domingo, 10 de enero de 2021

Estanterías vacías de Ricardo Bellveser

 LA VIDA ES UNA PÁGINA DE UN LIBRO

POR PEDRO GARCÍA CUETO


Llega gracias a la editorial Olé Libros. que está haciendo una gran labor de difusión de grandes poetas, el último libro de poemas de Ricardo Bellveser, uno de los grandes poetas valencianos contemporáneos que ha cultivado no solo la poesía sino también la novela y el ensayo, además de haber sido periodista muchos años. Fue también director de la Institución Alfonso el Magnánimo donde se creó un espacio cultural muy brillante en la capital del Turia. Bellveser escribe ahora Estanterías vacías, un libro que surge de la donación de muchos de sus libros, de una gran parte de su biblioteca, como si algo esencial en su vida fuera despojado para siempre.

El prólogo de José Antonio Olmedo es certero, lúcido, ahonda en la idea del tiempo que vertebra la poesía de Bellveser. Como dice en una de las páginas del prólogo: “Ser leído es volver a vivir en otro cuerpo”. Cierto, porque la lectura es un acto litúrgico, de acercamiento al ser que escribe, de un contacto tácito con las manos que han hecho posible el poema. La gran corriente afectiva pero también intelectual entre Olmedo y Bellveser se palpa en el prólogo, podemos sentir cómo dos mentes lúcidas aproximan sus oídos a un diálogo de enorme lucidez. No en vano, Olmedo es el artífice de un ensayo sobre la obra del poeta valenciano que está a punto de editar Olé libros de la mano de otro amanuense, Toni Alcolea.

Con estos mimbres, el tejido del libro solo puede deparar sorpresas, certidumbres, claridades. Al entrar en el mismo nos encontramos con el primer poema que nos deslumbra titulado “Las estanterías vacías”:

“Mi biblioteca viva. / tenía su voz y sus truenos, ahora / el silencio se ha ido adueñando / de los estantes, y apenas percibo / su jadeo, como el de quien retrepa / el empinado barranco de la melancolía”.

Esa biblioteca que se vuelve corpórea, como un ser vivo, donde los tomos son como seres que han ido acariciando la mano del poeta, que han iluminado sus ojos, ahora se convierte en un vacío, tan cruel como la muerte de un ser querido, donde oímos su voz como un eco que ya es solo eso sin una presencia que la adorne de luz. La decisión de la donación se torna en dolorosa, porque viene también en un momento difícil de la vida del poeta donde se plantea la existencia, cuál es el lugar que ocupamos en el mundo.

Como el que ama sin saber que lo que le pertenece es efímero, Bellveser se siente dolido porque ahora sí comprende que los libros que a veces estaban allí indiferentes lo eran todo para él:

“¡Ay literatura!, ay libros / perdóname porque no te haya / dignificado lo que te mereces”.

La vida se convierte entonces en un espacio vacío sin libros, solo queda recordarlos, memorizarlos, como mostraba Bradbury en su famosa novela que llevó al cine Truffaut, libros que siguen con nosotros, que nos acarician como fantasmas. Para el poeta valenciano, literatura y vida son un solo paso, una convergencia que culmina en el poema “Vivir en los libros leídos y no”:

Estanterías vacías

“Vivir y leer, una misma cosa, leer es vivir / por medio de otros, de prestado tal vez, / vivir en lo ajeno, cuando esas líneas / entran en nosotros y en nosotros se quedan.”


La literatura se convierte en vida y vivimos más lo que leemos que lo que nos rodea, se nos aparece la Maga de Cortázar o el Quijote de Cervantes, la realidad se torna un espejismo y la lectura todo.

El poeta enviuda de su propia vida, como dice en el excelente poema titulado “La vida según Borges”, pero luego llega en otra parte del libro el sentido del tiempo, la sensación de haber vivido y no saber si ha sido el camino correcto, si ha servido para algo en realidad. En el poema “Libros y virus”, dice el poeta:

“Ahora lo voy entendiendo: / he vivido, si no mucho, sí lo bastante, / pero apenas he aprendido nada”.

   Ante la inminencia de la vejez y de la enfermedad, Bellveser se confiesa confuso, envuelto en las briznas de un tiempo que se borra, que apenas se vislumbra, el pasado se pierde en la neblina. Por ello, en los poemas “La enfermedad” y “En los quirófanos” late el hombre cuya conciencia sigue intacta, su lucidez a flor de piel, pero el cuerpo se convierte ya en un extraño, porque traiciona el deseo de seguir, impone el dolor como aventura vital. Dice “En los quirófanos”:

“Al regresar del sueño / he comprobado que mi carne / tiene prisa por reunirse con la muerte”.

   Bellveser sabe que todo es derrota al final y en el momento en que nos vemos desnudos ante la adversidad nos vemos consolados por el recuerdo, por los afectos y por esos libros que ya no ocupan espacio en su estantería, pero que le persiguen ya sin rencor alguno.

   Impresiona también por la gran honestidad de este libro que nace de un momento vital duro el poema “La soledad total” donde la certeza de Darío en “Lo fatal” cumple su rito, estamos abandonados a esa soledad definitiva del nicho donde la vida solo sea un espacio concluido, finalizado, del que ya apenas quedará nada:

“La soledad total es la soledad del nicho, / preludiada por el sonido de la caja / al entrar en la última atmósfera sin aire, / es la soledad de un libro no leído…”

  Sin duda, el ser se va definitivamente y deja en los otros un eco que con el tiempo se hace más distante, pero que al igual que un libro no leído pasa a formar parte del olvido. En la senda de Cernuda y de su magnífico “Donde habite el olvido”, Bellveser se pregunta qué es la vida, qué sentido tiene todo lo que ha pasado y lo que queda por pasar. 

   El libro lleva un aliento pesimista pero lúcido, hondo, que deja un hueco para el optimismo y ese es el recuerdo como deja caer en el poema “…Y llegará la lluvia”:

“Nunca hemos sido tan libres / como cuando nuestros cuerpos / estaban nuevos, sin amenazas / ni espejos que recitaran sus verdades”.

   Ese tiempo ido, quizá el de la niñez o el de una juventud libre y sin miedos le llega, ahora es eco cuando pasea y ve a una pareja que se mira a los ojos. Quedan briznas entonces de un esplendor que él también vivió.

   Y concluyo, pese a que hay muchos poemas que merecen ser comentados (el que dedica al reloj es también estremecedor), con un homenaje a la poesía, porque es ella la que queda, la que permanece junto al poeta en esa soledad del tiempo y del dolor. Así concluye esta declaración de amor que hace de este libro el más verdadero de todos, porque  la hondura de los poemas viene transida de emoción y de verdad:

“Todo se lo debo a ella. / de la vida a la toma / de altas torres de arrogancia. / el haberme permitido / que le hiciera el amor. / como a una muchacha / a la que le vibraran los pechos / al caminar de la carne”.

   Es la poesía entonces el último refugio, el que nunca abandona, el espacio donde uno puede abrazarse hasta el final, cuando ya no seamos más que una memoria sepultada entre ortigas, como diría el maestro Cernuda. 

   El libro es un paisaje emocional que nos rompe por dentro porque expresa la certidumbre de un hombre que ya conoce su destino y que se aferra a la vida, a esos libros que no están pero que permanecerán para siempre, incluso los no leídos, esperando la caricia del poeta, como si fueran una luz en la oscuridad que al final lo resume todo. Ricardo Bellveser hace de Estanterías vacías el mejor canto a la vida, a su efímero pasar y a ese mundo que le ha dado todo, pese a que las páginas no leídas sean también las que no se han recorrido. Un gran libro de un gran poeta.


TÍTULO:  ESTANTERÍAS VACÍAS

AUTOR: RICARDO BELLVESER

EDITORIAL:  OLÉ LIBROS

AÑO: 2020.

lunes, 26 de octubre de 2020

Al filo del reglamento II. Poesía de Pedro Granados

 

Portada Al filo del reglamento II.
Pedro Granados

AL FILO DEL REGLAMENTO II. Poesía

Pedro Granados

Granada, España: Mirada Malva Editorial, 2020

Colección Mirada Poesía digital n. 11

I.S.B.N. 978-84-120205-5-7

Este libro está formado por tres poemarios publicados anteriormente, junto a un grupo de textos inéditos. 

ACTIVADO    (Cusco/Barcelona: Auqui, 2014)      

ROXOSOL   (Cuernavaca, México: La cartonera, 2018)

LA MIRADA   (Buenos Aires: Buenos Aires Poetry, 2020)

"Granados demuestra una vez más que es un artista con calle poética, cuya voz se resiste a categorizaciones simplistas y cuyo oficio gana vigencia con el paso del tiempo. El reconocido poeta y académico limeño revela entonces el lugar que la poesía, como epistemología y concepción del mundo, ocupa en la vida diaria. Así, al reconciliar los caóticos mundos interno y externo a través de un intelecto cruelmente tierno y sensual, Pedro Granados se erige como un referente en la poesía contemporánea: ‘una nave / hacia la noche / hacia el día / hacia el horizonte’." Carlos Llaza

jueves, 15 de octubre de 2020

Galdós, a propósito de “Miquiño mío”. Cartas de Emilia Pardo Bazán

                          Galdós, a propósito de “Miquiño mío”. Cartas de Emilia Pardo Bazán

 

Por Sylvia Miranda

Escritora peruana

 

Este año 2020 que se va cerrando, y que muchos desearíamos que no hubiera comenzado, aludiendo al Covid-19, se conmemora también el centenario del fallecimiento del escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). El escritor más destacado de la novela realista española del siglo XIX. Para mí, su nombre estuvo siempre asociado a su novela Fortunata y Jacinta (1887), que pude leer de adolescente en Lima a principios de los años ochenta, en una edición popular. El recuerdo de esta novela, se me revela triste, las imágenes de una ciudad donde campaba la miseria y la desigualdad social, y unos personajes femeninos, en varios sentidos frágiles, llevados a situaciones extremas e injustas. 

Es cierto, ahora que se habla tanto de la identificación de Galdós con Madrid, que él supo expresar una imagen profunda de la ciudad, de un pueblo más allá de las fronteras señoriales de la ciudad burguesa. Pero, el Madrid de Galdós, un siglo y medio después, ha quedado necesariamente reducido al centro histórico, lo que hoy llamaríamos el Madrid turístico. Como parte de la conmemoración del centenario, se ha publicado un itinerario del escritor por la ciudad con el que podemos pasear por los lugares que fueron importantes en su vida.

Sería una forma grata de pasear por Madrid con los amigos, como se ha paseado siempre en Madrid, bajo un sol luminoso y resueltamente, si no estuviéramos de nuevo en estado de alarma; aunque es cierto, se podría pasear en petit comité, enmascarados al estilo Zorro, pero con la mascarilla sobre los labios y recatadamente; lo que no fallará es el sol. El sol de Madrid que es la bendición de Madrid. Podríamos pasar por la Pensión de la calle de Las Fuentes, 3 donde vivió el escritor cuando llegó a la capital, o ir a la calle San Bernardo, 49 en la que se encontraba la Universidad Central y donde se matriculó en derecho, o poner pie en la calle Marqués Viudo de Pontejos, 1 donde vivía la dulce Jacinta Santa Cruz o, mejor aún, ir a la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas (hermoso nombre), Plaza del Dos de mayo, 11, esquina con la calle Palma, donde Galdós se citaba clandestinamente con la famosa escritora gallega Emilia Pardo Bazán (1851-1921).

Pero, a falta de la algarabía y la holganza callejera, quería proponer otra forma de acercarse a la figura de Galdós, una manera más íntima y muy ligada a Madrid también, a través de este espléndido libro que han editado y reeditado por tercera vez, y que se ha vuelto a agotar, que es “Miquiño mío” Cartas a Galdós. En él se reúnen todas las cartas conocidas que la Condesa Emilia Pardo Bazán le escribió a Benito Pérez Galdós durante los largos años de su relación afectiva. 

Esta edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández tiene el gran mérito, así comprendido por los lectores, de contar con un prólogo interesante y cercano, que aporta profundidad a la figura de ambos escritores, haciendo más accesible y más clara la correspondencia. Asimismo, nos acerca a un proceso minucioso en el que la investigación y sus azares se entrelazan para depararles a los editores una intensa experiencia de vida, al adentrarse en los entresijos de una relación de admiración, amor y fidelidad que descubren estas cartas.

Como ellos mismos comentan “en los objetos no permanece de su dueño más que lo que nuestra imaginación quiera añadir. La costumbre de conocer la casa de los escritores tiene que ver más con el visitante que con la indagación sobre la vida de los autores”(pp. 10-11). Me parece muy acertado, y esto se puede aplicar también a los investigadores, que con su mirada, con su apreciación personal, son capaces de otorgar una nueva visión del asunto, alumbrar una perspectiva singular. Creo que Parreño y Hernández se enamoraron de la figura de esta mujer excepcional para su época y llegaron a trasmitirnos, a través del comentario fino y de la organización tripartitade la correspondencia, una visión renovada de aquella relación que unió a Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós.

Hubiera sido maravilloso que las cartas de Galdós a Doña Emilia se hubieran conservado y publicado, quizás fueron destruidas como simples papeles viejos, eso nos hubiera dado la visión precisa de esta relación que se inició epistolarmente en 1883 con una carta de agradecimiento de Galdós a Doña Emilia y finaliza en 1915, con una misiva de Doña Emilia al escritor. Son 93 cartas, de las cuales sólo una, la que abre la correspondencia de este libro, es del escritor canario. Sin embargo, y eso es lo sorprendente, el epistolario basta para darnos no sólo una idea muy clara de las grandes cualidades humanas e intelectuales de Doña Emilia sino que también, a través de ella, de su intimidad con Galdós, nos permiten esbozar la figura del escritor, percibirlo a través de preocupaciones compartidas, anhelos, cambios y constancias. En las cartas de Doña Emilia, reverbera la voz de lo que no llegó a nuestros ojos; de la confianza y la intimidad de su relación emerge parte del ser humano que fue Galdós.

Surge también, como ruido de fondo, como anécdota, como detalle de circunstancia,  ese mundo decimonónico, de una España y de un Madrid, en particular, que se van abriendo a la modernidad a través de la literatura y de los criterios que sustentan la novela realista, de la intensa actividad periodística, del teatro y de las primeras luchas por la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres de la que fue pionera Doña Emilia; refleja también las mezquindades del mundillo intelectual y literario, y el ansia de descubrir Europa más allá de los Pirineos, dejándonos entrever ese siglo XIX de los libros de viajes, de los barcos, de los trenes, de las crónicas.

Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós
Pero, quizás, lo que más emociona está en que el libro nos revela, con donaire, la cultura y la modernidad del pensamiento de Doña Emilia, su fuerza vital, su personalidad arrolladora, su ternura, sus decepciones y tristezas; su gran amor por Don Benito nos permite percibirla hondamente como artista y admirarla más si cabe. La lealtad al amor y a la amistad, la entereza en reconocer sus errores, pero la firmeza y la ironía para defenderse frente a la doble moral masculina, perfilan bien sus convicciones y su temperamento.

Lo imposible y lo temible era que no nos viésemos, que suprimiésemos la comunicación, cuando nuestras almas se necesitan y se completan, y cuando nadie puede sustituir en este punto a tu Porcia. No deseo ciertamente que me hagas una infidelidad, no; pero aun concibo menos que te eches una amiga espiritual, a quien le cuentes tus argumentos de novelas. A bien que esto es imposible; ¿verdad, mi alma, que es imposible? (p. 116).

Por su parte, Don Benito, la acompasa con su carácter, que se percibe mesurado, reservado en muchos casos, pero en el que se presiente siempre su apoyo, respaldándola por ejemplo en lo que llaman “la cuestión académica”, o compartiendo criterios sobre la importancia de la masa popular como “cantera donde se reservan las energías nacionales” (p. 72) o comprometiéndola en proyectos, como aquel viaje furtivo que emprendieron juntos a Alemania y que ella recuerda de esta manera:

Hemos realizado un sueño, miquiño adorado: un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible.- Le hemos hecho la mamola al mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés que las prohíbe también, con igual éxito; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices, porque están en el Empíreo con cara de bobos tocando el violín… Felices, nosotros. (p. 151).

También está la propuesta de Doña Emilia, llena de entusiasmo, para llevar Realidad al teatro. Cartas llenas de picardías, de alardes verbales, de sobrenombres amorosos, de preocupaciones por la salud, salpicadas también de situaciones más coyunturales, como la ayuda que le pide Doña Emilia y que parece brindarle Galdós para encontrar una casa en la que ella pueda instalarse cómodamente en Madrid. Lo bello de una correspondencia es que trasmite la vida en su plenitud, llena de energía y de locura, así, para el lector, todo vuelve a suceder como en un presente que ha quedado encerrado en unas páginas.

El libro está dividido en tres partes, que muestran el proceso de esta relación que duró cerca de 32 años, si nos ceñimos a las cartas pero que, en realidad, duró hasta la muerte de Galdós en 1920. Va desde los inicios de la amistad, pasando por la de la época del amor declarado y las citas disimuladas en “Palma street, junto a la Iglesia de Maravillas”, al que le seguirá el de la ruptura, la reconciliación y la última, la del distanciamiento de Don Benito y la fidelidad a la amistad de Doña Emilia que comienza a expresarse en estas líneas de diciembre de 1893:

Y V., ¿no experimenta también deseo de abrir su alma de artista, a alguien que no le envidie y que le entienda y le mire como cosa propia? Es posible que no; yo no me creo indispensable; nuestro carácter es distinto; V. se basta, por ser naturalmente reservado y porque gustó de la soledad antes que se la hiciesen grata las mil decepciones de este pícaro métier. Sea como sea: yo… le quiero mucho (no al métier sino a V.)”. (p. 205)

Este libro es, a su modo, también un homenaje a la figura de Galdós y una forma de celebrarlo en la intimidad de la lectura, que de nuevo se nos presenta como el acto que pese a todos los pesares nos hace libres, nos cuelga alas, nos lanza al vuelo.

Madrid, octubre de 2020

 

*Emilia Pardo Bazán, “Miquiño mío”. Cartas a Galdós, edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, Madrid, Turner Noema, tercera edición, 2020, pp. 231.

 

 

martes, 23 de junio de 2020

Arcane 17


Arcane 17

Por Mario Wong
Escritor peruano

Ito Gho
…estaba en bicícleta, por la tarde (no lejos de donde vivo), en la avenue de Troudaine, ¡increíble!, una pequeña galería -Guillet Arcane 17-  de arte, exhibía un cuadro del pintor japonés Itô Gho -nació en Tokyo, en 1940 ; estudios de bellas artes en su ciudad y en París (1965-66)- , lo increíble era una « flor de pétalos blancos » (parecía la hoja de la planta de marihuana), sobre fondo  rojo y que tiene, en torno a la « corola », en el « centro » de ésta…, se halla el rostro de una mujer, como si fuese uno más de los « pétalos » o, acaso, son hojas que… -y se trata de una planta o un árbol que… ;  cuya frondación es un…, mejor tiene…, tiene la forma de un cuadro, más pequeño (que combina el rojo con el verde claro); se trata de… ¿ una « mise en abîme », pictural?-, de su cabellera sobresale una parte del « pétalo (u hoja blanca) », que se proyecta, hacia arriba, como si se tratase (quiero creerlo) de su aura y… , ¡ « siete pétalos »! ( U ocho, en realidad, con el « pétalo aureático » , del  rostro que… ; y…, éste « pétalo (u hoja) » se…; inicialmente, no me había dado cuenta que…)

J’étais à vélo, dans l’après-midi (non loin d’où j‘habite), sur l’avenue Trudaine, incroyable ! une petite galerie d’art -Guillet Arcane 17- , exposait un tableau du peintre japonais Itô Gho – né à Tokyo en 1940 ; études aux  Beaux-Arts de sa ville et à Paris (1965-66)-, l’incroyable, c’était une « fleur aux pétales blancs » (elle ressemblait à la feuille de la plante de marijuana), sur fond rouge et qui a, autour de la « corolle », au « centre » de celle-ci…, s’y trouve le visage d’une femme, comme si c’était un autre des « pétales », ou peut-être, ce sont des feuilles qui...et il s’agit d’une plante ou d’un arbre qui… ; dont la  frondaison est un…, mieux, a…, a la forme d’un tableau, plus petit (qui combine le rouge et le vert clair) ; il s’agit de… une « mise en abîme » picturale ? de sa chevelure saillit une partie du « pétale  (ou feuille blanche) », qui se projette, vers le haut, comme s’il s’agissait (je veux le croire) de son aura et…, « sept pétales » ! (Ou huit, en réalité avec le « pétale auratique », du visage qui… ; et…ce « pétale (ou feuille) » se … ; initialement, je ne m’étais pas rendu compte que…)

París-Montmartre, 7 de mayo del 2020.

(Traduction Nelly Détré)

jueves, 30 de abril de 2020

SACO. Postales filmadas



POSTALES FILMADAS

MANUEL MARTÍN CUENCA · ARANTXA AGUIRRE        BELÉN FUNES · LOIS PATIÑO · GONZALO TAPIA          DAVID PANTALEÓN · MAIDER FERNÁNDEZ                 PEDRO NEVES · JUAN LUIS RUIZ


POSTALES FILMADAS es el nuevo proyecto de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) para CULTURA DE SALÓN, la programación on line que la FUNDACIÓN MUNICIPAL DE CULTURA DE OVIEDO ha puesto en marcha tras decretarse el estado de alarma por COVID-19. Esta iniciativa avanza en la relación entre artes poniendo el foco en cineastas que han presentado sus películas en alguna de las cinco ediciones de SACO. POSTALES FILMADAS fusiona el día a día confinado de directores y directoras con música, diálogos o textos de sus películas favoritas en las voces de intérpretes de doblaje y locutores de radio.

Oviedo, 29 de abril de 2020. – El proyecto POSTALES FILMADAS propone a nueve directores y directoras que han participado en la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) la creación de piezas cortas que muestren su mirada artística durante el confinamiento. Manuel Martín Cuenca, Arantxa Aguirre, Belén Funes y Lois Patiño son algunos de los cineastas que participan en este proyecto que forma parte de Cultura de salón, la programación on line creada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo durante el estado de alarma.
POSTALES FILMADAS fusiona los planos grabados por los cineastas en sus casas con diálogos, textos o música de sus películas favoritas, creando así un vínculo entre ambas obras y formando piezas únicas, como Qué suerte que tengo que, encerrado en casa, no puedo matar a nadie, la propuesta de Manuel Martín Cuenca, arropada por uno de los diálogos de Ensayo de un crimen, de Luis Buñuel, en las voces de los actores de doblaje Luis González y Jessy Martínez. Esta pieza está disponible desde el día 29 de abril.
El resto de POSTALES FILMADAS son:
ü  ¿Qué puedo hacer?, de Arantxa Aguirre, que ha elegido una versión de J’sais pas quoi faire del músico Loïc Desplanques elaborada a partir de una frase que Anna Karina interpreta en Pierrot le fou (Jean-Luc Godard, 1965). Disponible.

ü  Mi confinamiento con Resnais, de Juan Luis Ruiz, con un fragmento de Noche y niebla (Alain Resnais, 1955) en la voz de la locutora Sonia Avellaneda. Disponible.

ü  Ama, de Maider Fernández, con una de las cartas que aparecen en News From Home (Chantal Akerman, 1977) leída por la actriz Nuria Santos. Disponible.

ü  Plegar el espacio, de David Pantaleón, con un fragmento de Dune (David Lynch, 1984) en la voz de la locutora Graciela Oliveira. Disponible a partir del 1 de mayo.

ü  Have you been living on the moon?, de Pedro Neves, arropada por un diálogo de Stalker (Andréi Tarkovsky, 1979), con las voces del actor de doblaje Fran Jiménez y del periodista José Manuel Echéver. Disponible a partir del 4 de mayo.

ü  La soledad del escritor, de Gonzalo Tapia, con un diálogo de Barton Fink (Joel Coen, 1991), interpretado por los actores Jorge Fandos y Fran Jiménez. Disponible a partir del 6 de mayo.

ü  Pieza de Belén Funes, con un monólogo de Yi Yi (Edward Yang, 2000). Disponible a partir del 8 de mayo.

ü  El deseo más recóndito, de Lois Patiño. Disponible a partir del 10 de mayo.


POSTALES FILMADAS es la segunda programación diseñada por SACO durante el confinamiento. La primera, SACO en CASA, estrenada entre el 6 y el 12 de abril, tiende puentes entre el cine y la música contemporánea con bandas sonoras creadas para joyas del cine mudo como Viaje la luna. One Week o Frankenstein por los músicos Sonsoles Rodríguez, Jacobo de Miguel y Pablo Canalís, entre otros.
Puedes ver POSTALES FILMADAS en:

    Youtube SACO


Para más información y gestión de entrevistas:
Marta Barbón
Prensa SACO
+ 34 616 72 06 97

miércoles, 29 de abril de 2020

Covid-19: la biopolítica y el Estado de excepción


« Covid-19 », la bio-política y el Estado de excepción

Por Mario Wong
Escritor peruano

…toda la belleza de un mundo en ruínas. 
Anónimo, Nuit debout

(…) Admitirse como sobreviviente es una tarea tan dolorosa como inútil. 
Por eso la postergamos y así hemos llegado a la situación en que nos encontramos hoy.
Rodrigo Fresán, Historia argentina


Covid-19
La catástrofe es, actualmente, un estado permanente; no es solo la catástrofe de la violencia política y del horror de la historia, que caracteriza el siglo pasado en su conflictividad ligada a la existencia de bandos, partidos, frentes políticos ligados a tal o cual ideología (clasista o « no-clasistas »; mas bien éstas, con los efectos de la mundialización resultantes de la crisis de los estados naciones y de la quiebra del pacto o « contrato social » de las políticas económico-sociales provindencialistas, que trajo consigo el desempleo masivo y los flujos migratorios, están de vuelta con los movimientos de extrema derecha nacional-populistas; casi en todos los países europeos, sobre todo los de Europa del Este; está, también el Brexit, antes la elección de Trump, y en Latinoamérica de Bolsonaro, en el Brasil y la caída y huida de Evo Mor…, en Bolivia). No hay que olvidar que el presente siglo se inicia, según varios historiadores, con el derrumbe de las torres gemelas del WTC el 9/11, a causa del triple ataque terrorista de grupos islámicos (Ben Laden y la red de Alquaida), que daría pie a la declaración de guerra de « Bush junior » contra el « eje del mal ». El « Covid 19 », por « otro lado », tiene que ver con el bio-poder (el « biopouvoir », ese concepto tan caro de Michel Foucaul –Surveiller et punir , Le pouvoir de la bataille,…,  en cuanto al análisis de las bio-políticas concierne), y otro tipo de guerra, que lleva a los estados, a nivel mundial, a recurrir al Estado de excepción. Hay demasiada confusión que nos impide ver…, too much confusion!

La guerra de los mundos
La catástrofe mundial ya ocurrió (aunque todos estuviésemos esperándola, y es por eso que siempre la postergábamos; es así como nos encontramos en la situación actual); hace mucho tiempo que soplaba un aire verdaderamente pestilencial, y ¡solo los idiotas no querían darse cuenta de ello! No hay límites en la bajeza con respecto al trato que les otorga a los sujetos el sistema capitalista mundializado (la cuestión de winners & lossers, no está por nada dentro de la ideología, y sola « moral », les profits, de la omnipotencia del mercado globalizado). El filósofo alemán Peter Sloterdijt ya había sonado la alarma: en términos de dinámica procesal, el « mundo del futuro » podría aparecernos como un parque de domesticación humana, un campo de concentración inmenso (los cuartos de gasificación y los hornos de incineración, con sus relentes deletéreos, no estarían ausentes). El único desafío, a todo ésto del sistema concentracionario (las tecnologías cibernéticas de punta lo hacen posible y… ; un mundo a lo H.G. Wells, A. Huxley, Phlipps K. Dick…), mundial, sería la reconstitución integral de las premisas de la vida desde el corazón de lo irrespirable. Alternative: Desobediencia civil.

París-Montmartre, 9-21 abril del 2020

martes, 19 de noviembre de 2019

Exposición artista colombiano Franco


Más allá de las apariencias, o del  abstracionismo « mítico-expresionista » (El Dorado) en la pintura (*) del artista colombiano Franco


Por Mario Wong
Escritor peruano

« L’origine ne désigne pas le devenir de ce qui est né mais bien ce qui est en train de naître dans le devenir et le déclin. L’origine est un tourbillon dans le fleuve du devenir et elle entraîne dans son rythme la matière de ce qui est en train d’apparaître. (…) »
Walter Benjamin

A Miguel Rodríguez Liñán y a Tito Diez

La pintura « matérica-abstracta » (y hago uso del oximoron; pinta sobre yute y utiliza diversas materias: arena, vidrio…, restos metálicos, óxidos… ; y la  abstracción…, ¿ expresionista ?) de Franco es una explosión de múltiples  colores -en sus series « El Dorado », « Senderos » y  « Atmósferas »-, que bien podría hallarse emparentada con la « abstracta-expresionista », onirista-mítica, de un Jacson Pollock (1). La encuentro  de repente, yo, en el jardín de los senderos que se bifurcan (Borges)  del arte contemporáneo, en esta segunda exposición en la galería Mona Lisa, en sus nutrientes míticas precolombinas y en ese lenguaje, personal, del mundo de los sueños como una impugnación frente a una modernidad, un progreso, que  ya « tocó techo ».
… Así, su arte subvierte el espacio de la representación, y « manifiesta » (expresa) la destrucción de los diversos eco-sistemas del planeta Tierra; los « espectros » de la destrucción (los he visto en…), como si se tratase de una historia, pictórica, universal de la infamia, se hallan ahí presentes en sus cuadros. Son rostros fantasmáticos que nos sorprenden; es como si el caos fuese el motivo de su arte, y Franco recorriese el terreno de las representaciones indígenas (de sus geometrías, laberintos y senderos… ; véase su serie « El Dorado »), como si estuviese en búsqueda de una « salida » a la locura…, a la entropía y anomia social del capitalismo globalizado. He visto lo que he visto…, hay cosas que no recuerdo y sin embargo… (D.C.)
Las imágenes no son el substrato de « nada sólido» (…léase L’art à l’état gazeux, de Yves Michaud); el espectador no puede « estabilizar » las imágenes para « fijarlas » mejor  en una « visión retiniana » (M. Duchamp, y su crítica del  art rétinien…, del « fin del arte » o de lo estético vilipendiado… ; del repudio de lo bello y del triunfo de la fealdad y de la nada, o de lo insignificante y la « copia » (W.B.) en el arte contemporáneo), de esencias inmóviles (como si fuese una mariposa, que no es posible describirla sino cuando ella se halla con las alas abiertas, en una vitrina, atravesada por un alfiler… ; pero, ¿cómo describir una mariposa batiendo sus alas en pleno vuelo?); las imágenes, en los cuadros de Franco, en esas explosiones múltiples del color, tienen, lo repito (me repito…) algo de espectrales, como si oscilasen en distintos tiempos y espacios...  Bien podría aplicárseles la expresión wiggensteiniana de « verlas » una vez como tal cosa y, otra vez como tal otra… (2); son las capas, bien trabajadas, de lo matérico de sus pinturas, que hace que sus « superficies » creen ese efecto… ; los elementos utilizados dan a su pintura textura y volumen y trasmiten, con el uso de otros recursos técnicos, también velocidad y movimiento.

  

(*) Galerie Mona Lisa, 32 rue de Varenne, 7ème Arr., Paris; exposición de noviembre. Incluye pinturas de tres series: « El Dorado », « Senderos » y « Atmósferas »; y también algunas esculturas de su exposición anterior  (mes de julio) : « Seres ».

París-Montmartre, 7 de noviembre del 2019.


Notas :
(1) Más no creo que sea la misma técnica, action painting, que inventase el pintor norteamericano…, que descartaba el uso del caballete y practicamente del pincel (usaba directamente el chisguete, la espátula y otros medios…, para verter y salpicar, chorrear, gotear…)  y que implicaba -pintaba con la tela extendida sobre el suelo-, la involucración completa de la mente y el cuerpo del artista (esto último literalmente, ahí están las fotos), como si fuese un ritual chamánico, en la obra…, que adquiere el dinamismo que caracteriza el estilo de este  gran artista.

(2)Cito in extensius: «(…) Que l’image soit instable, cela signifie qu’elle voue notre langage lui-même –qu’il s’agisse d’interpréter ou même, seulement, de décrire ce que nous voyons – à l’oscillation des temps et des aspects. Si l’image n’est le substrat de rien de solide, mais un simple, jamais simple en réalité, passage des aspects, alors le langage qui tente d’en consigner l’expérience ne saurait être lui-même  qu’un passage des temps dont  l’expression wittgensteinienne « voir (l’image) une fois comme telle chose, une autre fois comme telle autre chose » (einmal als das eine,einmals als das andere Ding sehen) donnerait probablement la formule de base. Ce n’est pas un hasard, d’ailleurs, si la théorie des aspects, dans la linguistique de… » (Véase Didi-Huberman, Essayer voir, Paris, Les éditions de Minuit, 2014, pp. 63-64). 

lunes, 18 de noviembre de 2019

Harold Bloom



LA HONDURA DE HAROLD BLOOM, SUS LUCES Y SOMBRAS


POR PEDRO GARCÍA CUETO


Harold Bloom
Harold Bloom
   Pocos críticos han mirado la obra de Shakespeare con la hondura del recientemente fallecido Harold Bloom, su obra se ilumina como un destello en el infinito panorama de críticos que han asolado el panorama de la literatura contemporánea.
  Bloom ha sido un gran profesor, pero también ha sabido mirar a través del Canon Occidental la obra de muchos de los grandes: Dante, Tolstoi, Montaigne, Moliere, Whitman, Milton, Joyce o Virginia Woolf. Era Bloom un pensador que enriquecía, como un creador, con sus opiniones el texto, haciendo que la semblanza de muchos de los estudiados cobrará nueva resonancia, precisamente por venir de su mano.
  Por decirlo de otro modo, miraba con la hondura del humanista que perpetra a través de sus opiniones un nuevo magisterio, haciendo que el lector quede atrapado en esa senda, es decir, que vaya a los grandes novelistas con ojos nuevos, entrenados.
    Para Bloom, Shakespeare y Dante están en el centro del canon, cito al crítico:
“Shakespeare y Dante son el centro del canon porque superan a todos los demás escritores occidentales en agudeza cognitiva, energía lingüística y poder de invención”.
   Es sin duda alguna esta apreciación una apuesta arriesgada, porque deja fuera o al margen el poder impresionante de Cervantes en su Quijote para inventar personajes que cobran vida y que tienen un psicologismo indudable, tanto es así que la novela abre la senda de la narrativa moderna porque la invención de estos personajes se convierte en universal, pero también deja fuera a otros, que han generado espacios de gran agudeza cognitiva, como Dostoievski o Tolstoi, sin olvidar a Thomas Mann y la grandeza de sus propuestas en novelas inmensas como La montaña mágica.
William Shakespeare
William Shakespeare
    En mi opinión, Bloom acierta en parte, abre una senda, porque es difícil emular a Shakespeare, tan hondo que traspasa cualquier apreciación, en sus obras cabe toda la dimensión humana, esa capacidad de ver  todos los espejos que tiene un ser humano, logrando personajes que son diseccionados en múltiples matices: Hamlet, Otelo, Macbeth. Lo que Bloom simplifica es precisamente lo que hace al canon un artificio dudoso, no podemos entrar en un ejercicio de protagonismos, sin entrar en lo que es meramente opinión. Es, sin duda, una opinión muy bien argumentada, pero opinión al fin y al cabo.
    La opinión de Bloom sobre Dante también es cuestionable, Dante era un transgresor, su Divina Comedia es un lúcido artificio sobre el ser humano, convertido en un mosaico de diferentes voces que resuenan en el eco de un silencio. Dante es el espejo de una época, donde la metáfora todavía no es un recurso literario pero que cobra en el italiano una fuerza impresionante, de ahí al símbolo hay un paso.
   Bloom es, sin duda alguna, un entomólogo que busca, bucea y disecciona, pero deja de lado miradas, ecos como los que produce la literatura de D.H. Lawrence, imaginativa y sensual, apenas cita a los españoles en el Canon, sin tener en cuenta a Baroja, Galdós o tantos otros, que han dado al idioma no solo perfiles, sino también retratos poderosos, que siguen vigentes en nuestro tiempo.
  En mi opinión, Bloom se centra demasiado en Shakespeare, un artista de la palabra y un jugador aventajado del idioma, pero olvida el vuelo de escritores que han abierto brechas a la narrativa como Malcolm Lowry o el citado Lawrence.
   Es consciente el gran crítico de la fuerza de una Virgina Woolf o de George Eliot, pero deja en ese canon la mirada de muchas escritoras americanas que son de un prodigio verbal inusitado como Carson McCullers. La voz de la española Emilia Pardo Bazán para explicar el naturalismo en Los pazos de Ulloa es olvidada porque Bloom se centra en el mundo anglosajón principalmente. Se agradece que cite a Whitman y lo analice, con esa capacidad de ver en Hojas de Hierba un canto a la libertad que pocas veces se ha dado en la literatura.
   Concluyo con esta idea: Bloom abre polémicas, enciende discusiones y plantea nuevos prismas donde mirar la literatura, es esencial su legado porque podemos no estar de acuerdo, pero da a la crítica razones apasionadas (era muy conocido por su prodigiosa memoria para recitar en sus excelentes clases a los grandes). Muere un hombre de gran estatura que, de alguna forma, aunque haya dialogado con unos más que con otros, conoció y vivió el amor por los libros como un legado universal.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Allégorie. Juan Ignacio Valenzuela



Juan Ignacio Valenzuela o de la « Allégorie » (*) –« Angelus Novus » (Klee, W. Benjamin), Polichinelle…, en tiempos de catástrofe

Ahí donde el pensamiento se detiene en una
constelación saturada de tensiones…
Walter Benjamin

A Ingrid Bedoya L. y a Julio Le Parc
Por Mario Wong
Escritor peruano

Angelus Novus de Paul Klee y retrato deWalter Benjamin
Angelus Novus de Paul Klee y retrato deWalter Benjamin
Cito in extensius  a  W. Benjamin -para empezar esta nota-, la tesis X, de «Sur le concept d’histoire », de Écrits français:
« Hay un cuadro de Klee intitulado Angelus Novus. Vemos un ángel que parece alejarse de algo, a lo que su mirada permanece puesta. Sus ojos están exorbitados, su boca abierta y sus alas desplegadas. Tal deberá ser el aspecto que presente el Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Ahí a donde nuestra mirada parece que se suceden una serie de événements. No hay otro que uno que se ofrece a sus miradas: una catástrofe sin modulación ni tregua, amontonando los descombros y proyectándolos eternamente ante sus pies. El Ángel querría bien inclinarse sobre ese desastre, curar las heridas y resucitar a los muertos. Pero una tempestad se ha levantado, viniendo del Paraíso; ella ha inflado las alas desplegadas del Ángel; y él no consigue más replegarlas. Esta tempestad lo lleva hacia el porvenir, al cual el Ángel no cesa de darle la espalda mientras que los descombros, frente a él, se elevan hacia el cielo. Damos el nombre de Progreso a esta tempestad». [1]  Esta tesis es, sin duda, una alegoría de la historia en tiempos catastróficos que…
El filósofo italiano Giorgio Agamben toma, en uno de sus últimos libros[2], a un personaje de la comedia napolitana, que se expandió en el arte, el Polichinelle, y que proviene de la historia en tiempos de desastres, tiempos de mutaciones inquietantes, épocas des tournants historiques (la caida de la República de Venezia, en tiempos de Tiepolo, la ascensión del nazismo, las dictaduras del…)
Juan Ignacio Valenzuela
Desde el momento que entré a la sala de la biblioteca de la embajada Argentina -6, rue Cimarose, 6ème Arr. de París- las esculturas del artista argentino Juan Ignacio Valenzuela, en su exposición intitulada « Allégorie », sentí que me interpelaban; las más que presentan una suerte de autómatas (la llave, que les da cuerda a sus figuras, se halla ahí, en sus espaldas; lo cual hizo que surgiese la cuestión sobre la libertad de sus personajes alegóricos) en lo alto de sus « estructuras », como asomándose al vacío; personajes invisibles como en « La Fortaleza » (es el título de una de las piezas) o en frágil equilibrio –en « Cíclico », « Instinto », « El abrazo »…, todos de su Serie Alegoría. Éstos, indistintos, tal vez pertenecientes a un « castillo kafkiano », en tensión abismal, como si se sorprendiesen (o nos sorprendiesen…), en un instante, antes de la caída; y, al mismo tiempo, como si la rueda continuase girando, « Cíclico », en la tensión de « ese equilibrio », inestable,
De Allégorie
ellos permanecen como el « Polichinelle trapecista » (1797-1804; scène 46), obra de  Giandomenico Tiepolo (1727-1804); éste en el momento de la « caída ». O, quizás, « un funámbulo que anda (marche) sobre una cuerda inexistente;  él se mueve libremente, con su torpeza insistente (gaucherie ardue), disciplinada, acrobática, en el espacio que se abre entre ellos y más allá de ellos »[3], anota Agamben.
Obra plástica toda ésta, de J.I. Valenzuela, « política », en estos tiempos de caos, de crisis permanente, de desastre, que expresa el coraje del artista; hay, pienso, una parte que « aparece » como si estuviese sumergida (me viene a la memoria la « teoría del iceberg », de Hemingway), en la oscuridad de lo que aconteció, de los événements que marcaron la historia de los países del Cono Sur, del continente américano, en las últimas décadas del siglo pasado. Se trata, pues, de las « resonancias alegóricas » -W. Benjamin hablaba, en lo que respecta a su concepción de la alegoría, de « constelaciones dialécticas »; esto es de imágenes sorprendidas, en su movimiento dialéctico, en el acto en que se detienen (Stillstand) - de su obra, en la que el vacío se halla muy presente; lo cual crea una tensión, la del vértigo de la caída que sorprende e interroga al espectador.
 
*
Memorial a Walter Benjamin por Dani Karavan en Port Bou
Memorial a Walter Benjamin por Dani Karavan en Port Bou
Port-Bou, « último » punto de frontera –Walter Benjamin (26 de septiembre, 1940)
En los trenes que recorrían esa parte de Europa en guerra (1936-1939) -la Península Ibérica bombardeada (Guernica, 1937); y los soldados republicanos que intentaban cruzar la frontera francesa (sufriendo la humillación de la derrota, y las injurias, empujones e incluso culatazos de los gendarmes franceses)-, la estación de Cerbère (como « Cerbero », el can de siete cabezas que vigila la entrada del Hades; su nombre ya era un maleficio de la suerte), es casi un símbolo[4], que quitándole el velo au réel ponía de manifiesto la insignificancia de la existencia humana.
En movimiento inverso -en esa red de ríos que son los trenes nocturnos- había llegado Walter Benjamin a Port-Bou (en ese su último viaje insomne), en 1940, huyendo de la persecusión nazi, después de las « leyes de Nuremberg », con una maleta negra (no era la « valise portative » de Duchamp, pero portaba documentos importantes que W. B. quería salvar de la catástrofe europea, su catástrofe y la de todo su mundo, como la de Stefan Zweig). Llegó hasta allí; pocos días después, un mes de octubre, se suicidaría tomando no sé cuantas pastillas de…
El azar, su mala suerte, que él se la representaba como un enano jorobado que lo… ; de ahí todo se desliza entre sombras y… ; como si se encontrase perdido en los subterráneos de… ; él que presintió (su experiencia, de esos últimos años de vida, lo manifiesta) la desmesura destructiva y criminal del siglo XX, atravesado por « champs de forces », tan poderosas como las que rigen el cosmos; …en esa larga noche que no tiene fin y… ; y esa era la larga noche de Europa, « cruzada de largos trenes siniestros, de convoyes de vagones de mercancías -escribe A. Muñoz Molina- o ganado con las ventanillas clausuradas, avanzando muy lentamente hacia los páramos invernales cubiertos de nieve o de barro, delimitados por alambradas y torres de vigilancia »[5]
(Serge Personne, Rev. « Sieteculebras », Cuzco-Perú, 2007).

París-Montmartre, 15-17 de octubre del 2019.



(*) J. I. Valenzuela, Allégorie, exposition, Ambassade d’Argentine, París-Octubre-2019.



[1] W. Benjamin, Écrits français, París, Éds. Gallimard, 1991, pp. 343-344; la traducción es mía. Cito, seguido, la tésis en francés: « Il y a un tableau de Klee dénomé Angelus Novus. On y voit un ange qui a l’air de s’éloigner de quelque chose à quoi son regard semble rester rivé.Ses yeux sont écarquillés, sa bouche es ouverte et se ailes sont déployées. Tel devra être l’aspect que présente l’Ange de l’Histoire. Son visage est tourné vers le passé. Là où à notre regard à nous semble s’échelonner une suite d’événements, il n’y (en) a qu’un qui s’offre à ses regards à lui: une catastrophe sans modulation ni trêve, amoncelant les décombres et les projétant eternellement devants ses pieds. L’Ange voudrait bien se pencher sur ce désastre, panser les blessures et ressuciter les morts. Mais une tempête s’est levée, venant du Paradis; elle a gonflée les ailes deployées de l’Ange; et il n’arrive plus à les replier. Cette tempête l’emporte vers l’avenir auquel l’Ange ne cesse de tourner le dos tandis que les décombres, en face de lui, montent au ciel. Nous donnons nom de Progrès à cette tempête».
[2] Véase G. Agamben, Polichinelle ou Divertissment pour les jeunes gens en quatre scènes, Paris, Éds. Macula, 2017.
[3] G. Agamben, Ob. Cit., p. 95. Agamben reflexiona sobre la «scission zoe/bios» (vida desnuda/vida política, o cuerpo biológico/ cuerpo político…), al final de su libro Homo sacer 1 (1997), en la « Apostille » a Polichinelle ou Divertiss… ; cito, seguido, el final  de«Apostille»: « (…) Il n’y a pas, chez Polichinelle, une vie végétative séparée de la forme de vie, une zoe qui pourrait être séparée et distinguée du bios. En vérité, Polichinelle n’est ni l’un ni l’autre. Il est plutôt le tiers qui apparaît dans leur coincidence –c’est-à-dire dans le moment ou ils chutent ensemble– et comme le trapéziste de la scène N° 46, ou un funambule qui marche sur une corde inexistante, il se meut librement, avec sa gaucherie ardue, disciplinée, acrobatique, dans l’espace qui s’ouvre entre eux et au-delà d’eux. » ; véase la scène 46, del « Polichinelle trapéziste », de Tiepolo en la p. 96.
[4] En contraste con el symbole religieux ver M. Eliade, Méphistopheles et l’androgyne, Paris, Éds. Gallimard, « folio-essais », 1962, p. 304.
[5] Antonio Muñoz Molina, Sefarad, Barcelona Ed. Seix-Barral S.A, 2009, p. 46.