lunes, 1 de julio de 2019

El ojo en la aguja de Consuelo Triviño Anzola

El ojo en la aguja de Consuelo Triviño Anzola
Portada El ojo en la aguja
Nuevo título de Mirada Malva:

El ojo en la aguja (cuentos)
Consuelo Triviño Anzola
Tamaño: 13cm x 21cm
Páginas: 106
EAN 13: 9788412020519

Desde sus primeros cuentos, Consuelo Triviño Anzola aporta la constancia de la soledad y la insistencia de una búsqueda que se fija, simbólicamente, en seres fracasados. Nunca se colma la inquietud, siempre surge la aparente contradicción entre la mujer aburguesada que busca la libertad y la mujer libre que no encuentra la felicidad. Los personajes sienten la necesidad de huir, de dónde sea y hasta lo indefinible, siempre en busca de una plenitud que se sabe inalcanzable. Si en los relatos iniciales podía pensarse en un romanticismo juvenil, en estos, ya de madurez, que componen El ojo en la aguja, se comprende que responden a la insatisfacción interior de la mujer actual. Un libro que el lector mantendrá en sus manos tiempo después de concluir su lectura.

jueves, 6 de junio de 2019

Entrevista a Julián Nalber


Un cigarro y una copa con Julián Nalber, el creador del Detective Santré

"Por medio de la novela negra puedo escudriñar diferentes rincones de la ciudad, en este caso Bogotá, una urbe que me apasiona”.
Por Mauro Javier Hernández

Detective Santré de Julián Nalber
Portada Detective Santré
Mauro Javier Hernández. Su novela Detective Santré, el caso Chang (2017), ha despertado cierto interés entre los lectores del género. ¿Cuéntenos acerca de la génesis del texto?

Julián Nalber. La novela es una historia breve que sigue las peculiaridades típicas de la narrativa de crímenes; un detective que investiga asesinatos y desapariciones en una ciudad tan beligerante como la Bogotá del presente. El embrión de la novela tiene que ver con un hecho que sucedió en la ciudad, y a la vez con múltiples casos de tráfico de mujeres colombianas que terminan en el laberinto de la prostitución en los sitios más impensados del mundo.

M.J.H. ¿Tomó usted muchos elementos de la realidad colombiana?

J.N. Hay fragmentos, hechos y situaciones de esa realidad. El contexto de Bogotá, con sus barrios y calles está ahí. Pero como lo suelen decir muchos autores cuando se les pregunta sobre este juego entre la realidad y la ficción, la novela es ficción pura, un universo aparte, los personajes solo se deben a sus realidades, a sus mundos, a sus circunstancias. A veces no sé si es tan importante profundizar en esa oposición de la realidad versus la ficción. Por otro lado, uno puede decir que Santré se puede parecer a su creador o el creador se puede parecer a Santré, pero los dos son seres independientes.

M.J.H. Y hablando de Colombia, ¿cómo ve la situación actual de su país?

J.N. Colombia es una zona del mundo muy particular. Sus gentes cuentan con mucho talento y gran potencial en cualquier campo. Pero el país históricamente ha sido gobernado por élites terriblemente corruptas que siempre ha pensado en sus círculos familiares y sociales, nunca en las mayorías. Una nación que se la roban todos los días. Colombia, después de tanto tiempo, sigue teniendo una estructura social muy parecida a la de la época de la Colonia. Unos pocos mandan, se enriquecen, manipulan y dejan postrado al resto en la ignorancia y la desinformación. Desde luego esto tiene diversos matices y situaciones específicas que habría que considerar. Igual a pesar de todo, sigue siendo un país fascinante. En Colombia pueden pasar mil cosas en un solo día. Nadie se aburre.

M.J.H. ¿Por qué se inclinó por este género literario?

J.N. No es que tenga una tendencia marcada hacia él. Hay otras opciones que me llaman la atención. Sin embargo, por medio de la novela negra puedo escudriñar diferentes rincones de la ciudad, en este caso Bogotá, una urbe que me apasiona.

M.J.H. Se ha dicho que la trama de su novela llega a ser muy unidimensional y un poco predecible. Pero a la vez, también se ha mencionado que es entretenida.

J.N. Sé muy bien que esta novela no reviste ningún tipo de revolución estética. Nunca he pretendido nada de eso. Mi plan es muy modesto. La creé con el objetivo de que un lector cualquiera se distraiga al leerla. Yo mismo me divertí escribiéndola. Siempre he hablado de un experimento. Desde luego, la labor de narrador, como cualquier oficio, necesita práctica, es decir experiencia. Y tanto mi prosa como yo, estamos en ese proceso.

M.J.H. Entre la gran gama de personajes de este estilo (investigadores privados, detectives, policías, etc.), ¿qué tan original es su protagonista Santré?

J.N. Quizás no mucho porque él sigue los parámetros generales de estos personajes. Alguien podría decir que lo original está en que Santré es un profesor universitario que por falta de trabajo termina en esta profesión. Lo diferente, si en verdad hay algo, es el contexto. No es lo mismo desarrollar una historia en Pekín, Moscú o Bogotá. Para cada caso se precisa de conocer bien el medio, la idiosincrasia, las formas de hablar de la gente, la cultura de los personajes que sobreviven en cada espacio. Creo que ese mundo de la "colombianidad" o de la "bogotaneidad" se puede ver en la novela, hablo de rasgos particulares que son únicos. Esto último no lo digo yo, lo han afirmado algunos lectores.

M.J.H. ¿Pero entiendo que usted no pretende ser un narrador consagrado?

J.N. No me interesa del todo el protocolo que eso implicaría. También sé bien que tal consagración nunca llegará, hay que ser realista. Además, no dedico todo el tiempo de mis días a esta labor. Tengo otra profesión definida y ella toma buena parte de mi cotidianidad. Lo que me atrae es desarrollar historias que a la gente común y corriente le puedan gustar y divertir. Después de eso todo será ganancia. En tiempos de la era digital que nos avasalla, la gente poco está interesada en el placer de la lectura. A veces, el ejercicio de tomar un libro y leerlo se convierte en una tarea titánica para muchos.

M.J.H. ¿Entonces no se asume como escritor?

J.N. Me asumo como un simple y humilde trabajador de la palabra que desea superarse cada día. Y esto último no me suena muy original, aunque sea verdad. Me suena hasta cursi. Seguro que alguien lo tuvo que haber dicho antes.

M.J.H. ¿Y entonces cuál es su meta como narrador?

J.N. Por ahora, ninguna. De hecho, mi primera meta era escribir una novela policial y publicarla, y ya la cumplí. Lo he dicho un par de veces, si un muchacho de un colegio público de Bogotá (o de Colombia) escribiera un ensayo sobre la novela me haría feliz. 

M.J.H. ¿Y lo del seudónimo?

J.N. Ese es otro enigma más que coincide bien con el género.

M.J.H. Su escritura se encuentra muy ligada al estilo episódico de las historietas (comics), que se leían mucho en América Latina hace unas décadas. ¿Es consciente de eso?

J.N. Sí, desde luego. De niño y adolescente mis primeras lecturas fueron las historietas de legendarios personajes de aquellos días. Hablo de personajes creados en América Latina, no de Superman o Batman que no me interesaban tanto. En muchos casos, de esos héroes no queda nada. Solo las recuerdan los adultos mayores de cuarenta años. En países como Colombia, estas historietas eran muy populares y los muchachos las devoraban. Si logro que mis novelas lleguen a tener ese ritmo ágil de aquellas aventuras trepidantes; ese interés de parte del lector en seguir con el siguiente capítulo hasta llegar al final, me daría por bien servido.

M.J.H. En esas historietas frecuentemente había una moraleja, ¿en su novela la hay?

J.N. Supongo que los lectores responderán mejor esa pregunta.

M.J.H. ¿Vendrán más aventuras de Santré?

J.N. Sí, pero por ahora me interesaría promocionar más esta primera. Es posible que este año salga una nueva edición.

M.J.H. ¿Se puede conseguir en Colombia el libro con facilidad?

J.N. El trabajo de distribución y promoción de un libro no es sencillo y no tendría que corresponderle al autor. Lo he dicho también antes, si no tienes un buen respaldo editorial, un agente literario, una empresa detrás de ti la tarea es casi que imposible. Antes el libro tenía mayor distribución, incluso se vendía en una librería muy acreditada de Bogotá que no hace mucho cerró sus puertas y por ahora nada se sabe de esos ejemplares. Es por eso que este año espero que se concrete una nueva edición con mayor alcance.

M.J.H. Finalmente, ¿por qué y para quién escribe?

J.N. Escribo porque es un ejercicio intelectual que me satisface. Es una acción intimista que me permite viajar, caminar mentalmente por lugares conocidos (incluso desconocidos). Es también un regreso a la niñez en el que por medio de la escritura vuelvo a jugar, a crear y me siento momentáneamente feliz. Y escribo para mí y para los que generosamente deseen leer lo que escribo.

martes, 4 de junio de 2019

Oficios del destierro de Marcos Fabián Herrera

Oficios del destierro. Marcos Fabián Herrera


Nuevo libro de poesía de Marcos Fabián Herrera

OFICIOS DEL DESTIERRO


Programa Editorial de la Universidad del Valle, 2019



En este poemario de Marcos Fabián Herrera, a través de la representación de lo insólito transcrito en oficios de artesanos minuciosos, confinados a los márgenes (equilibristas, campaneros, luthiers, pajareros, relojeros...), los héroes se desploman  irremediablemente para mutarse en ídolos caídos o en villanos atrapados entre los espejismos de los sueños. Su poesía en Oficios del destierro reafirma su fuerza en el reconocimiento de la sórdida realidad de un espacio vital en ruinas. Para ello, a decir de Blanca Varela, la voz poética le “da nombre a todas las sombras, a todos los fantasmas” a modo de viaje iniciático que atraviesa las distintas galerías del alma humana para comprender el oscuro misterio de la palabra inscrita en una encrucijada oscura y misteriosa.  

Es sorprendente en la poesía de Herrera, esa mirada precisa de la fugacidad de la existencia como metáfora gótica del fluir del tiempo o la destrucción de lo humano, piezas condenadas a la hecatombe del individuo en ominoso tránsito. Con un lírico y pulido lenguaje, su obra poética nos acerca a un universo de palabras, hacia el laberinto del hombre en permanente “exilio”,  como parábola de un éxodo que recorre las distintas estancias que habitan los temas eternos y su antítesis: el amor, la mujer, el dolor, la muerte o los monstruos.

María Ángeles Vázquez






























viernes, 31 de mayo de 2019

La broma, obra de teatro de Felipe Buendía

La broma. Felipe Buendía. Edición de Paz Mediavilla
La broma. Felipe Buendía
Nuevo título de Mirada Malva

La broma. Tragicomedia para tres personajes
Felipe Buendía
Edición de Paz Mediavilla
Formato ebook
ISBN 9788494852381

La broma, obra inédita de Felipe Buendía, rescatada, transcrita y corregida del original por Paz Mediavilla, se caracteriza por hacer una fotografía realista de la sociedad peruana del momento. En un juego teatral que mantiene al espectador expectante, nos presenta a través de sus tres personajes, dos hombres y una mujer, una sociedad machista, racista y elitista que Buendía aborda con crudeza.

Entre el misterio y el género policíaco, la historia nos introduce poco a poco en un mundo inesperado y nos va llevando a una serie de olas emocionales que acabarán con un final insospechado.


Felipe Buendía
Felipe Buendía


Felipe Buendía del Corral (1927-2002, Lima, Perú)

Escritor, poeta, pintor, periodista, cineasta, dramaturgo, bibliotecario, cronista de Lima.
En cuanto a su obra literaria, destaca su labor como escritor de relatos fantásticos. Su cuento El baúl, de 1952, es un destacado ejemplo de su producción. Posteriormente, en 1959, realizará una edición en tres tomos de la Antología de la literatura fantástica, que seleccionará y anotará y que fue publicada por la editorial Tierra Nueva.
Más tarde la reeditará a través de dos títulos: Cuentos de laboratorio, 1976, que tendrá una segunda edición en 1987 y El claustro encantado, en 1984.
Continuador de la tendencia de la época en Perú, en la que los escritores lo eran de todos los géneros literarios posibles, escribió narrativa, poesía, artículos de prensa y el género que nos ocupa en esta ocasión: teatro.
En 1960 recibió el Premio Nacional de Teatro por Las nuevas galas del emperador, que fue retirada del escenario a los 15 días de su estreno por ser considerada una sátira política. En 1963 volverá a vivir una situación similar al retirarle la policía su obra La broma.



Paz Mediavilla, (edición de)

Es doctora cum laude en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid —especialista en teatro— y máster en Radio por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Su trayectoria profesional ha estado ligada a la enseñanza universitaria y al periodismo.
Ha sido Profesora de Lengua y Literatura Españolas en la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander y la Universidad Estatal de Ohio (Ohio State University).
Desde hace más de 20 años colabora con diferentes medios de comunicación como redactora especializada en teatro y con varias revistas y editoriales como editora y correctora.
En el medio radiofónico, en el que actualmente trabaja, ha dirigido la sección Lunes de Teatro en la radio digital Crossroads Radio y ha formado parte del equipo del Área de cultura de Radio Nacional de España como redactora y locu-tora.
Ha sido jurado del Certamen de Teatro Universitario de la Universidad Complutense de Madrid en su XX y XXII ediciones.

martes, 28 de mayo de 2019

Casa de cielo de Héctor Perea. Presentación


CASA DE CIELO

Por Andrés de Luna
Escritor mexicano

Héctor Perea es un escritor cuya eficacia se puede comprobar al leer los cuentos de Casa de cielo (La mirada malva, Granada, España, 2017).  En este volumen aparecen textos breves que son una suerte de apertura de lo que serán las narraciones más largas del resto del volumen.
De esta forma, “Ni la boca andaba” y “Abertura” son dos cuentos ráfaga que nos ponen en contacto con un mundo que se ha enriquecido muchísimo con los viajes de Perea, quien ha vivido en Madrid, en Roma y, desde luego, en la Cd. de México.  Estas tres ciudades forman un triángulo ideal para la escritura de un intelectual  que ha sabido habitar el mundo  con todo y sus contradicciones y sobresaltos, así como también con las buenaventuranzas de unas geografías propicias.  De este modo, “Casa de cielo” es un  libro que trabaja temas como la memoria, el recuerdo, el tiempo y el olvido. Su prosa tiene las armonías que le permiten deslizarse por estos temas para dejar claro que estamos ante un escritor que sabe ir de lo inmediato a lo que conoce y que resbala para llevarnos hacia otros rumbos.
            Mario Vargas Llosa escribió que: “La memoria es el punto de partida de la fantasía, el trampolín que dispara la imaginación en su vuelo impredecible hacia la ficción”. Esto es lo que hace de la escritura de Héctor Perea una riqueza conceptual  que se fortalece con el desarrollo de sus relatos.  En ‘Una mirada oblicua” se lee lo que piensa el personaje de una niña: “Estuvo un rato esforzándose por hacer coincidir en claridad el recuerdo y aquella imagen aún sin historia que veía a través de los gruesos cristales. Pero en realidad ni uno ni otro tiempo quedaban en el mismo marco. Peor aún,  ni en recuerdo era más  que un rápido boceto ni lo que veía con precisión y brillo en las esquinas significaban nada para ella. Al menos hasta ahora’.  Un texto que habla de desapariciones y vueltas a los recuerdos que sobreviven pese a los desgastes de una memoria que se aferra sin lograrlo para obtener un rico pasado que de pronto y sin más es simple borradura.  Por ello, Perea nos recuerda:  ‘Entre el recuerdo y el olvido del recuerdo había una delgada, delgadísima ranura sin nada’.  Incluso las palabras que podrían hacer frente al  fenómeno y resguardar lo que se anula en el cerebro, también se pierde y se esfuma en medio de luminiscencias que son fugas de los términos originales.  Tal vez por ello, la manera que tenemos de enfrentar esto es escribir en su momento aquello que luego recordaremos con mayor precisión.
‘El performance’  es un acto artístico que aquí está compartido, entre otros, por una niña y su padre. Lo que conforma  la obra tiene que ver con la sustancia viscosa y fosforescente que resbala de los muros de unas columnas de pelos. Todo esto resulta una suerte de aprendizaje para una pequeña que nunca ha visto semejantes cosas.  Al final del relato surge el nombre de la arquitecta del museo, que Joaquín, el padre de la menor, trata de recordar sin éxito, sólo se queda en  Zaha, el apellido se queda trabado en medio de otras cargas memorísticas más recientes. El apellido Hadid  se queda de las consideraciones del hombre.  Aquí podría escucharse  lo que comenta el filósofo francés Pierre Bertrand en su libro “El olvido” (Siglo XXI, México, 1977): “El recordar es ya comienzo de olvido en la medida en que desactualiza  el pasado, lo fecha o lo hace temporal. En el momento en que el pasado es deseternizado, temporalizado, el tiempo comienza  su trabajo: el pasado expropiado, reintegrado,  localizado, situado detrás,  perteneciendo a un mundo cumplido. Comienza a ser olvidado, poco a poco, sin perjuicio. El pasado es entregado al tiempo, que lo devora.”
La escritura de Héctor Perea de pronto adquiere sentidos y símbolos que derivan en una manera de contarnos hechos. Así en ‘Vista del interior’, el narrador cuenta que: “Cuando su vida era distinta y todo eso lo apreciaba entre un parpadeo y el próximo. Dentro del tiempo sin tiempo de aquellos viejos sábados. ´  Esto lo consigue Héctor con un trabajo de prosa fina que desgrana sus maneras al ponerlas sobre relatos que siguen estas líneas sin agotarse, con la complejidad  o la sencillez que el autor decida colocarlas en el momento.  ‘Vista del interior’  termina en una visita al club de parejas liberales, ahí aparece la música de los mariachis, las luces intermitentes, los cuerpos que se entregan sin descanso a una prolongada sexualidad. Todo esto lo cuenta el autor con una escritura que tiende a ser una prosa veloz, que se aleja de las posibles interpretaciones. Esto aparece con todo detalle en ‘Vista del  interior’, y que luego reaparecerá en ‘La lengua en dos´,  ‘El hecho’, ‘El barrio francés’ y ‘Ogni pensiero volta’. Cuatro textos formados con la mismas revelaciones en torno a un tiempo en quiebre permanente. Sólo que este fenómeno ocurre de cara a la ficción, pues la vida pasa, en términos generales en un presente perpetuo. En la existencia el tiempo comprime la vitalidad del sujeto, y por ello esta categoría está lejos de ser desplegada en el espacio, cosa que sí pasa cuando está uno frente a un escritor que se plantea hacer estas rupturas de la temporalidad. De este modo, Perea construye una serie de textos ligados a una sorprendente visión de lo que podía darse a través de estas rendijas por las que se cuelan otros hechos y donde el tiempo está lejos de ser un obstáculo, y mejor dicho funciona como un alerta ante las acechanzas de lo real.
Uno de los cuentos, ‘La lengua en dos’ narra la experiencia académica de un hombre que va a Italia para participar en un congreso. En ese texto Perea habla de : “La de la  lucha sin límites de tiempo. A una sola caída.”  Utiliza los términos con los que se describe la lucha libre, sólo que aquí la lectura otorga más valor al simbolismo .  El principio y el final de ese cuento traba contacto con un hecho que se pierde en el vacío, un vomito. Sólo que en este relato admite otras interpretaciones. Perea casi en las últimas líneas del cuento añade: “ Y con la idea de no ser ya nada sino vértigo puro. Sino derrumbe al aire libre. En un tiempo indeterminado. Abstracto. Tiempo sin cuerpo ni alma.”
Estos son los mecanismos que emplea Héctor Perea en un libro escrito con la madurez literaria a la que nos tiene acostumbrados el autor. Sus últimos relatos “El barrio francés” y “Ogni pensiero vola”, son dos estructuras narrativas que forman parte de “Casa de cielo”, los experimentos que hace el escritor en ambos relatos se pueden considerar dentro de lo mejor de la prosa de Perea.
En ambos cuentos susbsiste ese espíritu abstracto que domina casi en todos los textos del libro. Perea quiere dejar atrás el cuento que describe una anécdota, sólo eso, para él escribir es dejar un hueco que sólo puede rellenarse con la intencionalidad de hacer otra cosa con los textos. De tal forma que muchos de los relatos de “Casa de cielo” apuntan hacia lo abstracto, hacia otra dimensión literaria que va más allá de una formulación anecdótica.  Por  todo esto, el libro de Perea es un trabajo que debe leerse a la brevedad, pues sus aciertos hablan de un escritor capaz de dominar el tiempo literario y darnos un avance de sus logros.

domingo, 26 de mayo de 2019

Clausura de CentroAmérica cuenta


Centroamérica Cuenta, celebró su fiesta de las letras desde San José

Crédito de la fotografía Daniel Mordzinski

        Se realizó del 13 al 17 de mayo, como invitado de honor de la Feria Internacional del Libro (FILCR) 2019.
        Su programación incluyó 92 actividades entre conversatorios, talleres, presentaciones de libros, conferencias, simposio y exposición.
Luego una intensa jornada de cinco días, el Festival Centroamérica Cuenta concluyó su VI edición, con la participación de 134 escritores de 21 países del mundo, quienes compartieron un variado programa con el público costarricense. 

En esta edición, la primera que se realiza fuera de Nicaragua, el festival fue recibido como invitado de honor de la Feria Internacional del Libro Costa Rica, evento literario que convoca a diferentes audiencias de la región.

“No podíamos haber encontrado una sede mejor que Costa Rica para seguir adelante con Centroamérica Cuenta, un país dueño de una dilatada tradición cultural, y que ha sido siempre, además, tierra de acogida, como lo es ahora y lo fue a lo largo del siglo veinte, abierto y generoso con los centroamericanos forzados a huir de sus propios países”, señaló el presidente del Festival, Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017.

El festival se despide de Costa Rica, agradeciendo al Gobierno de Costa Rica, al Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) y a la Cámara Costarricense del Libro por hacer de Centroamérica Cuenta el invitado de honor en la Feria Internacional del Libro.

El Festival literario Centroamérica Cuenta se celebra en Nicaragua desde el 2013; y surge como una iniciativa del escritor nicaragüense Sergio Ramírez. Desde entonces, en sus cinco ediciones, ha convocado a casi 500 participantes de América Latina, España, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y los Países Bajos.

Centroamérica Cuenta es una iniciativa de la Fundación Luisa Mercado y  revista Carátula en coproducción con el Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica, Centro de producciones artísticas y culturales (CPAC), Feria Internacional del Libro Costa Rica, Cámara Costarricense del libro con el apoyo de Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), Unión Europea, Acción Cultural Española (AC/E), Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Instituto Francés de América Central (IFAC).
Con el apoyo de Embajada de España en Costa Rica, Secretaría de Relaciones Exteriores, Instituto Cultural de México Costa Rica, Agencia Mexicana de cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXID), Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, Embajada de Brasil, Managua, Fundación Violeta Barrios de Chamorro, Heinrich Böll Stiftung, Alfaguara Penguin Random House, Grupo Editorial, Grupo Planeta, Cerveza Toña, Fundación Ubuntu, Asociación Ticos y Nicas Somos Hermanos, Universidad Autónoma de Nuevo León, México (UANL), Grupo Pellas, SER San Antonio, Ron Flor de Caña, Florida Ice and Farm Company (FIFCO), Will & Mercedes Graham, en alianza con Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), Universidad de Costa Rica, Libros para Niños, Alianza Francesa, BBC Mundo, Feria Internacional del Libro, FIL Guadalajara, HAY Festival, La Fortuna, Skawak Plaza Centro Cultural de España en Costa Rica.

lunes, 6 de mayo de 2019

Homenaje a Paca Aguirre

PACA AGUIRRE: COMO SI EL ALMA NO MURIESE



POR PEDRO GARCÍA CUETO



Francisca Aguirre
Francisca Aguirre (1930-2019)
  Parece que la escucho en un silencio de la estancia vacía cuando acaricio uno de sus libros, recuerdo a su querido Félix hablando de los premios literarios un día de actos sociales y ella allí, como si cobijase a todo el mundo, mujer generosa y grande, como muy pocas.

   Venía del mundo de los vencidos de la guerra, pero ella era ganadora en ilusiones y en alegría, mujer que concitaba al mundo en el verso, todo se alumbraba, como si su mar alicantino, hermoso de olas, la escuchase siempre.

  Tras Ítaca, premio Leopoldo Panero en 1972, llegó en 1976 el poemario Trescientos escalones, dedicado a su padre y por el que le concedieron el Premio Ciudad de Irún ese mismo año. Dos años después publicó La otra música, completando esta primera etapa de su obra.

   Pasaron diecisiete años hasta que volvió a publicar dos libros en prosa, en 1995ː Que planche Rosa Luxemburgo, de narraciones breves y las memorias Espejito, espejito. Posteriormente, Ensayo general (1996) y Pavana del desasosiego (1999) fueron los poemarios que publicó. Finalmente, en el año 2000, publicó Ensayo general. Poesía completa, 1966-2000, donde se recoge toda su obra poética hasta esa fecha.

  La herida absurda (2006) y Nanas para dormir desperdicios (2007). En 2010 obtuvo el Premio Miguel Hernández con su poemario Historia de una anatomía, obra con la que ganó en 2011 el Premio Nacional de Poesía. Ese año publicó Los maestros cantores y en 2012 Conversaciones con mi animal de compañía.

 Seis años después, volvió a publicar varios libros de poesíaː

   En enero de 2018, la editorial Calambur publicó su obra completa bajo el título Ensayo general. En noviembre de ese mismo año 2018 recibió el Premio Nacional de las Letras. En opinión de su hija, Guadalupe Grande, y de ella misma, este premio serviría para reivindicar la herencia de todas esas voces femeninas que fueron quedando de lado. A veces, por doble motivo: por ser mujeres y por estar exiliadas.

  En Paca, aparte de su obra, late el cariño por un tiempo que se va, por esos seres que le siguen hablando en la distancia, esos amigos que vuelan en otro tiempo, Juan Gil-Albert, Rosa Chacel y tantos otros, en su universo, Paca vive la voz honda del mar, que la llama y le pide que escriba, ella mira los versos de su querido marido, el mundo del folclore hecho arte, canción honda y pura.

    En Paca vivía el cariño por Luis Rosales, tan amigo de Félix Grande, ese Rosales que llevaba las palabras como plumas, que creía en el verso en aquella casa encendida que abría la puerta a los muertos, ya vivos para siempre en el recuerdo.

  Desde Ítaca, claro homenaje a los exiliados, a sus Nanas para dormir desperdicios, en Paca viven muchas voces, aquellos ecos de la mujer que sueña en la baranda, buscando en la estación del tiempo, luz inaugural,

    En el poema “Testigo de excepción”, dirá que el mar lo es todo, ese espacio de luz que llena la vida y le da aliento:
“Un mar, un mar es lo que necesitó. / Un mar, un mar y no otra cosa. / Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre”.
  O en el poema “Hace tiempo”, nos habla de la infancia, esa que vivió como si fuese un sueño hasta que la muerte de su padre la dejó herida para siempre:
“Recuerdo que una vez, cuando era niña / me pareció que el mundo era un desierto”.
    Esa vida que se fue componiendo cuando empezó la lectura, el hambre por los libros, su contacto con grandes como Gerardo Diego, Delibes y tantos otros, cuando conoció a Félix y el universo del amor fue gestando libros, palabras, versos que tenían eco, en aquella casa donde los libros estaban vivos y tenían el aroma de un tiempo que no muere.

   Un día me abrazó, ya que le hablé de mi admiración por su obra, de ese libro que debía reunir a muchas escritoras valencianas, en la que estaría su poesía, espacio de luz que hoy se ha vuelto oscuro. Me habló de Juan Gil-Albert, de cómo lo conoció, también de su padre, otro héroe que el tiempo ha ido disipando, en aquel arsenal de muertos que han ido quedando en la memoria de los que amamos una época de paz y de sosiego y no de guerra y destrucción. Paca, no te vayas, aún te queremos, siempre en nuestro corazón, tus versos siguen volando en nuestra memoria, aún, Paca, eras la niña que amó a su padre hasta le eternidad, porque la infancia deja huella y la tuya sigue viva en los que te querremos siempre.

viernes, 26 de abril de 2019

Centroamérica Cuenta 2019


Comunicado de prensa

VI edición de Centroamérica Cuenta en Feria Internacional del Libro 2019 

El festival literario Centroamérica Cuenta se realizará del 13 al 17 de mayo como invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Costa Rica (FILCR2019).

Sexta edición en memoria de Ulises Juárez Polanco

134 narradores de 21 países se darán cita en el festival, que es presidido por el escritor Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017.


Del 10 al 19 de mayo San José se convertirá en la capital de las letras centroamericanas durante la vigésima edición de la Feria Internacional del Libro 2019 (FILCR 2019), que recibirá como invitado de honor al Festival Centroamérica Cuenta (CAC) y contará con la cooperación del Centro Cultural de España.

“Desde Centroamérica Cuenta queremos contribuir a posicionar a la región en el mapa literario del mundo como un espacio creador. Agradecemos el apoyo recibido para realizar esta edición de nuestro Festival en San José, sabemos que el público disfrutará de un programa de calidad con autores consagrados y emergentes”, explica Claudia Neira Bermúdez, directora del Festival. 


La Feria Internacional del Libro de Costa Rica es una co-producción entre la Cámara Costarricense del Libro y el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ), que busca incentivar la creación de espacios para el desarrollo de actividades literarias, así como la producción y comercialización de libros. 

A lo largo de sus más de veinte ediciones la Feria Internacional del Libro de Costa Rica, se ha posicionado como el evento literario más importante del país contribuyendo al desarrollo y profesionalización del sector asociado a estas actividades, al acceso equitativo y al fomento de la lectura.  La FILCR 2019 es dedicada a la Editorial Costa Rica por su 60 aniversario y a la escritora costarricense Eunice Odio por sus 100 años de natalicio. 

La señora Sylvie Durán Salvatierra expresó que “junto a la Cámara del Libro, somos los orgullosos anfitriones de un invitado de honor especialísimo y querido: don Sergio Ramírez y su Centroamérica Cuenta, un evento que ha puesto con enorme generosidad lo mejor de nuestra región y del talento de todas las generaciones a dialogar con la escena iberoamericana. Es un gran banquete para nutrir el espíritu, la sensibilidad y el pensamiento a través de la lectura y las historias.”

Colaboración del Centro Cultural de España

El Centro Cultural de España se convierte en un aliado ofreciendo una agenda que enriquece la oferta literaria de la Feria Internacional del Libro, siendo su sede principal la Plaza Literaria Skawak, donde destacan los encuentros y mesas de trabajo “Fuego Cruzado” y la exposición Objetos con Historia“s” que estará ubicada en el vestíbulo del Teatro de la Aduana. Esta exposición es una propuesta que trasciende lo literario para explorar el universo íntimo y creativo de los autores. 

Centroamérica Cuenta (CAC) invitado de honor 

En esta edición la FILCR 2019 se convierte en una fiesta literaria compartida y un espacio excepcional de encuentro gracias a la presencia de gala del festival Centroamérica Cuenta.

La más importante fiesta de las letras del istmo se llevará a cabo del 13 al 17 de mayo dentro del marco de la FILCR2019, con una propuesta de calidad que incluye conversatorios con autores consagrados y emergentes, presentaciones de libros, talleres y Contar a los Niños, agenda dedicada a la literatura infantil.

Esta es la primera vez que este festival realiza su jornada de cinco días fuera de Nicaragua y será la oportunidad para que sus conversatorios, talleres formativos, presentaciones de libros y demás actividades se sumen con los espacios feriales y las propias actividades de la Feria Internacional del Libro costarricense.

Entre los participantes de esta fiesta de las letras en 2019 se cuenta con los mexicanos Ángeles Mastretta, Joselo Rangel (guitarrista de Café Tacvba), Guillermo Arriaga y Guadalupe Nettel; de Argentina: Mempo Giardinelli, Martín Caparrós y Claudia Piñeiro; Jeremías Gamboa y Gabriela Wiener de Perú; Jon Lee Anderson de Estados Unidos; Edmundo Paz Soldán y Liliana Colanzi de Bolivia; Ray Loriga, Aroa Moreno, Luisgé Martín de España.

Entre los más de veinte participantes centroamericanos están: Gioconda Belli, Horacio Castellanos Moya, Rodrigo Fuentes, Miguel Huezo Mixco, Sylvie Durán, Carlos Cortés, Anacristina Rossi, Héctor Collado, Luis Enrique Mejía Godoy, Luis Enrique Mejía López, y Hellen Umaña.

Carátula 2019 y talleres de formación 

En la noche inaugural de Centroamérica Cuenta, se hará entrega al VII Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve cuya convocatoria se hizo pública en enero del 2019. Este es un premio que cuenta entre sus últimos ganadores a la panameña Berly Núñez (2016) con el cuento Cuestión de fe, la guatemalteca Andrea Morales con el cuento El pájaro de fuego (2017) y el salvadoreño Alejandro Córdova Menéndez con el cuento Lugares comunes (2018).

El festival Centroamérica Cuenta se ha caracterizado además por facilitar la interacción de los narradores con diferentes audiencias a través de talleres de formación. Por tercer año, se realizará un taller con la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que, este año, será facilitado por Jon Lee Anderson, Estados Unidos.

Otros talleres que CAC programará en 2019 son: El taller de creación literaria a cargo de Jeremías Gamboa y ha sido llamado La tentación del fracaso: o cómo enfrentar resistencias y miedos a escribir; Julio Villanueva Chang, reconocido editor peruano impartirá un taller de edición con el apoyo de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro; y no menos importante Ilustración e identidad un taller exploratorio con Gusti premiado ilustrador y autor de libros infantiles de origen argentino-español. También un taller sobre Cómo encontrar nuevos ángulos para tus historias periodísticas impartido por Carolina Robino de la BBC Mundo y el taller Microficción: Decirlo todo con casi nada con la nicaragüense María Augusta Montealegre.

Centroamérica Cuenta es una iniciativa de la Fundación Luisa Mercado y revista Carátula en coproducción con el Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica, Centro de producciones artísticas y culturales (CPAC), Feria Internacional del Libro Costa Rica, Cámara Costarricense del libro con el apoyo de Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), Unión Europea, Acción Cultural Española (AC/E), Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Instituto Francés de América Central (IFAC), Con el apoyo de Embajada de España en Costa Rica, Secretaría de Relaciones Exteriores, Instituto Cultural de México Costa Rica, Agencia Mexicana de cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXID), Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, Embajada de Brasil, Managua, Fundación Violeta Barrios de Chamorro, Heinrich Böll Stiftung, Alfaguara Penguin Random House, Grupo Editorial, Grupo Planeta, Cerveza Toña, Fundación Ubuntu, Asociación Ticos y Nicas Somos Hermanos, Universidad Autónoma de Nuevo León, México (UANL), Grupo Pellas, SER San Antonio, Ron Flor de Caña, Florida Ice and Farm Company (FIFCO), Will & Mercedes Graham, en alianza con Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), Universidad de Costa Rica, Libros para Niños, Alianza Francesa, BBC Mundo, Feria Internacional del Libro, FIL Guadalajara, HAY Festival, La Fortuna, Skawak Plaza, Centro Cultural de España en Costa Rica.

jueves, 25 de abril de 2019

El Sur de Víctor Erice


EL SUR DE VÍCTOR ERICE: CUANDO DUELE EL TIEMPO

POR PEDRO GARCÍA CUETO


El Sur. Víctor Erice
El Sur. Víctor Erice
   Con El Sur (1982) llega la segunda obra maestra del director vasco, en este caso, cuenta la historia de otra niña, Estrella (Sonsoles Aranguren), que viaja con su padre, Agustín, siempre en tren (de nuevo, el tren, máquina que huye del tiempo en busca de una felicidad que la vida niega). Todos los viajes vienen del Sur y del pasado o van hacia él. Aparece la casa familiar donde el padre y su hija alientan un mundo de sombras, pero también de luz. La llaman “La Gaviota”, donde muy pocas personas viven en el interior, anidando un espacio que conoce el dolor que trasmite el silencio, en la línea de El espíritu de la colmena.
   El péndulo es otro elemento fundamental, donde Agustín (un extraordinario Omero Antoniutti) crea un mundo de sueños y de sombras, en el desván de la casa, allí aprende Estrella la capacidad de su padre como demiurgo, como hombre que traslada sus silencios al otro lado de la vida. De nuevo, hay una referencia clara a su película anterior, El espíritu de la colmena, donde Ana, la niña, miraba el pozo, los giros de la piedra al caer al agua, aquí son los vaivenes del péndulo, en un acto místico inolvidable. Hay algo sagrado en la comunicación interrumpida entre padre e hija, las palabras se encuentran a veces con los silencios donde dormita una historia clandestina y secreta del padre.
   Julia (Lola Cardona) es la testigo del mundo del padre, la que conoce el secreto, por ello, será ella la que cuenta a la niña la historia que tuvo lugar en el Sur, donde su padre tuvo un amor especial, alguien que sigue perenne en su memoria, Irene Ríos. Sin olvidar a la criada, una inolvidable Rafaela Aparicio, que envuelta en su sabiduría escénica, cuenta a la niña revelaciones e historias, en su afán de dar una visión onírica a la vida.
   Sin desvelar más sobre la historia, vemos la magia de la mirada de la niña, las sombras del padre, la importancia del cine, Irene Ríos es una actriz que cautivó al hombre que hoy es la devoción de Estrella, la importancia de las cartas. Todos son elementos aparecidos en su anterior película, que van cobrando significados cada vez más hondos, lo que refuerza la idea de que el cine de Erice es un cine de símbolos, de objetos que empiezan a cobrar toda su intensidad, de miradas que pesan en las sombras de la casa, de silencios, cargados de verdades.
   Agustín, hombre que no encuentra nada ni nadie para superar su dolor, acabará quitándose la vida, lo que refuerza su hermetismo, su incapacidad para permanecer en el mundo y disfrutar de la devoción que su hija siente por él, nos encontramos con un padre que niega el afecto a su hija, al menos en lo más profundo de su ser.
 
El espíritu de la colmena. Víctor Erice
El espíritu de la colmena. Víctor Erice
   Película mágica, que nos desvela un mundo único, El Sur es un paso más allá de El espíritu de la colmena, porque en ella vemos de nuevo las miradas de los protagonistas, sus silencios, las ventanas que se abren a un pasado que es misterio y por la que transitan recuerdos y olvidos, sombras y luces.
    Si el personaje de Fernán Gómez en El espíritu de la colmena reflejaba la pérdida de identidad de un hombre que había perdido la guerra, Agustín es un perdedor, un autómata que vive su vacío, el recuerdo de Irene Ríos, la incapacidad para entender el mundo presente, en una búsqueda que solo puede conducirle al abismo.
    En el cine de Víctor Erice, autor de tres grandes películas, los símbolos van tamizando todo, cualquier espacio cobra significación, lo que refuerza la idea de que el lenguaje cinematográfica es sumamente visual, lo podemos trasladar a la literatura, porque los breves diálogos son poemas incompletos, hay una lírica profunda, honda, en cada imagen, en el desgarro de unos seres humanos que han perdido la fe en la vida y que expresan en sus silencios su desarraigo vital.
    Erice también tiene en cuenta el mundo de los niños, porque, al igual que en El espíritu de la colmena, hay una clara confrontación entre adultos y niños, los primeros guardianes de secretos que les llevan a la infelicidad y los segundos, seres que van descubriendo la vida en su lucha entre las luces y las sombras, los juegos de las hermanas de El espíritu de la colmena eran una forma de alejar el fantasma del pasado de los adultos, son la única forma de exorcizar los demonios de un mundo que se deshace, un espacio que ha dejado de tener sentido, donde la vida es inhabitable.
     El Sur es una hermosa película, de bella fotografía, de miradas que se van cincelando en nuestro interior, de diálogos que quedan ungidos en nuestra mente, son jeroglíficos que podemos traducir, llevándolo todo a una realidad que ya carece de sentido, donde duele el tiempo y la vida queda en sombras. 
El Sur. Víctor Erice
Víctor Erice
  
Por ello, el fatídico final, único posible a esta película de largos silencios, de miradas hondas, donde Erice compone un fresco de sentimentalismo y una personalísima mirada al cine, esa fábrica de sueños que aquí expresa cómo el mundo adulto y el de la infancia ya no pueden encontrarse, son dos espacios opuestos, el primero repleto de sombras y el segundo en construcción, una infancia que sin querer conformará a mujeres (esas niñas de El espíritu de la colmena y El Sur) con miradas que desvelan el pasado que ha marcado trágicamente sus vidas. Simplemente expreso esta intuición, pero afirmo que la infancia es nuestra verdadera patria y todo lo que somos viene de atrás, de la manera en que vimos y sentimos la vida cuando éramos niños. Erice sabe que hay un paraíso desterrado, un edén que ya no podremos conquistar de mayores, me refiero, cómo no puede ser de otra manera, a la infancia. Con El Sur nos queda un dolor adentro, un pálpito triste, una mirada honda a las luces y sombras de la vida, mi película española favorita, toda una obra maestra.

martes, 23 de abril de 2019

Historia de la poesía argentina de Luis Benítez

Historia de la poesía argentina. Luis Benítez
Portada Historia de la poesía argentina. Luis Benítez
Acerca del ensayo Historia de la Poesía Argentina. De Luis de Tejeda al siglo XX

Por el Prof. Lic. Pablo Dema 
Universidad  Nacional de Río Cuarto 
Córdoba, Argentina

Historia de la poesía argentina. De Luis de Tejeda al siglo XX, de Luis Benítez. 

Córdoba, Argentina. Editorial Buena Vista, Colección Agalma (Dir. Alejandro Schmidt), 227 páginas.

Una brújula para encontrar un mapa o las coordenadas para llegar a la casa de un guía muy particular, algo así podría ser esta reseña. La causa es que la Historia de la poesía argentina que propone Luis Benítez  se anuncia como una “guía” (en la Introducción del libro) y como un “esbozo muy general y aproximado al fenómeno” de la poesía argentina (en la Coda) pero es un instrumento de observación al que haríamos bien en historizar a su vez ya que su lente, lejos de ser transparente, está confeccionada con el misma material que describe. Un acápite inicial echa por tierra la posibilidad de un descriptivismo neutral. La cita en cuestión recupera un comentario de Javier Magistris que denuncia la existencia de una historia “hegemónica” de la poesía argentina, la cual silencia y excluye voces no oficializadas. Ya estamos preparados, por lo tanto, para leer un trabajo crítico destinado a brindar una visión alternativa que habilite voces poéticas marginadas. Hay que tener en cuenta, además, que ese propósito no es formulado por un académico sino por un poeta que pronto define con claridad su perspectiva, fuertemente marcada por su pertenencia generacional (la de los poetas emergentes alrededor de 1980). Hechas estas salvedades preliminares y antes de ver en qué términos funciona la tensión entre historia hegemónica y alternativa de la poesía argentina, cumplamos con el rito de seguir los capítulos de esta historia propuesta, la cual tiene, por supuesto, un origen preciso pero bastante remoto.
Justamente, la primera elección que hace Benítez a la hora de historizar la poesía nacional es  separarla de la fundación jurídica del Estado y unirla al devenir de la historia cultural e idiomática de la Nación, privilegiando la cuestión territorial. Así, en el siglo XVI tendríamos ya a algunos “precursores” de la poesía argentina en autores como Luis Miranda de Villafañe y Martín del Barco Centenera (nacidos fuera del territorio de la futura República Argentina) y en el siglo XVII al fundador de una poesía “protonacional” argentina en la figura de Luis de Tejeda, nacido en Córdoba en 1604. Hay un consenso en considerar al autor de El peregrino en Babilonia como nuestro primer poeta y también lo hay en relación con el hecho de que nuestras letras estuvieron regidas inicialmente por los modelos españoles: el influjo de las figuras dominantes del Siglo de Oro durante la época virreinal primero y, seguidamente, las formas neoclásicas que rigieron las producciones del siglo XVIII y principios del XIX atadas temáticamente a las vicisitudes políticas, de las que nuestro Himno nacional es ejemplo privilegiado.
Seguidamente, en los concisos y ordenados capítulos que se suceden, Benítez repasa, apoyándose en estudios y antologías que ya son clásicas, los períodos de la historia cultural y poética argentina: la generación del ‘37 y la incorporación del Romanticismo en el Río de la Plata, la gauchesca (con su raíz popular y el antecedente de los cielitos patrióticos) y el Modernismo. Para referirse a la figura de Leopoldo Lugones como representante principal de esa corriente en Argentina, Benítez tiene que reponer la trayectoria del nicaragüense Rubén Darío y describir el complejo influjo de los parnasianos y los simbolistas franceses sobre su obra para mostrar cómo es que por primera vez un movimiento poético americano influyó sobre la poesía española. Esta operación deja en evidencia uno de los supuestos no enunciados del libro: la condición de posibilidad de la historización de un género en las fronteras de un país requiere su puesta en relación con lo que una autora llamó la “República mundial de la  letras”, cuestión que vuelve a quedar de manifiesto en los sucesivos capítulos en lo que Benítez describe el asentamiento de las vanguardias en el Río de la Plata. La palabra asentamiento busca reflejar la idea de que se trató de un fenómeno progresivo, primero preparado por una temprana visita de Vicente Huidobro en 1916 (el chileno presentó su manifiesto Creacionista en el Ateneo Hispano-Argentino) y después con el regreso a Argentina de Borges en 1923, luego de su periplo europeo y, particularmente, de la adopción de los lineamientos del Ultraísmo [...]

Fragmento de la reseña a Historia de la poesía argentina de Luis Benítez. El texto completo se publicará en el número nº 60 de la revista ómnibus, de próxima aparición.


viernes, 5 de abril de 2019

El Quijote, novela y cultura de Álvaro Pineda

El Quijote, novela y cultura
Portada El Quijote, novela y cultura
Nuevo título de Mirada Malva

El Quijote, novela y cultura
Álvaro Pineda Botero

15.3cm x 23.3cm
Páginas: 336
EAN 13: 9788494852374

¿Por qué El Quijote, que fue escrito hace más de cuatrocientos años, ha sido y sigue siendo el paradigma de todas las novelas y uno de los símbolos culturales de mayor influencia en el mundo?
Tal es la pregunta que nos anima en la composición de esta obra. Nuestra indagación partió de la vida de Cervantes y del ambiente cultural y literario de su época, los cuales conforman el contexto adecuado para llevar a cabo una lectura secuencial y cuidadosa del texto. Y es en esta lectura donde aparecen las claves para definir el concepto de novela que subyace en la narración y también para comprender la influencia del libro no solo en España y Europa sino también en Colombia.
El Quijote era lectura favorita de los patriarcas colombianos de los primeros años de la República. En él encontraron las semillas que hicieron germinar en su propuesta de identidad nacional: la huella quijotesca es evidente en las obras literarias  y también en los debates políticos y en las constituciones del siglo XIX, como analizamos en los apartes correspondientes. 
En consecuencia, El Quijote, novela y cultura, ofrece no solo una visión amplia y comprensiva de la obra, útil para los lectores de todas las latitudes y culturas, sino también una reflexión sobre la problemática siempre vigente de la identidad nacional de países que, como Colombia, son herederos de la cultura española.

lunes, 11 de marzo de 2019

El otro laberinto de Julio Carrasco Bretón




Primera aproximación crítica a El Otro laberinto [1], libro de ensayo del artista mexicano Julio Carrasco Bretón

Por Mario Wong
Escritor peruano

« L’hétérogénéité constitutive du réel se donne à nous sous le masque de l’unité, de l’unité homogène. Pour la perception superficielle, le masque est le réel même. Tomber le masque, c’est prendre le risque du vertige  (…) »
Moses Dobruska (*)
« Cuando llegamos a examinar las nociones fundamentales de nuestros políticos, descubrimos que esas nociones son, en gran parte, ilusiones. Se deduce de esto que la unión no es  si misma una buena cosa como tampoco lo es en si la separación. Es también absurdo tomar partido en favor de la unión  y/o de la separación, como estar a favor de subir una escalera o de bajarla ».
G. Keith Chesterton

El otro laberinto, Julio Carrasco Bretón
Portada El otro laberinto
I
El sugestivo título del ensayo de Julio Carrasco Bretón me  remitió a mis lecturas, allá en Lima (años 70-80s), de Octavio Paz. Me dije, Julio Carrasco se propone actualizar, de alguna manera, la problemática de lo que es el « carácter del mexicano » en el nuevo siglo, en esta otra etapa de la globalización, marcada por la quiebra de las identidades  y las tradiciones que acompañaron la formación de los estados-naciones.
A una pregunta que le hiciese, a Octavio Paz, Claude Fell sobre si podía « concebirse El laberinto de la soledad como un « décryptage » de los mitos mexicanos », él respondió: « … Yo creo que El laberinto de la soledad fue una tentativa por describir y comprender ciertos mitos; al mismo tiempo, en la medida en que es una obra de literatura, se ha convertido a su vez en otro mito » [2].
Bien, quiero abordar la problemática de la psicología del mexicano, en el siglo presente, a partir de uno de los « événement-mitos » que han marcado a la generación de Julio Carrasco, una generación rupturista, el del « 2 de octubre del 68 » ; sobre ésto Paz escribió:

« El carácter de México, como el de cualquier otro pueblo es una ilusión, una máscara; al mismo tiempo es un rostro real. Nunca es el mismo y siempre es el mismo. Es una contradicción perpetua: cada vez que afirmamos una parte de nosotros mismos, negamos otra. Lo que ocurrió el 2 de octubre de 1968 fue, simultáneamente, la negación de aquello que hemos querido ser desde la Revolución y la afirmación de aquello que somos desde la Conquista y aún antes. Puede decirse que la aparición del otro México o, más exactamente, de uno de sus aspectos. Apenas si debo repetir que el otro México no está fuera sino en nosotros: no podríamos extirparlo sin mutilarnos. Es un México que si sabemos nombrarlo y reconocerlo, un día acabaremos por transfigurar: cesará de ser ese fantasma que se desliza en la realidad y la convierte en pesadilla de sangre. Doble realidad del 2 de octubre de 1968: ser un hecho histórico y ser una representación simbólica de nuestra historia subterránea o invisible. (…) » [3]

Me interesa esto de la historia subterránea e invisible y subrayo también, en la cita (las itálicas son mías), lo del otro México que si sabemos nombrarlo y reconocerlo… ; en ese événement, traumático, que fue la matanza de estudiantes en la plaza de Tlatelolco, se entrecruzaron los dos Méxicos: el México pretendidamente « moderno », desarrollado, y el México tradicional, « arcaico » (para utilizar el término, sesgadamente ideológico, al que recurre Mario Vargas Llosa, en su libro sobre el escritor peruano José María Arguedas). ¿Cómo interviene el « sincronismo », de esas dos historias (de esos dos Méxicos) en el presente siglo ? ¿Continúa a determinar, con las atingencias que hace Paz (sobre la máscara y lo real), el carácter de México, lo mexicano en nuestro mundo fragmentado ?

II
Sobre esto de la nación y la identidad, sobre la « fractura histórica », comienzo citando, in extensius (del capítulo intitulado « Dicotomía de la identidad nacional »): 

« …, en la identidad nacional del mexicano perdura un tajo histórico, que divide en dos su identidad y al mismo tiempo separa esas dos mitades, que deberían estar juntas para dar unidad al « ser mexicano » y por ende identificarse plenamente con su axiología de nación. Lo cierto es que no sucede así desde el mismo nacimiento de la patria, pues lo señala con tino la misma lápida dispuesta en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, plaza también de las tres torturas, de las tres masacres: la prehispánica, la de la Conquista y la del movimiento estudiantil de 1968; lápida en fin, que dice que ahí no hubo ni vencidos ni vencedores, que fue el parto doloroso de una nación.
Ese tajo histórico natal no ha cerrado plenamente, no ha terminado de cicatrizar en el subconsciente colectivo mexicano. La cicatriz no está concluida porque si fuera cicatriz… »[4]

Se requiere,pues, una especie de entendimiento « intespectivo » (Nietzsche), paradójicamente « fuera del tiempo », para entender el « secreto » de ese periodo histórico, la « razón » (de la sin razón) del México de esos años; a partir de descubrirle la fisura, la brecha, la « zona de riesgo », de vértigo, que nos aproxima al abismo, y que desde una « perspectiva oblicua » arroja una mirada única  sobre ese tiempo, esa época [5].
No hay identidad que no sea problemática en el mundo globalizado del capitalismo, neoliberal, distópico; en el que la dinámica de las desterritorializaciones coexisten y/o se apoyan con las intervenciones siempre más autoritarias del poder del Estado y de sus aparatos de dominación. Julio Carrasco, en el Corolario a El otro laberinto, constata: « …México está hoy sumergido en la atopía y la anomia; la utopía al alcance de su consciencia hoy también la tiene secuestrada la Iglesia, entre otras instituciones aliadas al poder. Por ello es que no se contempla un futuro viable para nuestra patria como país de justicia, probidad y equidad » [6]. ¿Qué ocurrió para que esto último no sea posible? Ese es el trabajo de examen de la psicología del mexicano, emprendido por Carrasco en este ensayo, para poder diagnosticar el mal que corroe su país (y en el que encuentro más de una similitud  y/o coincidencia con las realidades de otros países del Hemisferio Sur). En este ensayo escribe, sobre la esquizofrenia social que, como una enfermedad endémica, ha contagiado a todo el país; y cito seguido : « La esquizofrenia social es un padecimiento colectivo en todos los componentes de la sociedad mexicana, sean estos gobernantes o gobernados. Ambos sectores padecen de esta disfunción psicológica, en términos de acciones sociales y políticas; ambas partes no quieren o están incapacitadas para entender, valga la expresión, la verdadera realidad del país. Realidad lamentable, pero susceptible de ser transformada. El común de los mexicanos no quiere ver dicha realidad y mucho menos ser participe de su transformación, tal como si fuera una atmósfera mental permanente de autismo hacia la política de injusticia, inequidad e impugnidad que prevalece » [7].
Esta problemática de la identidad, de la fragmentación du réel (de la no-cohesión, de la antropofagia social), está marcada por el estigma racial que impera en México desde la Conquista. Retengo la opinión de Julio Carrasco Bretón, sobre un cuadro de Alfaro Siqueiros, cuya imagen para él sintetiza « la condición existencial del ser mexicano »; cito, otra vez, in extensius:

 « Cada vez que contemplo el cuadro del rostro de Siqueiros me estremezco, por la fuerza pictórica de este genio del muralismo mexicano y maestro nuestro. Ese cuadro que tiene un rostro de piedra y dos manos en perspectiva, que visualmente reclaman a quien contempla la pintura la ausencia metafórica de la identidad, nos ilustra el drama del rostro de piedra, del no rostro, de la ausencia de identidad, o de asumirla con conocimiento de causa, o por qué no decirlo, de aceptación de nuestro pasado de parto sangriento de nación para considerarnos como mexicanos. Rostro de piedra, frío, informe, sin vida, herencia volcánica. « Rostro no rostro » por ser cabeza de piedra que no obstante, gesticula con los brazos y las manos abiertas pidiendo…, esperando recibir algo» [8].

… y el párrafo antepenúltimo - a esta parte (de los inicios de este libro), intitulada « Herencia de vicios coloniales »- sobre el verbo « chingar », considerando la hipocresía y la tolerancia, que se entremezclan, y la relatividad del respeto y las consideraciones sociales, cita a Paz: « … Extremadamente lúcido, Octavio Paz nos brindó las coordenadas gramaticales de un mapa psicológico del mexicano, donde existía una poliangularidad del verbo chingar. México se caracteriza por tener una población que se chinga mutuamente: el jefe medio le paga al empleado (o sea que se lo chinga), y el empleado simula que trabaja (o sea que se chinga al jefe, « trabajando a medias »). Por ello, podemos concluir que en el fondo no sólo todos se chingan, sino que han chingado a la nación en su conjunto, permitiendo a su vez que de afuera los imperios modernos nos chingen como nación »[9]. Y debería concluir yo, (mi lectura de) esta parte señalando que lo que ocurrió el 2 de octubre de 1968 fue « una verdadera chingadera », y (pero…, antes) me atrevería a preguntarle (…, con una cierta aprensión) a Carrasco, si es que podríamos decir que en ese ritual sangriento de la plaza de Tlatelolco, una tragedia (y no hay que olvidar que Paz renunció a su cargo de embajador en la India [10], el gobierno de turno, de Díaz Ordaz, del PRI chingó al pueblo mexicano.

III
Recurro aquí, en esta parte final, a la reflexión que Julio Echeverría, compatriota de Carrasco, hace sobre la fórmula « dialéctica negativa » o « dialéctica en suspenso » de Teodoro Adorno, uno de los grandes teóricos de la Escuela de Frankfurt; se trata de mantener el espacio de la crítica, como forma de conocimiento, al mismo tiempo que se denuncian las síntesis en términos, valga la redundancia, de « totalidades totalitarias » (no está demás mencionar, que para Adorno se trataba de pensar después de Auschwitz; « hay que pensar, decía Adorno, de manera que Auschwitz no se repita »).
« La humanidad -escribía Adorno- ha debido someterse a un tratamiento espantoso para que naciese y se consolidase el yo, el carácter idéntico, práctico, viril del hombre, y algo de todo esto se repite en cada infancia. El esfuerzo por mantener unido el Yo pertenece al yo en todos sus estadios, y la tentación de perderlo ha estado siempre asociada a la ciega decisión de conservarlo… La angustia de perder el Yo, anulando así la frontera entre éste y el resto de la vida, el temor de la muerte y de la destrucción, está estrechamente ligado a una promesa de felicidad que ha amenazado constantemente a la civilización ». « Por detrás -y esto corresponde a la reflexión de Echeverría- surge entonces una doble denuncia del carácter « total », diríamos « fuerte », de la dialéctica. Por un lado, la dialéctica como razón cumple la función de sustituir o compensar la debilidad del yo; por otro, el pensamiento y la primacía lógica de la identidad no son sino la otra cara de la subordinación que la sociedad exige a « cada quien ». Un poder de unificación y de cohesión que termina por sacrificar a la individualidad, por « deteriorarla », en cuanto supone la expulsión de todos aquellos elementos que están demás en la propia economía  identificatoria del sujeto ».
Julio Carrasco Bretón
Julio Carrasco Bretón
Y concluyo esta nota crítica, ya bastante extensa, con el siguiente párrafo de la reflexión de Echeverría, por lo que concierne al común, al individuo y a la problemática de la identidad (en referencia al proceso cultural y civilizatorio, en México), sujetos de los cuales he tratado de ocuparme en esta mi primera aproximación a El otro laberinto:

« La dialéctica en Adorno se revuelve contra si misma. La « vida deteriorada » del individuo se opone a la sobrepotencia del Sistema. Pero a su vez, el poder del Sistema se asienta en la debilidad del individuo, que es vista como incesante búsqueda de socialización, de comunidad. Pero en la débilidad y en el « deterioro » está la capacidad de resistencia y de modificación del Sistema. Solo el individuo o pequeñas agregaciones, pueden oponerse al poder y a sus formas en una dinámica en la cual su reducido peso cuantitativo se compensa con la enorme carga simbólica de su impugnación. Impugnación que es tal justamente porque alude a otras posibilidades de agregación que no están presentes en el programa sistémico, o que en su defecto no logran ser « integradas » o introducidas en él, y cuya presencia implica de todas maneras la posibilidad de « modificarlo » (11). Y esto me permite reconocer el carácter transgresor, de impugnación del Sistema, y también de transformación social y política que tuvo el 2 de octubre del 68 en México (y los otros movimientos événementiels como el mayo francés, del mismo año, y la « Primavera de Praga »)[11].

París-Montmartre, 19 de febrero del 2019.
.

(*) Prefacio al libro Fragmenter le monde, del psicólogo y psicoterapeuta Josep Rafanell i Orra.
P.S., esta nota crítica la escribí para la presentación de El otro laberinto, en el Centre Culturel du Méxique, París, el 6 de marzo último; por cuestiones de tiempo sólo fue posible que mi exposición se limitase a la primera parte, y a algunas menciones rápidas de la segunda. Es esto lo que me lleva a publicarla completa. 


[1] Julio Carrasco Bretón, El otro laberinto. Ensayo sobre la psicología del mexicano en el nuevo siglo, México DF, Grupo Editorial Canzontle, 2018.
[2] Claude Fell, « Vuelta a El laberinto de la soledad (Conversación con Octavio Paz) »; In: Octavio Paz, Pasión Crítica, Barcelona, Ed. Seix Barral, 1985, 1990, p. 110.
[3] Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Madrid, Eds. Cátedra, 1993, 2012, p. 391.    
[4] Julio Carrasco Bretón, Ob. Cit., pp. 121-122.
[5] Véase Ilan Stavan/Juan Villoro, El ojo en la nuca, Barcelona, Anagrama, 2014, p. 40. Y agrego yo que Peter Sloterdijk, en uno de sus libros, sobre un cuadro de un artista coreano, en que el yin y el yan, aparecía atravesado, de derecha a izquierda, por una cuña, la que rompía las viejas armonías asiáticas (el tao), sostenía que testimoniaba, así, una experiencia catastrófica del mundo, en la cual no se puede adicionar l’Un et l’Autre en una unidad superior. Y que resultaba inquietante y reconfortante, al mismo tiempo, ver como el artista coreano había llegado al límite de la mentira holística: la fractura atravesaba la imagen del Tao mismo. Ciertamente, el círculo y la cuña formaban una nueva estructura, « pero esta estructura se hallaba delante de nosotros, como algo que se había -¿acaso para siempre ?- fragmentado, dislocado, mutilado. En la pintura, ni el círculo del tao, en otro tiempo armonioso, no podía integrar la cuña gris que lo atravesaba, agresivamente, ni la cuña llegaba a alienar, desde luego, las mitades del círculo, la una respecto de la otra, volviendo, así, irreconocibles los antiguos ajustes. Sin embargo, aunque separadas violentamente, ellas podían recordarnos que una comunidad partida podría expresarse, también, en un mundo que se deteriora. (…)  » (P. Sloterdijk; la traducción es mía).
[6] Ob. Cit., p. 169.
[7] Ob. Cit., p. 79.
[8] Ob. Cit., pp. 57-58.
[9] p. 58.
[10]  « …En 1968, después de la matanza de Tlatelolco -dice el escritor mexicano Juan Villorro- hubo una ruptura entre los intelectuales y el poder, pero un par de años después el presidente Echeverría lanzó la «apertura democrática» y muchos escritores se precipitaron a apoyarlo con Fuentes a la cabeza. Lo que me interesa destacar es que nunca ha quedado muy claro cual es el sitio de la independencia. Lo único que le faltó al PRI fue fundar un fideicomiso de apoyo a la disidencia, para controlarla desde dentro ». (Véase Ilan Stavan/Juan Villoro, Ob. Cit., p. 69). 
[11]  (11) Julio Echeverría, « Las rupturas postmodernas y la temática de la identidad »; In: N. Lechner, W. Schmidt, B. Echeverría, J. Hernandez, G. Vattimo, G.E. Rusconi, M. Ferraris, J. Echeverría, Debates sobre Modernidad y postmodernidad,  Quito, Editores Unidos Nariz del Diablo, 1991, pp. 180-181. Solo añado, a esta nota final a pie de página, por lo que concierne a la impugnación, de la revuelta (y el jugement del sujeto), el primer epígrafe (de un capítulo inacabado con el que debía concluir La Vie de l’esprit, libro póstumo de Hannah Arendt, sobre el análisis de la actividad de juzgar), que es un verso de Lucain, de La Pharsale (I, 128): « La cause victorieuse plaît aux dieux mais la cause vaincue plaît à Caton. » (el segundo epígrafe es un citación del Fausto de Goethe. Ver « Endurance du thaumazein et carence de jugement », Cap. VI del libro de Jacques Taminiaux La fille de Thrace et le penseur professionnel. Arendt et Heidegger, Paris, Éds. Payot, 1992, p. 212).