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miércoles, 28 de junio de 2023

Neodramatismo de Nicolás Lisardo


 Nuevo título de Mirada Malva:

Neodramatismo

Aequinoctium pater noster

Nicolás Lisardo

PÁGINAS: 330 
PVP: 22.5 € 
ISBN: 9788412434330 

[…]Nicolás Lisardo es un artista que no vive de certezas, sino que está constantemente interrogándose o, para ser más preciso, está sometido a un abismal auto-cuestionamiento trágico. […] Ensaya e incorpora, tanto en sus obras artísticas como en sus meditaciones filosófico-existenciales, el exorcismo, consciente de que hay que despertar al sueño, sin buscar la sublimación apolínea, entregándose a la turbulencia dionisíaca. En muchas páginas de este libro y, especialmente, en su capítulo final, aparece un tono de inculpación y, al mismo tiempo, una concepción aberrante del mundo. “Es el eco –escribe Lisardo– de la necesaria renuncia la única salvación para el mundo como promulgó Zaratrusta y aunque parezca que intente dar sentido a la catástrofe desde una visión introspectiva es realmente la muerte y el fracaso mi única escapatoria para poderme mostrarme límpido ante el pecado”. […] Neodramatismo es un ensayo que está atravesado por una suerte de Bildungsroman en la que podríamos jugar con la idea de que la “novela de formación” también implica cierta deformación.  Este creador intenta liberarse de ese “maldito yo” lo que le conduce a las cimas de la desesperación. No es, aunque en algunos momentos pueda parecerlo, un nihilista. Al contrario, rinde testimonio de cómo ha superado la demolición y ha dejado de lado el “carácter destructivo” […] Fernando Castro Flórez

domingo, 10 de enero de 2021

Estanterías vacías de Ricardo Bellveser

 LA VIDA ES UNA PÁGINA DE UN LIBRO

POR PEDRO GARCÍA CUETO


Llega gracias a la editorial Olé Libros. que está haciendo una gran labor de difusión de grandes poetas, el último libro de poemas de Ricardo Bellveser, uno de los grandes poetas valencianos contemporáneos que ha cultivado no solo la poesía sino también la novela y el ensayo, además de haber sido periodista muchos años. Fue también director de la Institución Alfonso el Magnánimo donde se creó un espacio cultural muy brillante en la capital del Turia. Bellveser escribe ahora Estanterías vacías, un libro que surge de la donación de muchos de sus libros, de una gran parte de su biblioteca, como si algo esencial en su vida fuera despojado para siempre.

El prólogo de José Antonio Olmedo es certero, lúcido, ahonda en la idea del tiempo que vertebra la poesía de Bellveser. Como dice en una de las páginas del prólogo: “Ser leído es volver a vivir en otro cuerpo”. Cierto, porque la lectura es un acto litúrgico, de acercamiento al ser que escribe, de un contacto tácito con las manos que han hecho posible el poema. La gran corriente afectiva pero también intelectual entre Olmedo y Bellveser se palpa en el prólogo, podemos sentir cómo dos mentes lúcidas aproximan sus oídos a un diálogo de enorme lucidez. No en vano, Olmedo es el artífice de un ensayo sobre la obra del poeta valenciano que está a punto de editar Olé libros de la mano de otro amanuense, Toni Alcolea.

Con estos mimbres, el tejido del libro solo puede deparar sorpresas, certidumbres, claridades. Al entrar en el mismo nos encontramos con el primer poema que nos deslumbra titulado “Las estanterías vacías”:

“Mi biblioteca viva. / tenía su voz y sus truenos, ahora / el silencio se ha ido adueñando / de los estantes, y apenas percibo / su jadeo, como el de quien retrepa / el empinado barranco de la melancolía”.

Esa biblioteca que se vuelve corpórea, como un ser vivo, donde los tomos son como seres que han ido acariciando la mano del poeta, que han iluminado sus ojos, ahora se convierte en un vacío, tan cruel como la muerte de un ser querido, donde oímos su voz como un eco que ya es solo eso sin una presencia que la adorne de luz. La decisión de la donación se torna en dolorosa, porque viene también en un momento difícil de la vida del poeta donde se plantea la existencia, cuál es el lugar que ocupamos en el mundo.

Como el que ama sin saber que lo que le pertenece es efímero, Bellveser se siente dolido porque ahora sí comprende que los libros que a veces estaban allí indiferentes lo eran todo para él:

“¡Ay literatura!, ay libros / perdóname porque no te haya / dignificado lo que te mereces”.

La vida se convierte entonces en un espacio vacío sin libros, solo queda recordarlos, memorizarlos, como mostraba Bradbury en su famosa novela que llevó al cine Truffaut, libros que siguen con nosotros, que nos acarician como fantasmas. Para el poeta valenciano, literatura y vida son un solo paso, una convergencia que culmina en el poema “Vivir en los libros leídos y no”:

Estanterías vacías

“Vivir y leer, una misma cosa, leer es vivir / por medio de otros, de prestado tal vez, / vivir en lo ajeno, cuando esas líneas / entran en nosotros y en nosotros se quedan.”


La literatura se convierte en vida y vivimos más lo que leemos que lo que nos rodea, se nos aparece la Maga de Cortázar o el Quijote de Cervantes, la realidad se torna un espejismo y la lectura todo.

El poeta enviuda de su propia vida, como dice en el excelente poema titulado “La vida según Borges”, pero luego llega en otra parte del libro el sentido del tiempo, la sensación de haber vivido y no saber si ha sido el camino correcto, si ha servido para algo en realidad. En el poema “Libros y virus”, dice el poeta:

“Ahora lo voy entendiendo: / he vivido, si no mucho, sí lo bastante, / pero apenas he aprendido nada”.

   Ante la inminencia de la vejez y de la enfermedad, Bellveser se confiesa confuso, envuelto en las briznas de un tiempo que se borra, que apenas se vislumbra, el pasado se pierde en la neblina. Por ello, en los poemas “La enfermedad” y “En los quirófanos” late el hombre cuya conciencia sigue intacta, su lucidez a flor de piel, pero el cuerpo se convierte ya en un extraño, porque traiciona el deseo de seguir, impone el dolor como aventura vital. Dice “En los quirófanos”:

“Al regresar del sueño / he comprobado que mi carne / tiene prisa por reunirse con la muerte”.

   Bellveser sabe que todo es derrota al final y en el momento en que nos vemos desnudos ante la adversidad nos vemos consolados por el recuerdo, por los afectos y por esos libros que ya no ocupan espacio en su estantería, pero que le persiguen ya sin rencor alguno.

   Impresiona también por la gran honestidad de este libro que nace de un momento vital duro el poema “La soledad total” donde la certeza de Darío en “Lo fatal” cumple su rito, estamos abandonados a esa soledad definitiva del nicho donde la vida solo sea un espacio concluido, finalizado, del que ya apenas quedará nada:

“La soledad total es la soledad del nicho, / preludiada por el sonido de la caja / al entrar en la última atmósfera sin aire, / es la soledad de un libro no leído…”

  Sin duda, el ser se va definitivamente y deja en los otros un eco que con el tiempo se hace más distante, pero que al igual que un libro no leído pasa a formar parte del olvido. En la senda de Cernuda y de su magnífico “Donde habite el olvido”, Bellveser se pregunta qué es la vida, qué sentido tiene todo lo que ha pasado y lo que queda por pasar. 

   El libro lleva un aliento pesimista pero lúcido, hondo, que deja un hueco para el optimismo y ese es el recuerdo como deja caer en el poema “…Y llegará la lluvia”:

“Nunca hemos sido tan libres / como cuando nuestros cuerpos / estaban nuevos, sin amenazas / ni espejos que recitaran sus verdades”.

   Ese tiempo ido, quizá el de la niñez o el de una juventud libre y sin miedos le llega, ahora es eco cuando pasea y ve a una pareja que se mira a los ojos. Quedan briznas entonces de un esplendor que él también vivió.

   Y concluyo, pese a que hay muchos poemas que merecen ser comentados (el que dedica al reloj es también estremecedor), con un homenaje a la poesía, porque es ella la que queda, la que permanece junto al poeta en esa soledad del tiempo y del dolor. Así concluye esta declaración de amor que hace de este libro el más verdadero de todos, porque  la hondura de los poemas viene transida de emoción y de verdad:

“Todo se lo debo a ella. / de la vida a la toma / de altas torres de arrogancia. / el haberme permitido / que le hiciera el amor. / como a una muchacha / a la que le vibraran los pechos / al caminar de la carne”.

   Es la poesía entonces el último refugio, el que nunca abandona, el espacio donde uno puede abrazarse hasta el final, cuando ya no seamos más que una memoria sepultada entre ortigas, como diría el maestro Cernuda. 

   El libro es un paisaje emocional que nos rompe por dentro porque expresa la certidumbre de un hombre que ya conoce su destino y que se aferra a la vida, a esos libros que no están pero que permanecerán para siempre, incluso los no leídos, esperando la caricia del poeta, como si fueran una luz en la oscuridad que al final lo resume todo. Ricardo Bellveser hace de Estanterías vacías el mejor canto a la vida, a su efímero pasar y a ese mundo que le ha dado todo, pese a que las páginas no leídas sean también las que no se han recorrido. Un gran libro de un gran poeta.


TÍTULO:  ESTANTERÍAS VACÍAS

AUTOR: RICARDO BELLVESER

EDITORIAL:  OLÉ LIBROS

AÑO: 2020.

jueves, 15 de octubre de 2020

Galdós, a propósito de “Miquiño mío”. Cartas de Emilia Pardo Bazán

                          Galdós, a propósito de “Miquiño mío”. Cartas de Emilia Pardo Bazán

 

Por Sylvia Miranda

Escritora peruana

 

Este año 2020 que se va cerrando, y que muchos desearíamos que no hubiera comenzado, aludiendo al Covid-19, se conmemora también el centenario del fallecimiento del escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). El escritor más destacado de la novela realista española del siglo XIX. Para mí, su nombre estuvo siempre asociado a su novela Fortunata y Jacinta (1887), que pude leer de adolescente en Lima a principios de los años ochenta, en una edición popular. El recuerdo de esta novela, se me revela triste, las imágenes de una ciudad donde campaba la miseria y la desigualdad social, y unos personajes femeninos, en varios sentidos frágiles, llevados a situaciones extremas e injustas. 

Es cierto, ahora que se habla tanto de la identificación de Galdós con Madrid, que él supo expresar una imagen profunda de la ciudad, de un pueblo más allá de las fronteras señoriales de la ciudad burguesa. Pero, el Madrid de Galdós, un siglo y medio después, ha quedado necesariamente reducido al centro histórico, lo que hoy llamaríamos el Madrid turístico. Como parte de la conmemoración del centenario, se ha publicado un itinerario del escritor por la ciudad con el que podemos pasear por los lugares que fueron importantes en su vida.

Sería una forma grata de pasear por Madrid con los amigos, como se ha paseado siempre en Madrid, bajo un sol luminoso y resueltamente, si no estuviéramos de nuevo en estado de alarma; aunque es cierto, se podría pasear en petit comité, enmascarados al estilo Zorro, pero con la mascarilla sobre los labios y recatadamente; lo que no fallará es el sol. El sol de Madrid que es la bendición de Madrid. Podríamos pasar por la Pensión de la calle de Las Fuentes, 3 donde vivió el escritor cuando llegó a la capital, o ir a la calle San Bernardo, 49 en la que se encontraba la Universidad Central y donde se matriculó en derecho, o poner pie en la calle Marqués Viudo de Pontejos, 1 donde vivía la dulce Jacinta Santa Cruz o, mejor aún, ir a la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas (hermoso nombre), Plaza del Dos de mayo, 11, esquina con la calle Palma, donde Galdós se citaba clandestinamente con la famosa escritora gallega Emilia Pardo Bazán (1851-1921).

Pero, a falta de la algarabía y la holganza callejera, quería proponer otra forma de acercarse a la figura de Galdós, una manera más íntima y muy ligada a Madrid también, a través de este espléndido libro que han editado y reeditado por tercera vez, y que se ha vuelto a agotar, que es “Miquiño mío” Cartas a Galdós. En él se reúnen todas las cartas conocidas que la Condesa Emilia Pardo Bazán le escribió a Benito Pérez Galdós durante los largos años de su relación afectiva. 

Esta edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández tiene el gran mérito, así comprendido por los lectores, de contar con un prólogo interesante y cercano, que aporta profundidad a la figura de ambos escritores, haciendo más accesible y más clara la correspondencia. Asimismo, nos acerca a un proceso minucioso en el que la investigación y sus azares se entrelazan para depararles a los editores una intensa experiencia de vida, al adentrarse en los entresijos de una relación de admiración, amor y fidelidad que descubren estas cartas.

Como ellos mismos comentan “en los objetos no permanece de su dueño más que lo que nuestra imaginación quiera añadir. La costumbre de conocer la casa de los escritores tiene que ver más con el visitante que con la indagación sobre la vida de los autores”(pp. 10-11). Me parece muy acertado, y esto se puede aplicar también a los investigadores, que con su mirada, con su apreciación personal, son capaces de otorgar una nueva visión del asunto, alumbrar una perspectiva singular. Creo que Parreño y Hernández se enamoraron de la figura de esta mujer excepcional para su época y llegaron a trasmitirnos, a través del comentario fino y de la organización tripartitade la correspondencia, una visión renovada de aquella relación que unió a Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós.

Hubiera sido maravilloso que las cartas de Galdós a Doña Emilia se hubieran conservado y publicado, quizás fueron destruidas como simples papeles viejos, eso nos hubiera dado la visión precisa de esta relación que se inició epistolarmente en 1883 con una carta de agradecimiento de Galdós a Doña Emilia y finaliza en 1915, con una misiva de Doña Emilia al escritor. Son 93 cartas, de las cuales sólo una, la que abre la correspondencia de este libro, es del escritor canario. Sin embargo, y eso es lo sorprendente, el epistolario basta para darnos no sólo una idea muy clara de las grandes cualidades humanas e intelectuales de Doña Emilia sino que también, a través de ella, de su intimidad con Galdós, nos permiten esbozar la figura del escritor, percibirlo a través de preocupaciones compartidas, anhelos, cambios y constancias. En las cartas de Doña Emilia, reverbera la voz de lo que no llegó a nuestros ojos; de la confianza y la intimidad de su relación emerge parte del ser humano que fue Galdós.

Surge también, como ruido de fondo, como anécdota, como detalle de circunstancia,  ese mundo decimonónico, de una España y de un Madrid, en particular, que se van abriendo a la modernidad a través de la literatura y de los criterios que sustentan la novela realista, de la intensa actividad periodística, del teatro y de las primeras luchas por la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres de la que fue pionera Doña Emilia; refleja también las mezquindades del mundillo intelectual y literario, y el ansia de descubrir Europa más allá de los Pirineos, dejándonos entrever ese siglo XIX de los libros de viajes, de los barcos, de los trenes, de las crónicas.

Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós
Pero, quizás, lo que más emociona está en que el libro nos revela, con donaire, la cultura y la modernidad del pensamiento de Doña Emilia, su fuerza vital, su personalidad arrolladora, su ternura, sus decepciones y tristezas; su gran amor por Don Benito nos permite percibirla hondamente como artista y admirarla más si cabe. La lealtad al amor y a la amistad, la entereza en reconocer sus errores, pero la firmeza y la ironía para defenderse frente a la doble moral masculina, perfilan bien sus convicciones y su temperamento.

Lo imposible y lo temible era que no nos viésemos, que suprimiésemos la comunicación, cuando nuestras almas se necesitan y se completan, y cuando nadie puede sustituir en este punto a tu Porcia. No deseo ciertamente que me hagas una infidelidad, no; pero aun concibo menos que te eches una amiga espiritual, a quien le cuentes tus argumentos de novelas. A bien que esto es imposible; ¿verdad, mi alma, que es imposible? (p. 116).

Por su parte, Don Benito, la acompasa con su carácter, que se percibe mesurado, reservado en muchos casos, pero en el que se presiente siempre su apoyo, respaldándola por ejemplo en lo que llaman “la cuestión académica”, o compartiendo criterios sobre la importancia de la masa popular como “cantera donde se reservan las energías nacionales” (p. 72) o comprometiéndola en proyectos, como aquel viaje furtivo que emprendieron juntos a Alemania y que ella recuerda de esta manera:

Hemos realizado un sueño, miquiño adorado: un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible.- Le hemos hecho la mamola al mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés que las prohíbe también, con igual éxito; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices, porque están en el Empíreo con cara de bobos tocando el violín… Felices, nosotros. (p. 151).

También está la propuesta de Doña Emilia, llena de entusiasmo, para llevar Realidad al teatro. Cartas llenas de picardías, de alardes verbales, de sobrenombres amorosos, de preocupaciones por la salud, salpicadas también de situaciones más coyunturales, como la ayuda que le pide Doña Emilia y que parece brindarle Galdós para encontrar una casa en la que ella pueda instalarse cómodamente en Madrid. Lo bello de una correspondencia es que trasmite la vida en su plenitud, llena de energía y de locura, así, para el lector, todo vuelve a suceder como en un presente que ha quedado encerrado en unas páginas.

El libro está dividido en tres partes, que muestran el proceso de esta relación que duró cerca de 32 años, si nos ceñimos a las cartas pero que, en realidad, duró hasta la muerte de Galdós en 1920. Va desde los inicios de la amistad, pasando por la de la época del amor declarado y las citas disimuladas en “Palma street, junto a la Iglesia de Maravillas”, al que le seguirá el de la ruptura, la reconciliación y la última, la del distanciamiento de Don Benito y la fidelidad a la amistad de Doña Emilia que comienza a expresarse en estas líneas de diciembre de 1893:

Y V., ¿no experimenta también deseo de abrir su alma de artista, a alguien que no le envidie y que le entienda y le mire como cosa propia? Es posible que no; yo no me creo indispensable; nuestro carácter es distinto; V. se basta, por ser naturalmente reservado y porque gustó de la soledad antes que se la hiciesen grata las mil decepciones de este pícaro métier. Sea como sea: yo… le quiero mucho (no al métier sino a V.)”. (p. 205)

Este libro es, a su modo, también un homenaje a la figura de Galdós y una forma de celebrarlo en la intimidad de la lectura, que de nuevo se nos presenta como el acto que pese a todos los pesares nos hace libres, nos cuelga alas, nos lanza al vuelo.

Madrid, octubre de 2020

 

*Emilia Pardo Bazán, “Miquiño mío”. Cartas a Galdós, edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, Madrid, Turner Noema, tercera edición, 2020, pp. 231.

 

 

jueves, 30 de abril de 2020

SACO. Postales filmadas



POSTALES FILMADAS

MANUEL MARTÍN CUENCA · ARANTXA AGUIRRE        BELÉN FUNES · LOIS PATIÑO · GONZALO TAPIA          DAVID PANTALEÓN · MAIDER FERNÁNDEZ                 PEDRO NEVES · JUAN LUIS RUIZ


POSTALES FILMADAS es el nuevo proyecto de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) para CULTURA DE SALÓN, la programación on line que la FUNDACIÓN MUNICIPAL DE CULTURA DE OVIEDO ha puesto en marcha tras decretarse el estado de alarma por COVID-19. Esta iniciativa avanza en la relación entre artes poniendo el foco en cineastas que han presentado sus películas en alguna de las cinco ediciones de SACO. POSTALES FILMADAS fusiona el día a día confinado de directores y directoras con música, diálogos o textos de sus películas favoritas en las voces de intérpretes de doblaje y locutores de radio.

Oviedo, 29 de abril de 2020. – El proyecto POSTALES FILMADAS propone a nueve directores y directoras que han participado en la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) la creación de piezas cortas que muestren su mirada artística durante el confinamiento. Manuel Martín Cuenca, Arantxa Aguirre, Belén Funes y Lois Patiño son algunos de los cineastas que participan en este proyecto que forma parte de Cultura de salón, la programación on line creada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo durante el estado de alarma.
POSTALES FILMADAS fusiona los planos grabados por los cineastas en sus casas con diálogos, textos o música de sus películas favoritas, creando así un vínculo entre ambas obras y formando piezas únicas, como Qué suerte que tengo que, encerrado en casa, no puedo matar a nadie, la propuesta de Manuel Martín Cuenca, arropada por uno de los diálogos de Ensayo de un crimen, de Luis Buñuel, en las voces de los actores de doblaje Luis González y Jessy Martínez. Esta pieza está disponible desde el día 29 de abril.
El resto de POSTALES FILMADAS son:
ü  ¿Qué puedo hacer?, de Arantxa Aguirre, que ha elegido una versión de J’sais pas quoi faire del músico Loïc Desplanques elaborada a partir de una frase que Anna Karina interpreta en Pierrot le fou (Jean-Luc Godard, 1965). Disponible.

ü  Mi confinamiento con Resnais, de Juan Luis Ruiz, con un fragmento de Noche y niebla (Alain Resnais, 1955) en la voz de la locutora Sonia Avellaneda. Disponible.

ü  Ama, de Maider Fernández, con una de las cartas que aparecen en News From Home (Chantal Akerman, 1977) leída por la actriz Nuria Santos. Disponible.

ü  Plegar el espacio, de David Pantaleón, con un fragmento de Dune (David Lynch, 1984) en la voz de la locutora Graciela Oliveira. Disponible a partir del 1 de mayo.

ü  Have you been living on the moon?, de Pedro Neves, arropada por un diálogo de Stalker (Andréi Tarkovsky, 1979), con las voces del actor de doblaje Fran Jiménez y del periodista José Manuel Echéver. Disponible a partir del 4 de mayo.

ü  La soledad del escritor, de Gonzalo Tapia, con un diálogo de Barton Fink (Joel Coen, 1991), interpretado por los actores Jorge Fandos y Fran Jiménez. Disponible a partir del 6 de mayo.

ü  Pieza de Belén Funes, con un monólogo de Yi Yi (Edward Yang, 2000). Disponible a partir del 8 de mayo.

ü  El deseo más recóndito, de Lois Patiño. Disponible a partir del 10 de mayo.


POSTALES FILMADAS es la segunda programación diseñada por SACO durante el confinamiento. La primera, SACO en CASA, estrenada entre el 6 y el 12 de abril, tiende puentes entre el cine y la música contemporánea con bandas sonoras creadas para joyas del cine mudo como Viaje la luna. One Week o Frankenstein por los músicos Sonsoles Rodríguez, Jacobo de Miguel y Pablo Canalís, entre otros.
Puedes ver POSTALES FILMADAS en:

    Youtube SACO


Para más información y gestión de entrevistas:
Marta Barbón
Prensa SACO
+ 34 616 72 06 97

jueves, 25 de abril de 2019

El Sur de Víctor Erice


EL SUR DE VÍCTOR ERICE: CUANDO DUELE EL TIEMPO

POR PEDRO GARCÍA CUETO


El Sur. Víctor Erice
El Sur. Víctor Erice
   Con El Sur (1982) llega la segunda obra maestra del director vasco, en este caso, cuenta la historia de otra niña, Estrella (Sonsoles Aranguren), que viaja con su padre, Agustín, siempre en tren (de nuevo, el tren, máquina que huye del tiempo en busca de una felicidad que la vida niega). Todos los viajes vienen del Sur y del pasado o van hacia él. Aparece la casa familiar donde el padre y su hija alientan un mundo de sombras, pero también de luz. La llaman “La Gaviota”, donde muy pocas personas viven en el interior, anidando un espacio que conoce el dolor que trasmite el silencio, en la línea de El espíritu de la colmena.
   El péndulo es otro elemento fundamental, donde Agustín (un extraordinario Omero Antoniutti) crea un mundo de sueños y de sombras, en el desván de la casa, allí aprende Estrella la capacidad de su padre como demiurgo, como hombre que traslada sus silencios al otro lado de la vida. De nuevo, hay una referencia clara a su película anterior, El espíritu de la colmena, donde Ana, la niña, miraba el pozo, los giros de la piedra al caer al agua, aquí son los vaivenes del péndulo, en un acto místico inolvidable. Hay algo sagrado en la comunicación interrumpida entre padre e hija, las palabras se encuentran a veces con los silencios donde dormita una historia clandestina y secreta del padre.
   Julia (Lola Cardona) es la testigo del mundo del padre, la que conoce el secreto, por ello, será ella la que cuenta a la niña la historia que tuvo lugar en el Sur, donde su padre tuvo un amor especial, alguien que sigue perenne en su memoria, Irene Ríos. Sin olvidar a la criada, una inolvidable Rafaela Aparicio, que envuelta en su sabiduría escénica, cuenta a la niña revelaciones e historias, en su afán de dar una visión onírica a la vida.
   Sin desvelar más sobre la historia, vemos la magia de la mirada de la niña, las sombras del padre, la importancia del cine, Irene Ríos es una actriz que cautivó al hombre que hoy es la devoción de Estrella, la importancia de las cartas. Todos son elementos aparecidos en su anterior película, que van cobrando significados cada vez más hondos, lo que refuerza la idea de que el cine de Erice es un cine de símbolos, de objetos que empiezan a cobrar toda su intensidad, de miradas que pesan en las sombras de la casa, de silencios, cargados de verdades.
   Agustín, hombre que no encuentra nada ni nadie para superar su dolor, acabará quitándose la vida, lo que refuerza su hermetismo, su incapacidad para permanecer en el mundo y disfrutar de la devoción que su hija siente por él, nos encontramos con un padre que niega el afecto a su hija, al menos en lo más profundo de su ser.
 
El espíritu de la colmena. Víctor Erice
El espíritu de la colmena. Víctor Erice
   Película mágica, que nos desvela un mundo único, El Sur es un paso más allá de El espíritu de la colmena, porque en ella vemos de nuevo las miradas de los protagonistas, sus silencios, las ventanas que se abren a un pasado que es misterio y por la que transitan recuerdos y olvidos, sombras y luces.
    Si el personaje de Fernán Gómez en El espíritu de la colmena reflejaba la pérdida de identidad de un hombre que había perdido la guerra, Agustín es un perdedor, un autómata que vive su vacío, el recuerdo de Irene Ríos, la incapacidad para entender el mundo presente, en una búsqueda que solo puede conducirle al abismo.
    En el cine de Víctor Erice, autor de tres grandes películas, los símbolos van tamizando todo, cualquier espacio cobra significación, lo que refuerza la idea de que el lenguaje cinematográfica es sumamente visual, lo podemos trasladar a la literatura, porque los breves diálogos son poemas incompletos, hay una lírica profunda, honda, en cada imagen, en el desgarro de unos seres humanos que han perdido la fe en la vida y que expresan en sus silencios su desarraigo vital.
    Erice también tiene en cuenta el mundo de los niños, porque, al igual que en El espíritu de la colmena, hay una clara confrontación entre adultos y niños, los primeros guardianes de secretos que les llevan a la infelicidad y los segundos, seres que van descubriendo la vida en su lucha entre las luces y las sombras, los juegos de las hermanas de El espíritu de la colmena eran una forma de alejar el fantasma del pasado de los adultos, son la única forma de exorcizar los demonios de un mundo que se deshace, un espacio que ha dejado de tener sentido, donde la vida es inhabitable.
     El Sur es una hermosa película, de bella fotografía, de miradas que se van cincelando en nuestro interior, de diálogos que quedan ungidos en nuestra mente, son jeroglíficos que podemos traducir, llevándolo todo a una realidad que ya carece de sentido, donde duele el tiempo y la vida queda en sombras. 
El Sur. Víctor Erice
Víctor Erice
  
Por ello, el fatídico final, único posible a esta película de largos silencios, de miradas hondas, donde Erice compone un fresco de sentimentalismo y una personalísima mirada al cine, esa fábrica de sueños que aquí expresa cómo el mundo adulto y el de la infancia ya no pueden encontrarse, son dos espacios opuestos, el primero repleto de sombras y el segundo en construcción, una infancia que sin querer conformará a mujeres (esas niñas de El espíritu de la colmena y El Sur) con miradas que desvelan el pasado que ha marcado trágicamente sus vidas. Simplemente expreso esta intuición, pero afirmo que la infancia es nuestra verdadera patria y todo lo que somos viene de atrás, de la manera en que vimos y sentimos la vida cuando éramos niños. Erice sabe que hay un paraíso desterrado, un edén que ya no podremos conquistar de mayores, me refiero, cómo no puede ser de otra manera, a la infancia. Con El Sur nos queda un dolor adentro, un pálpito triste, una mirada honda a las luces y sombras de la vida, mi película española favorita, toda una obra maestra.

jueves, 10 de enero de 2019

Teatro real de Leopoldo de Luis

Leopoldo de Luis Teatro Real
Nuevo título de Mirada Malva

Leopoldo de Luis
Teatro Real
13cm x 21cm
Páginas: 108
EAN 13: 9788494852350

En 1957 Leopoldo de Luis publicó el que sería uno de sus mejores libros y, desde luego, el más trabado, que se situaría de inmediato entre los más importantes de la poesía social española de postguerra. Teatro Real, de Leopoldo de Luis, Quinta del 42 (1953), de José Hierro, Cantos Iberos (1954), de Gabriel Celaya, y Pido la paz y la palabra (1955), de Blas de Otero, caracterizan un tipo de lírica de preocupación social y, sin duda, patriótica que, con su calidad indiscutible, rompió el modo de la poesía simbolista aún vigente y, sin caer en el prosaísmo, encontró un modo de trascender la escritura realista.
Teatro real recoge el topos literario del teatro del mundo para que, modernizado, exprese el enfrentamiento del poeta con el ser y el tiempo que le ha tocado vivir, el conflicto social y la esperanza, todo ello en un tono marcadamente existencialista. Leopoldo de Luis, siempre fiel lector de Albert Camus, y que llegó a publicar, dos años antes, un libro titulado El extraño, tal vez sea el mejor ejemplo de la literatura existencialista de postguerra, que no dejó de tener entonces un evidente sentido político. Esta nueva edición del libro cuenta con un importante prólogo del profesor Valentín Navarro Viguera.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Sin Fronteras Primera Feria de Arte Solidario


Sin Fronteras Primera Feria de Arte Solidario nace con la intención de aportar un grano de arena para paliar la tragedia que a diario viven las personas refugiadas. Las y los artistas queremos que nuestro trabajo tenga también una dimensión social, conectar nuestra creación con nuestro mundo, llegar a la sociedad en la que vivimos y ayudar a transformarla, luchar por otro mundo posible.  
Artistas Plásticos Sin Fronteras de Madrid con la imprescindible colaboración del Ayuntamiento de Madrid y las generosas donaciones de 98 artistas participantes pone en marcha esta Primera Feria de Arte Solidario. La venta de las obras aportadas va íntegramente para que Médicos Sin Fronteras cuente con más recursos en los campamentos de personas refugiadas en los que actúa.
Sin Fronteras tendrá lugar del 15 al 18 de marzo en la sala Fernán Gómez del Centro Cultural de la Villa de Madrid (de 10 a 21h). La inauguración será el jueves 15 de marzo a las 19,30 horas y el acto será presentado por el comunicador Paco Lobatón, un hombre solidario y especialmente sensible ante los problemas humanos.
Artistas participantes: Alfredo Alcaín, Manuel Alcorlo, Pedro Almeida, Antonio Alvarado, José-Félix Álvarez Prieto, Manolo Amaro, Manuela Armada, Vivian Asapche, Carlos Bandrés, Justo Barboza, Ángel Bellido, Francisco Bernal, Elena Blanch, Fausto Blázquez, Marta Buenaventura, Teófilo Buendía, Manuel Campoamor, Juan Carlos Carrazón, Javier Carro, Alejandro Carro Pérez, Olvido Castillo, Tomás Cordero, Santos Díaz, Manuel Domingo Castellanos, Juan Eizaguirre, Enrique Esteve, Oscar Estruga, Gudrum Ewert, Ivon Ferrer, Enrique Flores, Gabriel Fuertes, Miguel García Rodríguez, R. García Tejero, Daniel Gil, Gema Goig, Gutierrez Goñi, Anaida Hernández, Ibírico, Luis Emilio Izaguirre, Sohad Lachiri, Enrique Lanza, José de León, Rafael Liaño, Javier Liébana, Jerónimo López, Lucía López Bisquert, Mirjana Lucic, Vladimir Llaguno, Joel Llorente, Silvan Malet, François Maréchal, Elena Martín, Adrián Menéndez, Aldo Menéndez, Jacoba Millán, Rufino de Mingo, Juan José Molero, Pedro Monserrat, Emilio Morales, Noel Morera, María Muñoz Conde, José Manuel Nuevo, Javier Olayo, Yolanda Onandía, Nacho Ordás, Luis Ortés, Enrique Ortíz, Manolo Oyonarte, Carmen Oyarzabal, Carmen Pagés, Mela Paredes, Juanjo Parra, M. Carmen Patier, Miguel Peña, Luis Rapela, Geo Ripley, Ricardo Rivero, Rafael Rivera Rosa, Eva Rodríguez, Pablo Rodríguez Guy, Diego Romero, José Luis Sainz, Nelson Sambolin, Nana Santamaría, Carmela Saro, Pablo Sicet, José Luis Simón, Vicente Talens, Taniaguper, Pedro Terrón, Spela Trobec, Anna Verrijt, Carlos Vidal, Jesús Vizuete, Ana Weiss, Hugo Wirz, Yano-Yoro, Pilar Zaragoza.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El Mirador de Velintonia o la mirada nostálgica de un poeta

EL MIRADOR DE VELINTONIA O LA MIRADA NOSTÁLGICA DE UN POETA

POR PEDRO GARCÍA CUETO

   La Fundación José Manuel Lara ha publicado Mirador de Velintonia, con el subtítulo De un exilio a otros (1970-1982), un estupendo libro que hace un repaso por muchas figuras que su autor, el periodista, poeta y novelista canario Fernando Delgado ha llevado a cabo, como si fuera un entomólogo, mirando el paisaje de estos seres, sus formas de ser, su presencia en su vida, late en el libro un deseo de evocar a muchos de los grandes de nuestras letras. Por el libro desfilan Paco Brines, Carlos Bousoño, Pablo García Baena, Claudio Rodríguez, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, etc.
   La gran virtud del libro es el respeto que el autor tiene con todos, son espejos donde Fernando Delgado se ha mirado, desde muy joven y comenzando con el encuentro con Neruda, al lado de su amigo Juan Cruz, el autor va trazando con mirada de amanuense, como aquellos que iban componiendo las palabras lentamente, otorgando belleza a su labor de copistas, los encuentros con cada uno de ellos, fueron muchos los amigos que Fernando fue cultivando, en el libro va contando sus impresiones, como si de un bello paisaje se tratase.
   Excelente es el retrato de Max Aub que paseaba con Delgado por el Retiro, ya mayor, la descripción del autor merece la pena:
“Sus ojos bien despiertos, nuevos de curiosidad tras sus gruesas lentes de miope, revelaban ansiedad ante el tiempo distinto que atisbaba y si entraba por descuido en la batalla del abuelo eludía con ironía lo que acaso tomara por desliz” (p. 104).
    Sin duda alguna, Delgado sabe ver a sus personajes, entenderlos en su interior, los retrata, pero no los juzga, hay una libertad presente, son seres que hacen historia al nombrarlos, todos con sus creaciones, sus exilios, sus penas y sus alegrías. Para Delgado, Aub “fue una rareza, un español por propia voluntad”.
    El de Juan Gil-Albert también es un retrato muy bello, el escritor de Alcoy que fue gestando una obra silenciosa, como un amanuense que escribe solo en su sala, sin nadie a quien dirigir su obra, en un exilio interior que duró décadas, hasta que unos cuantos escritores le dieron el prestigio que siempre se mereció, Dice Delgado sobre Juan:
“Sus inteligentes reflexiones, la coherencia de sus gustos, el deslumbramiento nunca disimulado ante la belleza, nos mostraban a un personaje profundamente enamorado de la vida que en la avanzada edad –había nacido en 1906 y  mi primer encuentro con él se produjo a principios de los años setenta- tenía a la vida por recién estrenada y aún parecía ser sorprendido por ella” (p. 117).
    Pero el personaje principal es siempre Aleixandre, su generosidad, su casa de Velintonia, donde centenares de escritores fueron a visitarlo, era el lugar de confesión, el proscenio donde los poetas iban desfilando, ante la generosidad del vate, del maestro, del hombre que hacía de su armonía todo un mundo.
    Sin duda, para Delgado, no hubo enemigos para Aleixandre, siempre modesto, generoso y acogedor, un hombre inolvidable ciertamente y gran poeta, como muy pocos lo han sido.
   La preferencia de Aleixandre por dos amigos entrañable, Lorca y Miguel Hernández, como le contó a Delgado, el pesar por no haber podido salvarles la vida, esa huella que queda en el gran hombre que ha confraternizado con ellos, donde encontraron, allá en Velintonia, el lugar de la poesía, más allá de la propia vida.
  
Fernando Delgado
  El libro contiene anécdotas divertidas, como la aparición del extravagante Vicente Núñez, cuando Baena, Delgado y Villena se lo encuentran en un viaje, hay mucho humor en ese episodio y melancolía en el libro, todo un testimonio de un mundo que nadie podrá olvidar.
    Para los lectores, el libro es emotivo, vemos a Brines, a Bousoño, en la presentación en Madird, en la librería Alberti, Delgado dijo que no había conocido a alguien más inteligente que Gil de Biedma, a pesar de su carácter y su difícil trato.

    Al hablar de todos ellos, el respeto, la admiración, el deseo de reencontrarse con ellos, vive, respira, haciendo de este un bello libro de lectura muy recomendable, todo un tratado de humanidad que debemos saborear poco a poco, como los buenos vinos.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Poesía en el jardín

Poesía en el Jardín, Granada
El próximo día 12 de septiembre a las 21:00 horas se reanuda la Séptima Edición del ciclo Poesía en el Jardín en la Casa de los Tiros con la intervención de la poeta Mónica Francés, acompañada del músico Jesús Hernández.
En martes sucesivos intervendrán Olalla Castro y Álvaro Salvador.

MARTES, 12 DE SEPTIEMBRE
21.00 horas
Lectura poética de
Mónica Francés
Con el acompañamiento musical de Jesús Hernández


Organizan: el Centro Andaluz de las Letras y el Ateneo de Granada

Para más información:
http://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras/opencms/es/portal/


PROGRAMA

Programa 2017 Poesía en el Jardín, Granada

jueves, 20 de julio de 2017

Obra artística de Mario García

Marío García
Marío García
MARIO GARCÍA
Granada, España.

Del 1990 al 1998 realiza estudios en la facultad de Bellas Artes.
Titulado de Grado Superior, Doctorado y licenciado en Bellas Artes, Universidad de Granada, especialidad en Artes Plásticas, Pintura.
Desde el inicio de su trayectoria profesional fue un pintor inquieto y preocupado tanto por la necesidad de renovar el arte a través de la pintura como por la función del arte y el artista en la sociedad.
Del 1994 al 1996 viaja por Europa participando del proyecto colectivo “Exposición Portatil I -XV..” de la Galería Virtual.
Del 1997 al 2007 realiza una serie de trabajos como editor, estampador y Artista, en ediciones de grabado calcográfico, litografías y serigrafías originales
En 2001 pasa una temporada en Miami donde establece contacto con Karen Asher directora de Caesarea Gallery.
Del 2006 al 2008 desarrolla una serie de murales de gran formato para Árgola Arquitectos.
Del 1992 al 2014. Paralelamente al trabajo en su Estudio realiza trabajos de diseño, montaje y construcción de Arte para TV, cine, teatro, espectáculos y  publicidad (spot TV, foto fija, eventos y presentaciones) en: Exposición Universal de Sevilla, España, Mundial de Esquí Alpino en Sierra Nevada, Granada, España. Mundial de Atletismo en Sevilla, España, Inauguración de temporada de la Universal Picture del Parque Temático Port Aventura en Tarragona, España...
En 2008 traslada su Estudio (hábitat de trabajo) a la antigua Azucarera del Genil en Granada y hasta la fecha compagina vida personal y profesional a caballo entre Madrid, Barcelona, Málaga y Granada.

Sueño de onanistas, 2014




martes, 13 de junio de 2017

Mujeres en la literatura

MUJERES EN LA LITERATURA ESPAÑOLA

POR PEDRO GARCÍA CUETO



MARÍA ZAMBRANO Y SU VISIÓN DE ESPAÑA

María Zambrano
María Zambrano
María Zambrano analiza en España, sueño y verdad, (cuya primera edición apareció en 1965 y su reedición en el año 2002) la figura de Ortega como una de las más innovadoras de la filosofía española. Para la pensadora hay dos virtudes claves en Ortega: la claridad de su pensamiento y la generosidad intelectual del mismo. Dice acerca  de la claridad: “Se es  claro  cuando  se  está  claro consigo mismo; la claridad es producto de la coherencia de la vida, según resplandece en las Meditaciones…” (María Zambrano, 2002: 146). Se refiere a las Meditaciones del Quijote, una de las grandes obras de Ortega. No en vano, María Zambrano sentirá un interés continuo hacia la figura de D. Quijote en su pensamiento filosófico.
   La otra virtud que cita la pensadora sobre la figura de Ortega es la generosidad intelectual. Dice así: “Su raíz podría ser la siguiente: el aceptar Ortega al par su circunstancia española y la existencia de la filosofía, realizó un acto de fe y de amor. De fe en el pensamiento y de amor en la tradición y en la circunstancia” (María Zambrano, 2002: 146).
   Para la escritora andaluza, el gran esfuerzo de Ortega se centra en conseguir que la filosofía cobre vida y deje de ser como un estudio fantasma en la vida española: “La vida española se había resistido a la filosofía como se había resistido a la historia, y al hacerlo se había resistido a la vida” (María Zambrano, 2002: 149).
   Considera María Zambrano que otros habían realizado el esfuezo de dar vida a la filosofía en España, como Sanz del Río, quien importó de Alemania la filosofía krausista. Pero fue, sin duda alguna, Ortega quien creó unas ideas innovadoras, donde el pensamiento español podría asentarse. Se refiere a la aparición de obras como La rebelión de las masas o a la creación de la razón vital, claves en el pensamiento del filósofo.
   La pensadora andaluza lo deja muy claro en su libro: “No encuentro fórmula más fiel para expresar el programa de la filosofía de Ortega, su exigencia, su dádiva. Que la razón se disuelva a sí misma a fuerza de entenderse; que la vida se apure, para dejar, celosa, de ocultarse. Que vida y  razón no se oculten la una a la otra. ¿Se podrá lograr?”(María Zambrano, 2002: 155).
   María Zambrano, admiradora de Ramón Gaya, en España, sueño y verdad cuando cita la impresión que los cuadros del pintor murciano producen en el que los ve, una visión exenta de todo aquello que no sea naturalidad: “No. Los cuadros de Ramón Gaya no actúan como estímulo sobre el sistema nervioso, ni llaman a despertarse a los monstruos adormecidos en la subconsciencia, ni estremecen violenta y superficialmente el alma…” (María Zambrano, 2002: 283).
   Lo que consigue la pintura de Gaya para la pensadora es calma, la contemplación ante la belleza de lo pintado: “Y este quedarse, que es quedarse en calma y en silencio –en el de dentro también-, supone un sobrepasar un cierto pasmo aceptándolo, que así en el pasmo sucede. El pasmo, en el que la conciencia se retrae apegándose al alma, juntándose con ella” (María Zambrano, 2002: 284).
   Pero dice algo que concreta más todo esto, se refiere a la contemplación como finalidad de la pintura del artista murciano: “La pintura que aparece en los cuadros de Ramón Gaya pasma y subyuga para ser, al fin, contemplada; esto es, vivida” (María Zambrano, 2002: 286).
   Dejando a un lado la admiración por la obra pictórica de Gaya que posee, cito unos comentarios a la pintura, en la que podemos descubrir el mismo anhelo de  belleza que este arte tiene para ambos intelectuales; María Zambrano lo muestra a través del misterio que contiene la revelación del cuadro, como si la apariencia del mismo no desvelase totalmente su contenido, tal es el hechizo de la pintura: “Pero como nada logra hacerse manifiesto enteramente, el juego entre ocultación y visibilidad marca el modo de la presencia, lo que implica una manera de entrar en el espacio y de fluir en el tiempo” (María Zambrano, 2002: 281). La posición de Rosa Chacel (otra de las compañeras del exilio mejicano de Juan Gil-Albert) sobre la figura de Ortega va a ser bastante coincidente con la que expresó el escritor de Alcoy sobre el prestigioso filósofo español.
    La escritora dice: “Ortega es el primer maestro español que crea una escuela pulcra, coherente y tenaz; no ha podido pasarle lo que al gran Unamuno, que la sucesión de su obra excelsa se ha corrompido pronto en el discipulaje” (p. 288).


ORTEGA PARA ROSA CHACEL

Rosa Chacel
Rosa Chacel
   Lo que le interesa a Rosa Chacel de la figura de Ortega es la desvinculación de lo político en la vida y la obra del filósofo, como manifiesta en el artículo cuando dice: “Ciertamente, a Ortega se le ha combatido sólo por razones políticas, y si hay una cosa que exija ponerse en claro, es que Ortega, de política, lo que más clara y reiteradamente ha dicho, es que no hablaba de política” (p. 287).
     Se refiere la insigne escritora al período anterior a sus discursos en el parlamento, para centrarse en la figura del filósofo, cuya razón de ser es hacer pensar al español excelso, elegido, abrir su mente hacia el futuro, convertir el pensamiento simplista de la mayoría en un esfuerzo de intelectualidad para unos pocos, capaces de liberarse del yugo de la alienación. Por ello, cita la escritora La rebelión de las masas, famoso libro donde avisa Ortega del peligro de la mayoría, que llevará, por la ignorancia, al desastre del país. Se refiere la escritora al “hombre que con una limpia prosapia de humanidad se disponga a beber la clara visión del tiempo nuevo” (p. 287).La admiración de Ortega por Grecia (como nos recuerda Rosa Chacel) nos hace pensar en la ferviente pasión de Gil-Albert por lo griego, cuna del arte, de la democracia y de la sensibilidad.
    Ya nos demuestra la escritora vallisoletana la clara afinidad con la filósofa María Zambrano en su concepción del pensamiento orteguiano.


ANA MARÍA MATUTE: UNA ESCRITORA DE LOS CINCUENTA
Ana María Matute
Ana María Matute
Los hijos muertos, novela de 1958, ya trata el tema de la posguerra, de los hijos que van cayendo, seres que mueren, otros van al exilio, una realidad terrible que ya había expuesto en Los Abel, en 1948, donde daba cuenta de la lucha cainita en un país que se desangró en una tremenda Guerra Civil. La narradora, mujer de enorme sensibilidad, vivió el dolor de la guerra, el enfrentamiento entre familiares, lo que trasladó a sus novelas, donde las descripciones cobran ecos míticos, la muerte como un espacio de sueños y de sombras, visto siempre por una mujer niña, la gran novelista española.
   Para la autora, Primera memoria (1959), Los soldados lloran de noche (1964) y La trampa (1969), representan la necesidad de cantar la nostalgia de los seres que no han perdido la inocencia, seres abiertos al umbral de la noche, donde un mundo de sueños nace, tan ajeno a la realidad. Fuera vemos el dolor, la incomprensión, la intolerancia, la misma que había calado en nuestros ojos lectores en Fiesta al noroeste (1953), donde hermanastros se enfrentan, como si el silencio de Dios fuera total.
  En los ojos heridos de Ana María Matute, los seres desvelan su inhumanidad, se enfrentan a la codicia y al poder, pero también asombran por sus rasgos humanos, la compasión que nace entre hombres y mujeres arañados por el dolor de la Guerra.
   Pero la narradora no solo fue una testigo especial del horror de nuestra España, sino también una entomóloga de sus más íntimas contradicciones, dando forma a una narrativa poderosa, que ha dejado huellas a novelistas tan prestigiosas como Juana Salabert o Almudena Grandes, quien actualmente ha vuelto al tema de la Guerra, la posguerra y la miseria de unos años cuarenta inolvidables para todos los que los vivieron.
   Llegó luego la narradora del mundo fantástico, la novelista que dio luz a Olvidado rey Gudú, una entrada en la imaginación, en los sueños de una mujer que siempre se sintió niña, herida por la vida, entre otras cosas, por una larga depresión, tras un matrimonio con un hombre que la utilizó y que no la valoró en lo más mínimo, un vividor que dejó una gran herida en la gran sensibilidad de la novelista catalana.
   No hay que olvidar, Paraíso inhabitado, magnífica novela, donde los ojos de una niña, Adriana, perteneciente a una familia acomodada en la Segunda República española, se libera del horror y de la violencia creciente por la utilización de la fantasía, un mensaje que cala en el lector, solo la imaginación podrá librarnos de la burda realidad.
   Su labor de narradora de cuentos llega con El río  (1963), un relato donde podemos sentir la devastadora dureza de la urbanización, ya que nos cuenta cómo una mujer vuelve a Mansilla de la Sierra, para ver el proceso destructor del mundo moderno, que ha cercenado tantos lugares hermosos de nuestro país, clara metáfora de la crueldad del ser humano, que desperdicia sus oportunidades, que no valora al otro, en donde prima el egoísmo y las ideologías, esa frontera tan peligrosa que nos llevó a la Guerra Civil y que queda en la retina de esta mujer herida por la vida.
    Como conclusión, decir que llevaba en el alma una ternura, una forma de ver el mundo, en los ojos de una niña, una persona que, conociendo la crueldad de la vida, se aferraba a la infancia, para no despertar de su mundo de sueños, donde nada podía romper la armonía del mundo.
    Se  encontrará ahora en un lugar idílico, donde pueda conversar con las hadas y las brujas de sus cuentos, donde la vida sea como un bosque, un lugar para permanecer y sorprenderse siempre de las cosas bellas que este tiene.
   Nos deja un gran legado, novelista que combinó, como muy pocas, las dos miradas, la realista, en las novelas citadas y las de la fantasía, donde lo importante era saber mirar la vida. Un legado que fue también el que nos dejaron Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa o Sánchez Ferlosio, una generación, la de los cincuenta, que hizo muy buena literatura, una generación que sufrió y vivió en una España cainita, que debemos, para siempre, superar. La gran novelista ya está en el lugar del rey Gudú, un espacio donde puede soñar hasta la eternidad.,

CLARA SÁNCHEZ, UNA ESCRITORA DE NUESTRO TIEMPO

Clara Sánchez
Clara Sánchez
La escritora nacida en Guadalajara que pasó su infancia en Valencia y acabó estableciéndose en Madrid donde estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense, va componiendo una obra cada vez más sólida, cimentada en el ser humano contemporáneo, en sus angustias existenciales, en una forma de ver el mundo que tiene diferentes perspectivas, como si abriésemos una muñeca rusa que desvela otra, la realidad es extraña, contiene dentro de sí la fantasmagoría de las apariencias, la visión surrealista que todo humano va dejando en su retina.
    Clara Sánchez abre ese universo con Piedras preciosas, en 1989, donde nos sorprende con una prosa estilizada, amena, pero envuelta en la búsqueda de la palabra certera, de allí inicia un sendero que pasa por No es distinta la noche (1990), El palacio varado (1993), Desde el mirador (1996), El misterio de todos los días (1999) a Últimas noticias del paraíso, que recibió el Premio Alfaguara de Novela en el año 2000.
    Considero esta la primera etapa de la escritora, una etapa en la que la narradora va buscando una forma a su estilo narrativo, va abriendo el sendero de personajes que se destapan, donde es importante la capacidad de mirar, la presencia de lo cotidiano, donde el ser humano se encuentra en la incertidumbre de las cosas banales que siempre tienen un reverso, donde las luces también ocultan sombras.
    Por ello, una de mis favoritas en esta etapa es Últimas noticias del paraíso, porque en esta novela la escritora desvela su afán de ver, escrutando el paisaje que la rodea, donde Clara va perfilando la vida de un chico que descubre en su familia, en sus amigos, en la casa, en todos los rincones, la presencia de la vida en todo, porque todo deja huella para la novelista, en este caso, cito unas líneas donde el personaje diserta sobre lo poético del mundo, contrastando la falta de poesía en el ser humano, como si solo el afán de literaturizar la vida pudiese dotarnos de ese enfoque, como una necesidad, como oxígeno necesario para seguir viviendo:
“La luz del sol, la luz del fuego, la luz que se despeña por intrincadas arañas de cristal, corpúsculos invisibles atravesando el espacio, misterioso oleaje luminoso. Es como si nuestra mente fuera poética, pero no nuestra forma de supervivencia. Solo el amor nos eleva, nos salva, a pesar de su gran imperfección. Nuestra capacidad de amar es tan imperfecta como nosotros mismos. No hay pureza en el amor”.
    En esta prosa podemos ver una de las claves de la narrativa de Clara Sánchez, la búsqueda de lo hermoso en las pequeñas cosas, la necesidad de salvarnos de la rutina a través de la mirada, como si fuese nuestra mente la que nos empujase a salvar un mundo mal hecho y transformarlo en un ejercicio de belleza, el amor, como todo sentimiento profundo, nos salva, demuestra que podemos romper la rutina de la vida, su paso inexorable.
   La escritora logra en esta novela que todo funcione, el mundo está ahí, con su técnica, para servirnos, pero también para utilizarnos, el peligro siempre está en el mal uso de lo que nos rodea, como el amor que fracasa al abusar de él, sin duda alguna, nos hallamos ante una narradora que maneja muy bien la descripción, sentimos, al leer el libro, que todo se visualiza, se prende en nosotros, como una llama, se ilumina para que podamos mirarlo con atención:
“Es mediodía cuando salimos. Y me despido en la puerta. Necesita libertad. Las ventanas de los pisos altos lanzan destellos plateados al espacio. El suntuoso coche del Veterinario arranca y desaparece entre otros coches. Máquinas con cerebros en su interior, que contienen millones de neuronas dispuestas a pensar sin limitaciones”
    Todo es un ejercicio de pensamiento, el hombre y su poder, capaz de cambiar la banalidad de las cosas, sin duda alguna, un tema crucial en la obra de Clara Sánchez, la imaginación es un poder, donde podemos salvarnos de la infelicidad de la vida.
   Clara sabe que todo parece complejo, pero es sencillo, así lo manifiesta su personaje, el mundo hilvanado por muchos resortes, pero donde siempre ocurren las mismas cosas, guerras, historias de amor, muertes, nacimientos… Para la escritora y para su personaje, el mundo de sus padres es “imposible”, porque anida en la complejidad que se han impuesto, dice en la novela lo que sigue:
“La sencillez en la vida es la muerte. Sencillez por mucho que se diga es precariedad. La vida de un adulto no puede ser sencilla, es imposible, a no ser que renuncies sistemáticamente a tener todo lo que quieres. Así que tanto mi padre como mi madre en el fondo me conmueven”.

   En realidad, hemos amueblado la vida, dice el personaje, la hemos construido con lazos afectivos, casas, coches, trabajos, para que se nos haga imposible, lo precario es derrocarlo todo y volver a lo esencial, pero ya no hay vuelta atrás, solo el joven conoce el otro lado, porque ve el mundo de los adultos  y él sobrevuela en los deseos que no sabe si un día serán realidad. El espejo de sus padres lo conmueve, pero no sabemos si quiere ser como ellos, son una lección que debe aprender para elegir el camino verdadero.
   En la amenidad de la novela, Clara hace preguntas de peso, desde el protagonista adolescente, Fran, vemos un mundo interior que se abre camino, en el desasosiego de su vida, donde necesita materializarlo todo para sentirlo real, comienza un día a leer la Biblia, también empieza a ir al cine, a la Filmoteca, comienza un progreso desde la cultura que la escritora lanza como un mensaje evidente hacia el camino autodidacta, verdadera iluminación para huir y enfrentarse a la realidad, al mismo tiempo.
    La huida de la realidad es necesaria para el chico, pero también, tras esa fuga, el encuentro con lo real, como maduración, tras el proceso de autoaprendizaje que Clara nos cuenta en el libro y que hace de esta novela una de las mejores de esta etapa, en mi opinión.
   También sobrevuela un tema que ya va a ser una constante en la obra de Clara Sánchez, el mundo del consumo, de la tecnología, como soma de la felicidad, donde los hombres y mujeres de este tiempo hemos entrado sin pausa y en peligrosa continuidad, pero donde los jóvenes, sin haber madurado todavía, se enganchan de forma irreversible, en un mundo visual que Clara no rechaza, pero pone en tela de juicio, por ser pernicioso, por ello, el protagonista elige la escuela de la lectura y el cine, donde puede crecer con la imaginación, lo que, sin lugar a dudas, nos veta la técnica, ya que las imágenes apenas nos dejan ver más allá de lo que tenemos frente a nosotros. El peligroso recorrido de los jóvenes está detrás de esta novela, profunda y donde Clara expone sus principios como ser humano.
    La otra etapa surge con libros como Un millón de luces (2004) y Presentimientos (2008), dos novelas luminosas donde el tema sigue siendo el ser humano, atrapado en el mundo de las oficinas en Un millón de luces, un ser humano deshumanizado por la realidad que le dicta el día a día, también un ser humano que se abre al interior, que destapa la luz de la verdad en las emociones como en la muy notable Presentimientos.
     Pero llega una novela que alumbra todo lo que he dicho hasta ahora, los mundos interiores, una novela que destapa la vida de seres a la deriva, en una narrativa amena, pero con verdaderos alardes de estilo sobresaliente, me refiero a Lo que esconde tu nombre, que fue Premio Nadal 2010.
    En ella, la narradora nos habla de la doble vida de dos seres, con protagonismo directo en el genocidio nazi, pero también de su perseguidor, Julián, y de una chica, Sandra, que entrará dentro de los engranajes emocionales de Julián, donde contempla que el horror, el más temible, nada en lo cotidiano.
    El libro contiene páginas magníficas donde nos desvela el mundo interior, pero, para no dejar al lector con la sensación de descubrirlo todo, cito estas que a mí me gustan especialmente, pese a la dureza que contienen:
“Salva y yo vimos mucho en Mautahausen. Vimos esqueletos andantes, y montones de cuerpos desnudos pisando nieve, una extraña clase de ganado de color ceniza. Nuestros cuerpos se convirtieron en nuestra vergüenza. Los dolores de estómago por el hambre, las enfermedades, la falta de intimidad. Todo iba al cuerpo”.
    Para la narradora, la barbarie sí existe, está allí, en los lugares donde vive el recuerdo de Julián, también en las miradas sosegadas de los dos ancianos, en la España soleada donde han ido a descansar, pero también en los actos cotidianos que no delataban en nada la barbarie que llevan dentro. Por ello, la novela mira al interior de los personajes, progresa en las diferentes perspectivas, dando al lector una forma de mirar con atención, como un entomólogo ante un insecto, como si dentro de nosotros, pudiese existir el bien y el mal al mismo tiempo.
   La importancia del tiempo, el bueno y el malo, están presentes en la novela, porque ya nadie puede volver atrás, para que el dolor se atenúe, de alguna manera.
    Dos modos de ver la vida, el de la experiencia y el de la joven que va a ser madre, Sandra, dos asideros de un mundo interior que Clara ha sabido captar, laten en ella y en nosotros para siempre:
“Me miró con los ojos a punto de reventar de lágrimas. Estaba soportando una carga emocional más fuerte de lo que creía. Lo sabía yo mejor que ella. Ella no podía ver desde fuera el laberinto en el que estaba metida, por eso cuando se llega a mi edad y podemos verlo desde arriba desearíamos volver atrás  y recorrer el camino sin agobios ni angustias”.
  La novela crea a personajes que saben que su destino está echado, pero que siguen emocionándose, porque el mundo de Clara no se entiende sin la emoción, como en Últimas noticias del paraíso, donde el personaje sabe que ser adulto es casi imposible, nunca sencillo, pero atisba que siempre queda el amor, un tema esencial en la obra de Clara, el amor que nos salva, como la cultura, que nos aleja de los espacios herméticos en el que viven muchos jóvenes de hoy.
   Su última novela vuelve al tema del dolor, Entra en mi vida (2012), porque solo en las entrañas del sufrimiento anida lo mejor y lo peor del ser humano. Su lectura impone un espacio de atención, porque sus personajes silencian el dolor (con el trasfondo del maltrato), pero, en su fuero interior, lo denuncian, como si con ello exorcizasen la vida.
   Clara logra en sus novelas acercarse a personajes de vidas oscuras, con luces y sombras, como confirma esta nueva novela, que le he dado el Premio Planeta, con un argumento que no quiero desvelar, para que los lectores se adentren en los misterios de la narrativa de la escritora de Guadalajara.

MUJERES EN LA LITERATURA

    La mujer sigue siendo esencial no solo como una persona que siempre ha tenido psicología y profundidad emocional, sino por ese mundo de las letras donde brillan algunas de las mujeres que he citado, entre otras muchas, pensadoras que siguen iluminando nuestro tiempo.