que « él esta constantemente en el lugar de otro cuerpo y tratando de rellenarlo » (*); (*) « … heis continually in for – and filling some other body…» (Véase Giorgio Agamben, Auschwitz. L’archive et le témoin, Éditions Payot e& Rivages, 2003, p. 122-125).
[4] Incluye « Pimentel en el recuerdo », texto de Roberto Bolaño y, también, dos cartas del escritor chileno al poeta fundador, junto a Juan Ramírez Ruiz y a otros poetas, del movimiento poético de los 70s « Hora Zero ». 
[5] « Escenas de un cuadro de… », idem. 
[6] Acierta, sin ninguna duda R. B., cuando dice que « los poemas de Ave Soul no han envejecido un ápice. Siguen tan frescos y legibles como cuando Pimentel los escribió. », y es pertinente su pregunta, seguida, « ¿De cuántos poetas latinoamericanos podemos decir lo mismo? (...) ».
[7] « Camino pedregoso » ; véase la parte de « Poemas no recogidos en la primera edición », Ob. Cit., p. 119.
[8] « Camino pedregoso »; Ob. Cit., p. 118-119.
[9] Ob. Cit., p. 57. 
[10] Ob. Cit., p. 31-34.

jueves, 20 de julio de 2017

Obra artística de Mario García

Marío García
Marío García
MARIO GARCÍA
Granada, España.

Del 1990 al 1998 realiza estudios en la facultad de Bellas Artes.
Titulado de Grado Superior, Doctorado y licenciado en Bellas Artes, Universidad de Granada, especialidad en Artes Plásticas, Pintura.
Desde el inicio de su trayectoria profesional fue un pintor inquieto y preocupado tanto por la necesidad de renovar el arte a través de la pintura como por la función del arte y el artista en la sociedad.
Del 1994 al 1996 viaja por Europa participando del proyecto colectivo “Exposición Portatil I -XV..” de la Galería Virtual.
Del 1997 al 2007 realiza una serie de trabajos como editor, estampador y Artista, en ediciones de grabado calcográfico, litografías y serigrafías originales
En 2001 pasa una temporada en Miami donde establece contacto con Karen Asher directora de Caesarea Gallery.
Del 2006 al 2008 desarrolla una serie de murales de gran formato para Árgola Arquitectos.
Del 1992 al 2014. Paralelamente al trabajo en su Estudio realiza trabajos de diseño, montaje y construcción de Arte para TV, cine, teatro, espectáculos y  publicidad (spot TV, foto fija, eventos y presentaciones) en: Exposición Universal de Sevilla, España, Mundial de Esquí Alpino en Sierra Nevada, Granada, España. Mundial de Atletismo en Sevilla, España, Inauguración de temporada de la Universal Picture del Parque Temático Port Aventura en Tarragona, España...
En 2008 traslada su Estudio (hábitat de trabajo) a la antigua Azucarera del Genil en Granada y hasta la fecha compagina vida personal y profesional a caballo entre Madrid, Barcelona, Málaga y Granada.

Sueño de onanistas, 2014




martes, 4 de julio de 2017

El Valle de los pecados de J.G. Millas

El Valle de los pecados_J.G. Millas
Portada El Valle de los pecados
EL VALLE DE LOS PECADOS
nueva publicación de Mirada Malva
Colección Mirada Narrativa n. 21, julio 2017
ISBN 978-84-945681-1-4

Una novela terrorífica basada en la vida de un abyecto hacendado que llega a construir un imperio de maldad y abuso en un país subdesarrollado, donde la vida no tenía mayor valor y los inquilinos eran solo esclavos de dos señores que recogieron el feudalismo del pasado, implantándolo en esta región. El sexo, la droga, la crueldad y la ambición por el dinero llevan a este personaje a abrazar una vida alegre y peligrosa, asociándose a un proxeneta, miembro de un poderoso cartel de cocaína que los enriquece poderosamente.

En la comarca del lesbianismo, las subastas de jóvenes vírgenes en medio de un cautiverio miserable, se agrega el horror de convivir con caníbales hambreados que viven hacinados en un inmenso bosque que traspasa las fronteras de varios países y que encierra en su oscuridad interior a estos seres que viven al acecho de carne.

Inundada la atmósfera por hechos extraños y maravillosos, El Valle de los pecados juega con el tráfico sexual de jóvenes, mediante personajes horripilantes y otros divinos que chocan con sus poderes en batallas dramáticas entre el bien y el mal, en medio de un caos infernal, donde se mezcla fuego, sangre y fe en un final insospechado y asombroso.

martes, 13 de junio de 2017

Mujeres en la literatura

MUJERES EN LA LITERATURA ESPAÑOLA

POR PEDRO GARCÍA CUETO



MARÍA ZAMBRANO Y SU VISIÓN DE ESPAÑA

María Zambrano
María Zambrano
María Zambrano analiza en España, sueño y verdad, (cuya primera edición apareció en 1965 y su reedición en el año 2002) la figura de Ortega como una de las más innovadoras de la filosofía española. Para la pensadora hay dos virtudes claves en Ortega: la claridad de su pensamiento y la generosidad intelectual del mismo. Dice acerca  de la claridad: “Se es  claro  cuando  se  está  claro consigo mismo; la claridad es producto de la coherencia de la vida, según resplandece en las Meditaciones…” (María Zambrano, 2002: 146). Se refiere a las Meditaciones del Quijote, una de las grandes obras de Ortega. No en vano, María Zambrano sentirá un interés continuo hacia la figura de D. Quijote en su pensamiento filosófico.
   La otra virtud que cita la pensadora sobre la figura de Ortega es la generosidad intelectual. Dice así: “Su raíz podría ser la siguiente: el aceptar Ortega al par su circunstancia española y la existencia de la filosofía, realizó un acto de fe y de amor. De fe en el pensamiento y de amor en la tradición y en la circunstancia” (María Zambrano, 2002: 146).
   Para la escritora andaluza, el gran esfuerzo de Ortega se centra en conseguir que la filosofía cobre vida y deje de ser como un estudio fantasma en la vida española: “La vida española se había resistido a la filosofía como se había resistido a la historia, y al hacerlo se había resistido a la vida” (María Zambrano, 2002: 149).
   Considera María Zambrano que otros habían realizado el esfuezo de dar vida a la filosofía en España, como Sanz del Río, quien importó de Alemania la filosofía krausista. Pero fue, sin duda alguna, Ortega quien creó unas ideas innovadoras, donde el pensamiento español podría asentarse. Se refiere a la aparición de obras como La rebelión de las masas o a la creación de la razón vital, claves en el pensamiento del filósofo.
   La pensadora andaluza lo deja muy claro en su libro: “No encuentro fórmula más fiel para expresar el programa de la filosofía de Ortega, su exigencia, su dádiva. Que la razón se disuelva a sí misma a fuerza de entenderse; que la vida se apure, para dejar, celosa, de ocultarse. Que vida y  razón no se oculten la una a la otra. ¿Se podrá lograr?”(María Zambrano, 2002: 155).
   María Zambrano, admiradora de Ramón Gaya, en España, sueño y verdad cuando cita la impresión que los cuadros del pintor murciano producen en el que los ve, una visión exenta de todo aquello que no sea naturalidad: “No. Los cuadros de Ramón Gaya no actúan como estímulo sobre el sistema nervioso, ni llaman a despertarse a los monstruos adormecidos en la subconsciencia, ni estremecen violenta y superficialmente el alma…” (María Zambrano, 2002: 283).
   Lo que consigue la pintura de Gaya para la pensadora es calma, la contemplación ante la belleza de lo pintado: “Y este quedarse, que es quedarse en calma y en silencio –en el de dentro también-, supone un sobrepasar un cierto pasmo aceptándolo, que así en el pasmo sucede. El pasmo, en el que la conciencia se retrae apegándose al alma, juntándose con ella” (María Zambrano, 2002: 284).
   Pero dice algo que concreta más todo esto, se refiere a la contemplación como finalidad de la pintura del artista murciano: “La pintura que aparece en los cuadros de Ramón Gaya pasma y subyuga para ser, al fin, contemplada; esto es, vivida” (María Zambrano, 2002: 286).
   Dejando a un lado la admiración por la obra pictórica de Gaya que posee, cito unos comentarios a la pintura, en la que podemos descubrir el mismo anhelo de  belleza que este arte tiene para ambos intelectuales; María Zambrano lo muestra a través del misterio que contiene la revelación del cuadro, como si la apariencia del mismo no desvelase totalmente su contenido, tal es el hechizo de la pintura: “Pero como nada logra hacerse manifiesto enteramente, el juego entre ocultación y visibilidad marca el modo de la presencia, lo que implica una manera de entrar en el espacio y de fluir en el tiempo” (María Zambrano, 2002: 281). La posición de Rosa Chacel (otra de las compañeras del exilio mejicano de Juan Gil-Albert) sobre la figura de Ortega va a ser bastante coincidente con la que expresó el escritor de Alcoy sobre el prestigioso filósofo español.
    La escritora dice: “Ortega es el primer maestro español que crea una escuela pulcra, coherente y tenaz; no ha podido pasarle lo que al gran Unamuno, que la sucesión de su obra excelsa se ha corrompido pronto en el discipulaje” (p. 288).


ORTEGA PARA ROSA CHACEL

Rosa Chacel
Rosa Chacel
   Lo que le interesa a Rosa Chacel de la figura de Ortega es la desvinculación de lo político en la vida y la obra del filósofo, como manifiesta en el artículo cuando dice: “Ciertamente, a Ortega se le ha combatido sólo por razones políticas, y si hay una cosa que exija ponerse en claro, es que Ortega, de política, lo que más clara y reiteradamente ha dicho, es que no hablaba de política” (p. 287).
     Se refiere la insigne escritora al período anterior a sus discursos en el parlamento, para centrarse en la figura del filósofo, cuya razón de ser es hacer pensar al español excelso, elegido, abrir su mente hacia el futuro, convertir el pensamiento simplista de la mayoría en un esfuerzo de intelectualidad para unos pocos, capaces de liberarse del yugo de la alienación. Por ello, cita la escritora La rebelión de las masas, famoso libro donde avisa Ortega del peligro de la mayoría, que llevará, por la ignorancia, al desastre del país. Se refiere la escritora al “hombre que con una limpia prosapia de humanidad se disponga a beber la clara visión del tiempo nuevo” (p. 287).La admiración de Ortega por Grecia (como nos recuerda Rosa Chacel) nos hace pensar en la ferviente pasión de Gil-Albert por lo griego, cuna del arte, de la democracia y de la sensibilidad.
    Ya nos demuestra la escritora vallisoletana la clara afinidad con la filósofa María Zambrano en su concepción del pensamiento orteguiano.


ANA MARÍA MATUTE: UNA ESCRITORA DE LOS CINCUENTA
Ana María Matute
Ana María Matute
Los hijos muertos, novela de 1958, ya trata el tema de la posguerra, de los hijos que van cayendo, seres que mueren, otros van al exilio, una realidad terrible que ya había expuesto en Los Abel, en 1948, donde daba cuenta de la lucha cainita en un país que se desangró en una tremenda Guerra Civil. La narradora, mujer de enorme sensibilidad, vivió el dolor de la guerra, el enfrentamiento entre familiares, lo que trasladó a sus novelas, donde las descripciones cobran ecos míticos, la muerte como un espacio de sueños y de sombras, visto siempre por una mujer niña, la gran novelista española.
   Para la autora, Primera memoria (1959), Los soldados lloran de noche (1964) y La trampa (1969), representan la necesidad de cantar la nostalgia de los seres que no han perdido la inocencia, seres abiertos al umbral de la noche, donde un mundo de sueños nace, tan ajeno a la realidad. Fuera vemos el dolor, la incomprensión, la intolerancia, la misma que había calado en nuestros ojos lectores en Fiesta al noroeste (1953), donde hermanastros se enfrentan, como si el silencio de Dios fuera total.
  En los ojos heridos de Ana María Matute, los seres desvelan su inhumanidad, se enfrentan a la codicia y al poder, pero también asombran por sus rasgos humanos, la compasión que nace entre hombres y mujeres arañados por el dolor de la Guerra.
   Pero la narradora no solo fue una testigo especial del horror de nuestra España, sino también una entomóloga de sus más íntimas contradicciones, dando forma a una narrativa poderosa, que ha dejado huellas a novelistas tan prestigiosas como Juana Salabert o Almudena Grandes, quien actualmente ha vuelto al tema de la Guerra, la posguerra y la miseria de unos años cuarenta inolvidables para todos los que los vivieron.
   Llegó luego la narradora del mundo fantástico, la novelista que dio luz a Olvidado rey Gudú, una entrada en la imaginación, en los sueños de una mujer que siempre se sintió niña, herida por la vida, entre otras cosas, por una larga depresión, tras un matrimonio con un hombre que la utilizó y que no la valoró en lo más mínimo, un vividor que dejó una gran herida en la gran sensibilidad de la novelista catalana.
   No hay que olvidar, Paraíso inhabitado, magnífica novela, donde los ojos de una niña, Adriana, perteneciente a una familia acomodada en la Segunda República española, se libera del horror y de la violencia creciente por la utilización de la fantasía, un mensaje que cala en el lector, solo la imaginación podrá librarnos de la burda realidad.
   Su labor de narradora de cuentos llega con El río  (1963), un relato donde podemos sentir la devastadora dureza de la urbanización, ya que nos cuenta cómo una mujer vuelve a Mansilla de la Sierra, para ver el proceso destructor del mundo moderno, que ha cercenado tantos lugares hermosos de nuestro país, clara metáfora de la crueldad del ser humano, que desperdicia sus oportunidades, que no valora al otro, en donde prima el egoísmo y las ideologías, esa frontera tan peligrosa que nos llevó a la Guerra Civil y que queda en la retina de esta mujer herida por la vida.
    Como conclusión, decir que llevaba en el alma una ternura, una forma de ver el mundo, en los ojos de una niña, una persona que, conociendo la crueldad de la vida, se aferraba a la infancia, para no despertar de su mundo de sueños, donde nada podía romper la armonía del mundo.
    Se  encontrará ahora en un lugar idílico, donde pueda conversar con las hadas y las brujas de sus cuentos, donde la vida sea como un bosque, un lugar para permanecer y sorprenderse siempre de las cosas bellas que este tiene.
   Nos deja un gran legado, novelista que combinó, como muy pocas, las dos miradas, la realista, en las novelas citadas y las de la fantasía, donde lo importante era saber mirar la vida. Un legado que fue también el que nos dejaron Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa o Sánchez Ferlosio, una generación, la de los cincuenta, que hizo muy buena literatura, una generación que sufrió y vivió en una España cainita, que debemos, para siempre, superar. La gran novelista ya está en el lugar del rey Gudú, un espacio donde puede soñar hasta la eternidad.,

CLARA SÁNCHEZ, UNA ESCRITORA DE NUESTRO TIEMPO

Clara Sánchez
Clara Sánchez
La escritora nacida en Guadalajara que pasó su infancia en Valencia y acabó estableciéndose en Madrid donde estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense, va componiendo una obra cada vez más sólida, cimentada en el ser humano contemporáneo, en sus angustias existenciales, en una forma de ver el mundo que tiene diferentes perspectivas, como si abriésemos una muñeca rusa que desvela otra, la realidad es extraña, contiene dentro de sí la fantasmagoría de las apariencias, la visión surrealista que todo humano va dejando en su retina.
    Clara Sánchez abre ese universo con Piedras preciosas, en 1989, donde nos sorprende con una prosa estilizada, amena, pero envuelta en la búsqueda de la palabra certera, de allí inicia un sendero que pasa por No es distinta la noche (1990), El palacio varado (1993), Desde el mirador (1996), El misterio de todos los días (1999) a Últimas noticias del paraíso, que recibió el Premio Alfaguara de Novela en el año 2000.
    Considero esta la primera etapa de la escritora, una etapa en la que la narradora va buscando una forma a su estilo narrativo, va abriendo el sendero de personajes que se destapan, donde es importante la capacidad de mirar, la presencia de lo cotidiano, donde el ser humano se encuentra en la incertidumbre de las cosas banales que siempre tienen un reverso, donde las luces también ocultan sombras.
    Por ello, una de mis favoritas en esta etapa es Últimas noticias del paraíso, porque en esta novela la escritora desvela su afán de ver, escrutando el paisaje que la rodea, donde Clara va perfilando la vida de un chico que descubre en su familia, en sus amigos, en la casa, en todos los rincones, la presencia de la vida en todo, porque todo deja huella para la novelista, en este caso, cito unas líneas donde el personaje diserta sobre lo poético del mundo, contrastando la falta de poesía en el ser humano, como si solo el afán de literaturizar la vida pudiese dotarnos de ese enfoque, como una necesidad, como oxígeno necesario para seguir viviendo:
“La luz del sol, la luz del fuego, la luz que se despeña por intrincadas arañas de cristal, corpúsculos invisibles atravesando el espacio, misterioso oleaje luminoso. Es como si nuestra mente fuera poética, pero no nuestra forma de supervivencia. Solo el amor nos eleva, nos salva, a pesar de su gran imperfección. Nuestra capacidad de amar es tan imperfecta como nosotros mismos. No hay pureza en el amor”.
    En esta prosa podemos ver una de las claves de la narrativa de Clara Sánchez, la búsqueda de lo hermoso en las pequeñas cosas, la necesidad de salvarnos de la rutina a través de la mirada, como si fuese nuestra mente la que nos empujase a salvar un mundo mal hecho y transformarlo en un ejercicio de belleza, el amor, como todo sentimiento profundo, nos salva, demuestra que podemos romper la rutina de la vida, su paso inexorable.
   La escritora logra en esta novela que todo funcione, el mundo está ahí, con su técnica, para servirnos, pero también para utilizarnos, el peligro siempre está en el mal uso de lo que nos rodea, como el amor que fracasa al abusar de él, sin duda alguna, nos hallamos ante una narradora que maneja muy bien la descripción, sentimos, al leer el libro, que todo se visualiza, se prende en nosotros, como una llama, se ilumina para que podamos mirarlo con atención:
“Es mediodía cuando salimos. Y me despido en la puerta. Necesita libertad. Las ventanas de los pisos altos lanzan destellos plateados al espacio. El suntuoso coche del Veterinario arranca y desaparece entre otros coches. Máquinas con cerebros en su interior, que contienen millones de neuronas dispuestas a pensar sin limitaciones”
    Todo es un ejercicio de pensamiento, el hombre y su poder, capaz de cambiar la banalidad de las cosas, sin duda alguna, un tema crucial en la obra de Clara Sánchez, la imaginación es un poder, donde podemos salvarnos de la infelicidad de la vida.
   Clara sabe que todo parece complejo, pero es sencillo, así lo manifiesta su personaje, el mundo hilvanado por muchos resortes, pero donde siempre ocurren las mismas cosas, guerras, historias de amor, muertes, nacimientos… Para la escritora y para su personaje, el mundo de sus padres es “imposible”, porque anida en la complejidad que se han impuesto, dice en la novela lo que sigue:
“La sencillez en la vida es la muerte. Sencillez por mucho que se diga es precariedad. La vida de un adulto no puede ser sencilla, es imposible, a no ser que renuncies sistemáticamente a tener todo lo que quieres. Así que tanto mi padre como mi madre en el fondo me conmueven”.

   En realidad, hemos amueblado la vida, dice el personaje, la hemos construido con lazos afectivos, casas, coches, trabajos, para que se nos haga imposible, lo precario es derrocarlo todo y volver a lo esencial, pero ya no hay vuelta atrás, solo el joven conoce el otro lado, porque ve el mundo de los adultos  y él sobrevuela en los deseos que no sabe si un día serán realidad. El espejo de sus padres lo conmueve, pero no sabemos si quiere ser como ellos, son una lección que debe aprender para elegir el camino verdadero.
   En la amenidad de la novela, Clara hace preguntas de peso, desde el protagonista adolescente, Fran, vemos un mundo interior que se abre camino, en el desasosiego de su vida, donde necesita materializarlo todo para sentirlo real, comienza un día a leer la Biblia, también empieza a ir al cine, a la Filmoteca, comienza un progreso desde la cultura que la escritora lanza como un mensaje evidente hacia el camino autodidacta, verdadera iluminación para huir y enfrentarse a la realidad, al mismo tiempo.
    La huida de la realidad es necesaria para el chico, pero también, tras esa fuga, el encuentro con lo real, como maduración, tras el proceso de autoaprendizaje que Clara nos cuenta en el libro y que hace de esta novela una de las mejores de esta etapa, en mi opinión.
   También sobrevuela un tema que ya va a ser una constante en la obra de Clara Sánchez, el mundo del consumo, de la tecnología, como soma de la felicidad, donde los hombres y mujeres de este tiempo hemos entrado sin pausa y en peligrosa continuidad, pero donde los jóvenes, sin haber madurado todavía, se enganchan de forma irreversible, en un mundo visual que Clara no rechaza, pero pone en tela de juicio, por ser pernicioso, por ello, el protagonista elige la escuela de la lectura y el cine, donde puede crecer con la imaginación, lo que, sin lugar a dudas, nos veta la técnica, ya que las imágenes apenas nos dejan ver más allá de lo que tenemos frente a nosotros. El peligroso recorrido de los jóvenes está detrás de esta novela, profunda y donde Clara expone sus principios como ser humano.
    La otra etapa surge con libros como Un millón de luces (2004) y Presentimientos (2008), dos novelas luminosas donde el tema sigue siendo el ser humano, atrapado en el mundo de las oficinas en Un millón de luces, un ser humano deshumanizado por la realidad que le dicta el día a día, también un ser humano que se abre al interior, que destapa la luz de la verdad en las emociones como en la muy notable Presentimientos.
     Pero llega una novela que alumbra todo lo que he dicho hasta ahora, los mundos interiores, una novela que destapa la vida de seres a la deriva, en una narrativa amena, pero con verdaderos alardes de estilo sobresaliente, me refiero a Lo que esconde tu nombre, que fue Premio Nadal 2010.
    En ella, la narradora nos habla de la doble vida de dos seres, con protagonismo directo en el genocidio nazi, pero también de su perseguidor, Julián, y de una chica, Sandra, que entrará dentro de los engranajes emocionales de Julián, donde contempla que el horror, el más temible, nada en lo cotidiano.
    El libro contiene páginas magníficas donde nos desvela el mundo interior, pero, para no dejar al lector con la sensación de descubrirlo todo, cito estas que a mí me gustan especialmente, pese a la dureza que contienen:
“Salva y yo vimos mucho en Mautahausen. Vimos esqueletos andantes, y montones de cuerpos desnudos pisando nieve, una extraña clase de ganado de color ceniza. Nuestros cuerpos se convirtieron en nuestra vergüenza. Los dolores de estómago por el hambre, las enfermedades, la falta de intimidad. Todo iba al cuerpo”.
    Para la narradora, la barbarie sí existe, está allí, en los lugares donde vive el recuerdo de Julián, también en las miradas sosegadas de los dos ancianos, en la España soleada donde han ido a descansar, pero también en los actos cotidianos que no delataban en nada la barbarie que llevan dentro. Por ello, la novela mira al interior de los personajes, progresa en las diferentes perspectivas, dando al lector una forma de mirar con atención, como un entomólogo ante un insecto, como si dentro de nosotros, pudiese existir el bien y el mal al mismo tiempo.
   La importancia del tiempo, el bueno y el malo, están presentes en la novela, porque ya nadie puede volver atrás, para que el dolor se atenúe, de alguna manera.
    Dos modos de ver la vida, el de la experiencia y el de la joven que va a ser madre, Sandra, dos asideros de un mundo interior que Clara ha sabido captar, laten en ella y en nosotros para siempre:
“Me miró con los ojos a punto de reventar de lágrimas. Estaba soportando una carga emocional más fuerte de lo que creía. Lo sabía yo mejor que ella. Ella no podía ver desde fuera el laberinto en el que estaba metida, por eso cuando se llega a mi edad y podemos verlo desde arriba desearíamos volver atrás  y recorrer el camino sin agobios ni angustias”.
  La novela crea a personajes que saben que su destino está echado, pero que siguen emocionándose, porque el mundo de Clara no se entiende sin la emoción, como en Últimas noticias del paraíso, donde el personaje sabe que ser adulto es casi imposible, nunca sencillo, pero atisba que siempre queda el amor, un tema esencial en la obra de Clara, el amor que nos salva, como la cultura, que nos aleja de los espacios herméticos en el que viven muchos jóvenes de hoy.
   Su última novela vuelve al tema del dolor, Entra en mi vida (2012), porque solo en las entrañas del sufrimiento anida lo mejor y lo peor del ser humano. Su lectura impone un espacio de atención, porque sus personajes silencian el dolor (con el trasfondo del maltrato), pero, en su fuero interior, lo denuncian, como si con ello exorcizasen la vida.
   Clara logra en sus novelas acercarse a personajes de vidas oscuras, con luces y sombras, como confirma esta nueva novela, que le he dado el Premio Planeta, con un argumento que no quiero desvelar, para que los lectores se adentren en los misterios de la narrativa de la escritora de Guadalajara.

MUJERES EN LA LITERATURA

    La mujer sigue siendo esencial no solo como una persona que siempre ha tenido psicología y profundidad emocional, sino por ese mundo de las letras donde brillan algunas de las mujeres que he citado, entre otras muchas, pensadoras que siguen iluminando nuestro tiempo.

domingo, 11 de junio de 2017

Beirut, mon amour (récit de la historia de un fracaso)

      … Beirut, mon amour (récit de la historia de un fracaso)

Mario Wong

Obra del artista libanés Yazan Halwani


… Flitcraft se dio cuenta que el mundo no es, como él creía, un lugar razonable y ordenado, que él se había equivocado desde el comienzo y que nunca ha comprendido nada. El mundo se rige por el azar. Los sucesos fortuitos nos acechan cada día de nuestras vidas, y esas vidas nos pueden ser quitadas en cualquier momento –sin la menor razón (*).
P. Auster

Iré al límite del abismo sin límites.
E. Vila-Matas

Au mais grande malandro do monde, el
« escritor negro », Goran Tocilovac
& también, a mi « primo » (en la ironía), E. V.-Ms.


 Fragmentos de Beirut, mon amour

(1)
Esta historia comienza en el Líbano, en Beirut, porque no puede empezar en otro sitio; es una inmersión en el caos, actual, del mundo (en lo que un artista, escultor « postmoderne», llama ¾y es el título de su exposición más reciente¾ « La Reversión del mundo », el mundo en sentido invertido). No sé qué más decir,… (y es que…, sin embargo, recién estoy en el comienzo del relato sobre la historia de un fracaso, de un fracaso escritural; de mi fracaso, mi naufragio, en el intento de escribir la novela Beirut, mon amour, y… ; y del fracaso de un…), pero esta historia empieza allí; en ese pequeño « país de los cedros », en su capital, en los años… (la novela empezaba alli; …, trato de acordar mi cordado, para… ; sí, el azar…); y, ¿empieza este relato, realmente, en Beirut? Merde !, todas esas gentes que, siempre, hablan, y hablan, bla, bla, bla, bla!, de… Voy a sumergirme completamente en el Beirut de ese tiempo que es nuestro tiempo, nuestro presente y… El mundo es criminal, la vida es criminal y yo me digo, me pregunto (« Vale verga!, qué…, quée, tú, te preguntas, quée…, qué de qué…», me diría « Cavahuil », mi amigo guatemalteco) si…,  si…, ¿siempre lo ha sido?

(2)
« …En ese tiempo el Líbano se hallaba en guerra (otra guerra más en el mundo, que anunciaba la venida inminente del « fin de los tiempos », la, verdadera, « guerra del fin del… », y …). Y, ¿no sé cuándo mis sueños comenzaron a pudrirse? « Los pájaros del Este » llegaron a picotear mi casa, y…

« Me llamo Rosemonde Simon Vila-Martínez, soy colombiana, y conocí a Jorge S. Abyad Hammoud (un libanés, quien sería mi marido, poco años después de la revuelta parisina de mayo del 68); tenía, yo, 19 años y me enamoré locamente de él. Se trató de un encuentro casual; y aquí puedo decir que la fatalidad, cuyo carácter puede ser irrisorio las más de las…

(3)
Esta mujer, Rosamonde, que caminaba de prisa, con todo el peso de su tragedia, por las calles desiertas de París, en las noches (me la encontré en una de ellas y…), con las hojas dispersas de un manuscrito (en que intentaba contar su historia toda, que.., ella, no… ; la historia de un…), acaso tenía una cita con la muerte (todos, de alguna manera la tenemos, tarde o temprano; me viene a la memoria Borges dando, en una universidad norteamericana, en Austin, una conferencia…);  sólo ella parecía tener la respuesta. Me pregunto, ahora, qué es lo que ella realmente sabía… 

(4)
 « …podía, podíamos ser felices. Acababa de tener mi primer bebe, ¾Junior H. W., « Petit- chin », « Malpita » (después vendría Lluvia Camille)¾, y la vida nos sonreía; vivíamos en el bucólico pueblito de Sylvia Cauca, en  Cali, Colombia, y el sol, cada mañana, nos hacía sentir la promesa del día que empezaba. Cali es la ciudad del sol y de las flores y de las « fermosas caleñas que son… »; hay una canción de « Peter Pimienta » Diaz (músico asesinado para no pagarle una deuda ¾¡qué malparidez!¾, ¿no era a la inversa que sucedía?): «Cali, tierra de hermosas mujeres/ Las caleñas son como las flores/ y nunca entregan sus amores sino son… » ; que es ¾allá en Cali, y la región del Cauca, el caudaloso río del mismo nombre¾ como una suerte de himno de todos los…

« Unidos en el amor, con nuestros dos hijos, habíamos decidido no separarnos jamás (« nunca digas, ¡Nunca, jamás! », es una expresión de la calle, en las ciudades de América Latina). Pero, existen y siempre aparecen esos « espíritus burlones », que hacen que se imponga el destino, que irrumpa la fatalidad; como si se tratase de algo que aparece, como una amenaza, que es… (Como algo que fuese a ocurrir o, mejor dicho, de una desgracia que, quizás « ya ocurrió »; y la fatalidad irrumpe, de pronto, y…), «  Recuerdo que no me acuerdo de nada y ese es el recuerdo más grande que… »
« ¿Por qué no logro contar lo que ocurrió? Volver al pasado y…

«… y yo lo amaba y eramos felices…, y los días transcurrían…, pero la muerte ya rondaba en torno de nuestras vidas y…  Fue una mañana soleada del mes de septiembre, 11:30 am, allá en Cali ; mi hermano mayor Roberto W. Simon Vila-Martínez abría la puerta de su casa, encaminándose al auto, parqueado junto a la acera, para ir a su estudio de abogado, ubicado en una de las calles céntricas de la ciudad; lo habían amenazado, ya varias veces (lo llamaban, insistentemente, por teléfono), pero él no se amilanaba; le seguían los pasos (le dije que saliese del país; y él, que « No, si yo empiezo por irme, que va a pasar con… »). En la calle quedó el « mancito », muy grave; su cuerpo tirado ¾con siete balas, dos en la cabeza¾, en un baño de sangre que corría hacia unos de los extremos de la vereda (y los asesinos, guardando sus armas, se dieron a la fuga en moto); un helicóptero lo trasladó de urgencia a un hospital. A los pocos meses salí de Cali ¾con Jorge Stevens, mi marido, y mis dos hijos, aún pequeños¾, no he vuelto a Colombia, desde esa fecha aciaga y… Hasta el día de hoy todo esto permanecía dentro de mí, evitaba hablar de ello; no quería recordar y, ahora, no sé por qué cuento estas cosas que…, por qué vuelven a…, y se repiten… ; a mi mente afluyen así las imágenes, una tras otra y…, (también, una suerte de melancolía  me embarga; de poder estar, otra vez allá, en mi Sylvia Cauca querida);  pero, yo sé que no puedo seguir callando, viviendo más así y que…, es necesario que… » (Páginas del manuscrito de Beirut, mon amour)
Yazan Halwani

(5)
Quería escribir Beirut, mon amour; mi primera novela, sabía que era obligatorio que yo la escribiese, pero me parecía casi imposible. Sobre todo, los pasajes a los que dedicaba tanto tiempo y esfuerzo, y en los que debía condensarse, destilarse, de alguna manera, toda la materia de la novela (venía, yo, de la poesía, y me atormentaba por esas oleadas líricas que, aún, invadían mi prosa. Tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos para entrar en el ritmo, en la respiración de la prosa; lo que me exigía, en los inicios, escribir largos relatos, como si me entrenase para carreras de largo aliento. Tuve que hacer a un lado toda esa facilidad lírica, característica de mis años jóvenes en que participé en revistas de literatura, que eran fundamentalmente revistas de poesía).  Abordar esta novela me lo exigía (hubiese  sido mejor que toda esa facilidad lírica juvenil hubiese ya desaparecido por completo); como Hemingway ¾en París era una fiesta¾ podría haber escrito, « poseía, aún, la facilidad lírica de la edad temprana, aussi périssable e inconsistente como la juventud misma. Yo sabía que era lo mejor, sin duda, haberla perdido ya, pero yo sabía que debía escribir la novela… » (Folio, Ob. Cit., p. 118). Pero, no, Beirut, mon amour, lo pensaba, me exigía beber en las fuentes de la poesía más auténtica. No se trataba, indiscutiblente, de recurrir a la « prosa poética », sino … Me decía que era lo mejor ¾para mí y la novela que intentaba escribir (en capítulos posteriores, del manuscrito de esta novela, aparecían algunos textos, « recuperables », del escribidor que era yo, y del escritor en que quería… ; con toda esta problemática del crimen, el arte y la literatura, de l’autre, du double, de la copia que…, y del fracaso, de mi fracaso con la historia que…; y, de toda la impostura que…)¾, que en eso no había ni vuelta que darle, y que no debía retroceder. Escribía en el límite de…, al borde del abismo y…

(6)
Las conexiones poéticas « forman parte esencial de la configuración de El mar de Sirtes » (la novela que fuese premiada con el Goncourt en 1951, premio que Julien Gracq rechazó); estas van desde el lenguaje nervalíano de la locura, pasando por el furor virgen  e iluminatorio de Rimbaud, hasta la modernidad del alma errante de Nadja, de Breton. Esta novela inconfundible moderna de Gracq nos da ¾según  Enrique Vila-Matas¾ « una visión escalofriante del terrorífico y estéril, tembloroso porvenir que a Occidente le espera… ahí está otro de los aspectos que hacen tan actual este libro. Percibe el futuro. Debido a esto, la misma novela es una sorprendente aproximación a lo que nos está sucediendo ahora, es la narración de una espera y el anuncio de una renovación que nunca llega, una historia de iniciación, y naturalmente la oscilación entre el secreto y una posible revelación, que, a través casi siempre con la muerte, resulta ser al final la revelación del relato en sí, la triunfal afirmación de la literatura sobre el mundo… » (E. Vila-Matas, Perder teorías, p. 40-42)

(7)
La « teoría del iceberg », de Hemingway, me es muy útil (en esta etapa incierta de caos de la mundialización, de lo incierto ¾en esta era de invasión de la « realidad virtual »¾, de la « guerra del fin de los tiempos, del fin del… »; de nuestro mundo) para « dar cuenta » de lo que sucede; recurro a ella en la aplicación de lo que denomino la « poética de la fragmentación »;  ambas permiten que el lector encuentre, ¿encuentre ?, un cierto sentido en la historia o historias que se entrecruzan en esta novela. En París era una fiesta, Hemingway, a propósito de una nouvelle (Hors de saison), sostiene que, él, « voluntariamente había omitido contar el fin, esto es que el viejo se colgaba. Esta omisión se debía a mi nueva teoría, según la cual se podía omitir no importa qué parte de una historia, a condición de que se trate de algo deliberado, pues la omisión daba más fuerza al relato y así el lector sentía más, todavía, que él no comprendía …(*[1]) ». Para Hemingway, según esta « teoría del iceberg », la mayor parte de una historia (o de las historias, « fragmentadas », que se cuentan; de los relatos que se entrecruzan) debe ¾como si de un iceberg se tratase¾, permanecer oculta; eso acentúa la eficacia narrativa, intensificando la intriga, lo que hace que el lector tenga que jugar un rol activo, leyendo entre líneas (entre fragmentos de la historia, de las historias) para intentar saber qué ocurrió, lograr armar el puzzle (sabiendo que faltaría, siempre, una pieza o varias).

Por otro lado, pienso que la estética (y la estrategia) o « poética de la fragmentación » narrativa es, en Beirut, mon amour, la clave para dar cuenta d’événements traumatiques ligados al terror, a la guerra (a situaciones extremas, límites) y…, para simplemente poder ver las cosas que no se quieren ver; hacer que emerga una suerte de poétique de la mémoire[2] , en el acto mismo de escribir…
 
Yazan Halwani_Alí Abdalah

 (8)
« …En ese tiempo el Líbano se hallaba en guerra; otra guerra más en el mundo, que anunciaba la venida inminente del fin de los tiempos, de nuestro mundo y... Y, no sé cuándo mis sueños comenzaron a pudrirse; los pájaros del este llegaron a picotear mi casa. Me llamo Rosemonde Simon Vila-Martínez, soy colombiana, y conocí a Jorge S. Abyad Hammoud, un libanés, mi marido, pocos años después de la revuelta parisina de mayo del 68; tenía 19 años y me enamoré locamente de él. Se trató de un encuentro casual, y aquí puedo decir que la fatalidad, cuyo carácter puede ser irrisorio las más de las veces, suele ensañarse sobre los seres humanos. El « Destino » puede aparecerse como un cazador paciente y la palabra azar tener un carácter equívoco o inexacto: «Ciertas casualidades ¾escribe Pérez-Reverte¾ están escritas de antemano, como francotiradores agazapados con un ojo en el visor y un dedo en el gatillo, esperando el momento idóneo… ». Como si se tratase de… « Uno de esos tantos falsos azares, planeados por ese Destino retorcido, irónico, aficionado a las piruetas. O algo así. Una especie de dios caprichoso y despiadado, más bromista que otra cosa. » [3] Y fue así, creo, como conocí a Jorge Stevens, ¡qué casualidad! , sin saber que… »





[1] (*) Sigue este parágrafo: « Bien. Pensais je. Maintenant j’écris de telle sorte que personne ne me comprend même plus. Aucun doute là-dessus. Personne n’a besoin de ce genre de littérature. Mais on finira par me comprendre, de même qu’on a toujours fini pour comprendre les peintres. Il n’y faut que du temps, et cela exige seulement de la confiance. » (Ob. Cit., p. 117).

[2]  Las páginas que siguen (en gran parte, fragmentos del manuscrito de Beirut, mon amour), sin embargo, ponen en evidencia la imposibilidad de lograr totalizar la experiencia traumática del terror. La crítica Patricia Espinoza escribe : … « Llegar al fragmento es llegar al desastre, como territorio de lo que nunca podrá ser totalizado ». ( P. Espinoza (Cop.), Estudios críticos sobre la obra de Roberto Bolaño, Santiago, Frasis, 2003 ; « Estudio preliminar », p. 28. Leer también el ensayo de Stéphanie Decante-Arraya, « Mémoire et mélancolie dans Nocturno de Chile » ; in : Karim Benmiloud et Raphäel Estève, Les Astres Noirs de Roberto Bolaño ; Actes de Colloque des 9 et10 Nov. 2006 à l’Univ. Michel de Montaigne-Bordeaux 3, Press. Universitaire de Bordeaux, 2007, pp. 24-29; nota a pie de página del autor).
[3] Arturo, Pérez-Reverte, El francotirador paciente, Madrid, Alfaguara, 2013, p. 15.




(*) Paul Auster, La nuit de l’oracle ; traducc. mía;  ver nota a pie de página del fragmento (100) -Cap. X de la novela Beirut mon amour-, incluido en este relato.