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viernes, 29 de julio de 2016

Diálogos conmigo y mis otros de Isaac Goldemberg

Cardboard House Press acaba de publicar Dialogues with Myself and My Others / Diálogos conmigo y mis otros, poemario del novelista y poeta peruano Isaac Goldemberg. Precedidos todos los poemas por uno o mas epígrafes, el primer texto, titulado “Prefacio”, explica la intención del libro:
“Estos poemas son el diálogo / que ellos sostienen con los epígrafes / y estos epígrafes son el diálogo / que ellos sostienen con los poemas. / Pero sin saberlo”.
Asimismo, los poemas de este libro, muchos de ellos breves, de corte epigramático, son también el diálogo que el poeta sostiene con otros poetas -de épocas diversas- sobre la creación poética y la poesía misma.

En palabras del poeta y crítico argentino Luis Benítez, "Diálogos conmigo y mis otros ofrece la particularidad de referirse a los grandes temas universales con un lenguaje fluidísimo y fácilmente reconocible por el sello personal de Goldemberg, donde campean por sus fueros el humor y la ironía más refinada, aunque —cabe destacarlo— estos siempre son empleados por el poeta como los recursos mejores para inducir a la reflexión sobre la condición humana, que es uno de los núcleos de sentido de su obra poética. Goldemberg es uno de los poetas más originales de nuestro tiempo, dotado de un extraordinario manejo de las palabras, puesto al servicio de un humanismo que resiste toda prueba”. (Resonancias Literarias, Francia)

Por su parte, Francisco Laguna Correa afirma que “Diálogos conmigo y mis otros es un libro construido con la paciencia del lapidario, donde cada arista, cada destello, cada tonalidad, tiene un propósito preciso que no escapa a la voluntad totalizadora de la voz poética de Isaac Goldemberg” (Literal. Latin American Voices, Houston), mientras que Pedro Arturo Estrada señala que “Diálogos conmigo y mis otros es un libro clave en la poesía hispanoamericana de los últimos años, poesía que rompe con la lírica convencional para expresar una conciencia escindida, ambigua y supérstite en un mundo donde nada es lo que parece” (Nueva York).

Asimismo, según la catedrática Ana M. Osan, en Diálogos conmigo y mis otros “Isaac Goldemberg nos da fe de su compromiso con el hecho de ser peruano, pero sobre todo con el de ser judío. Difusas también son las estrategias empleadas en pos de esa búsqueda: la máscara y el eco, el arraigo o el desplazamiento. ¿Dónde empieza uno y acaba el otro?, ¿qué elección es más conveniente?, ¿cuál me ha asignado la historia o hasta dónde puedo yo elegir? Estas son algunas de las preguntas que se plantea Isaac Goldemberg, sin pretender responderlas, sino acercarse por distintos caminos poéticos, que abren nuevas posibilidades de respuestas e interrogaciones”. (Hispania, Estados Unidos)

Para adquirir el libro, haga clic en este enlace:

https://cardboardhousepress.org/books/dialogues-with-myself-and-my-others-isaac-goldemberg/


Isaac Goldemberg nació en Chepén, Perú, en 1945 y reside en Nueva York desde 1964. Actualmente, es Profesor Distinguido de Hostos Community College de The City University of New York, donde dirige el Instituto de Escritores Latinoamericanos y la revista internacional de cultura Hostos Review.

lunes, 27 de mayo de 2013

Reseña a La vida breve de Isaac Goldemberg

La vida breve. Antología personal. I. Goldemberg
Por Alberto Julián Pérez 
Texas Tech University 

Reseña de Isaac Goldemberg, La vida breve. Antología personal (2001- 2012). Ediciones UPAGU: Cajamarca, 2012.  

Este libro del escritor Isaac Goldemberg (Chepén, Perú, 1945) reúne más de diez años de labor poética. El autor, reconocido sobre todo por su novelística, particularmente La vida a plazos de don Jacobo Lerner, 1978, ha publicado numerosos poemarios a partir de 1970. En esta antología selecciona poemas de sus libros Peruvian blues, 2001; Los cementerios reales, 2004; Libro de las transformaciones, 2007; Cuerpo de amor, 2009 y poemas inéditos que incorpora bajo el título Variaciones Goldemberg en 2012.  

La antología está precedida de una excelente introducción y estudio crítico de Eduardo González Viaña, donde éste destaca la experiencia bicultural del poeta. Goldemberg mira simultáneamente al Perú y a New York e, hijo de un matrimonio mixto, de padre judío y madre católica, reflexiona sobre su judaísmo. En el primer poemario de la antología, Peruvian blues, toma como modelo poético el “blues”, composición musical melancólica que expresa en sus letras las experiencias sentimentales de los negros norteamericanos de manera coloquial y humorística. Notamos en poemas que reflexionan con sarcasmo sobre la vida, como “Huayno zapateado de Chepén a Santiago de Chuco”, “Los judíos en el infierno” y “Memorias de mercachifle”, un deseo explícito de integrar cultura popular y alta cultura.  

Goldemberg recrea el mundo de su infancia en el Perú, su relación con sus padres y la vida comunal de Chepén. Es una experiencia que lo marcó. Podemos pensar que allí aprendió a entender la vida desde una perspectiva espiritual y religiosa que caracteriza su poesía. El poema “Crónicas” sintetiza este punto de vista; dice el poeta: “…hoy en día la palabra ha dejado de ser el arma del profeta/ y la razón de esta época distanciada como nunca/ del misterio que nos teje el universo/ sólo se refleja en la mudez de nuestros muertos”.  

En su próximo poemario antologado, Los cementerios reales, del 2004, juega con el título del famoso libro de Garcilaso, Comentarios reales. Hace de “comentarios”, “cementerios”. Es un libro en que mezcla el humor popular con la burla, y dirige el sarcasmo hacia sí mismo y hacia su dios, como en el “Soneto inexacto del judío peruano y viceversa” y “Mail de Dios a los pueblos elegidos”. Ese tono burlón es uno de los aportes más interesantes de Goldemberg en el uso de la lengua: es el humor peruano criollo, que tan bien supo representar Palma en sus inigualables Tradiciones. Si bien el poeta ha residido en New York la mayor parte de su vida, notamos en su lengua poca influencia del inglés. Su castellano denota más bien el uso de la lengua de New York, donde habita una colectividad hispana multiétnica proveniente de diferentes países hispanohablantes de más de dos millones de personas. 

El español de New York, literariamente hablando, es un español léxicamente empobrecido, ya que la educación pública es en inglés y el español es estudiado como segunda lengua o lengua extranjera, pero parece conceptualmente fortalecido por la relación entre variantes nacionales del uso de la lengua y su contacto con el inglés. El hablante multilingüe tiene conciencia de la sintaxis de cada lengua y su papel en la escritura. Sabe recurrir con soltura al uso pragmático y “hacer” cosas con la lengua. Esto lo observamos en poemas como “Resucitar un muerto” y “Testamento”, donde el poeta realmente siente que la lengua tiene una utilidad relacionada con sus necesidades y sus experiencias.  

           El hablante de las minorías hispanas de New York, al que Isaac representa, está siempre deseoso de salir de su condición subalterna, es consciente de la mirada desvalorizadora del otro, del angloparlante que se siente representante legítimo de su país. Hay en la poesía de Goldemberg una búsqueda de legitimidad, de filiación, de aceptación. Sus dos primeras identidades: la judía y la peruana, confluyen en otra identidad nueva: la de hablante minoritario hispano en un país angloparlante. New York es la puerta cosmopolita a Estados Unidos y en ella pueden encontrar espacio de convivencia los sujetos de múltiples países. New York se constituye como una cultura diaspórica. Isaac se identifica con ese sujeto diaspórico neoyorquino, que sólo puede vivir en una ciudad abierta y plural. Recrea los recuerdos de su patria en un juego literario lleno de nostalgia que contribuye a fortalecer su nueva identidad.  

Esa conformación de un lenguaje nuevo, conceptual y sintético, “descolorido”, lo vemos en poesías como “Hombre de paso”, cuando dice “Todo es por accidente:/ se le pierde el miedo a la muerte/ porque hay días del hombre/ que se le escapan”. El poeta busca captar, explicar conceptualmente lo que siente, la idea de lo que es ser “hombre de paso”. Tiene necesidad de ser claro para todos los hablantes y hasta pedagógico. Las condiciones subjetivas del hablante minoritario cambian radicalmente en relación con las del hablante que siente que representa la lengua nacional legítima de un país. Es una situación enunciativa casi “secreta” y culposa. El sujeto de las minorías tiene un miedo inconsciente a la marginación y al rechazo, que se hace evidente en la escritura.  

En el próximo poemario de la antología, Libro de las transformaciones, de 2007, que alude al I Ching chino, el oráculo que orienta al ser humano sobre cómo conducirse en la vida, Goldemberg lleva a cabo una importante meditación histórico-religiosa sobre sus dos raíces: judaísmo y cristianismo. La convivencia de ambas se materializa para el sujeto en una lucha, una agonía, que vemos en poemas como “Oración fúnebre”, donde la máscara de una momia peruana del museo de New York lo lleva a dialogar imaginariamente con sus familiares del Perú durante su niñez, y en “Umbilicus mundi”, donde medita sobre las dos ciudades representativas y simbólicas de sus dos religiones y culturas: Jerusalén y Cusco.  

El último libro antologado es Cuerpo de amor, de 2009. Aquí el poeta cambia su preocupación existencial para cantarle al amor. Aparece la imagen del doble, y de la ambigüedad amorosa en los amantes. En “Dobles” dice: “Del lado del doble de la mujer/ se ha sentado el hombre a ver su doble”. Ensaya composiciones populares, como la décima, para hablar al ser amado de manera más coloquial e íntima, más persuasiva, y otras inspiradas en danzas criollas peruanas, como la marinera y el vals, el tondero y el fandango. Aquí usa un lenguaje popular apicarado y vivaz, adecuado al coloquio de la danza; dice en “Fandando criollo”: “Tú eres sagrada y profana/ tú eres cau-cau y turrón/ anticucho de corazón/ frejol a la chepenana/ cajón de buena jarana.” 

La antología termina con su producción más reciente inédita, que reúne bajo el título Variaciones Goldemberg, de 2012. En esta última parte, cuya organización quizá no sea definitiva, vuelve a aparecer la preocupación histórica y antropológica que encontrábamos en Libro de las transformaciones. Es un tipo de poema, como “Tierra prometida”, que tiende a una interpretación épica y ética del mundo, desde una posición contemporánea responsable ante las posibles catástrofes que pueden aguardar al ser humano si no controla su ambición y cruel lucha por el poder. Dice Isaac: “En el deseo de transmutar el futuro,/ en los planetas vacíos,/ en las presencias amargas,/ una larga cadena nos dejó caer./ Faltó la paz en cuevas y cabañas./ Abundó la guerra.” 

Isaac Goldemberg
Toda esta antología refleja una actividad y meditación constante del poeta maduro, que sigue buscando con su poesía nuevos caminos. Isaac Goldemberg se plantea su poesía como espacio de expresión, pero también de cambio, de transformaciones. Ve la poesía como un espejo de la conciencia en que el poeta debe mirarse y ver al mundo reflejado en él. Notamos en su poesía un progreso constante, es un poeta que no se repite a sí mismo y busca nuevos rumbos para su obra. Testimonia a un nuevo tipo de escritor aún pobremente estudiado y comprendido: el escritor de las minorías hispanas norteamericanas que se expresa en su lengua materna. Un escritor diaspórico que ve el mundo dividido, donde su pasado se separa de su experiencia contemporánea, y que, en el caso de Isaac, suma a esa separación de nación y lengua, su situación religiosa conflictiva, como judío nacido en un país católico y en un matrimonio mixto. Su literatura se caracteriza por expresar un sentimiento doloroso de pérdida y la necesidad de reparación, que obliga al sujeto a bucear en su pasado y estar en constante búsqueda de su identidad. 






domingo, 26 de mayo de 2013

Novelas de Isaac Goldemberg en formato digital

NOTA DE PRENSA: NOVELAS DE ISAAC GOLDEMBERG EN FORMATO DIGITAL

Dos novelas del peruano Isaac Goldemberg han sido publicadas en formato digital por RED [publica]>e.book, editorial con sede en San Juan, Puerto Rico.

Las novelas de Goldemberg que entraron a formar parte del catálogo del sello son La vida a plazos de don Jacobo Lerner y El nombre del padre, la cual es una recreación ampliada de la primera, con nuevos personajes, nuevas escenas y un desenlace diferente.

Ambas novelas narran la historia de Jacobo Lerner y León Mitrani, amigos de infancia que llegan al Perú provenientes de una aldea rusa. Encuentran un país caótico donde los judíos son acusados tanto de ser capitalistas como comunistas, y por consiguiente de ser responsables de la debacle económica. Con el tiempo, van armando y desarmando sus vidas en ese lugar, y ante el horror de Jacobo, León va cayendo en la locura. Sus arengas frente a la iglesia del pueblo le hacen ganarse las burlas y el odio de los habitantes. En ese marco se desarrolla un drama que es al mismo tiempo una apasionante historia de amor y una recreación del mito del Judío Errante.

La vida a plazos de Jacobo Lerner
La vida a plazos de don Jacobo Lerner fue seleccionada por el Yiddish Book Center de los Estados Unidos como una de las 100 obras más importantes de la literatura judía mundial de los últimos 150 años.

Según palabras de Mario Vargas Llosa, “La vida a plazos de don Jacobo Lerner coloca a Isaac Goldemberg como uno de los más altos exponentes de la nueva narrativa latinoamericana. El humor, la fina percepción de lo cotidiano, la fluidez narrativa y la profundidad de los personajes hacen de esta novela una experiencia francamente recomendable”.          
         
          El Premio Cervantes José Emilio Pacheco afirma, por su parte, que esta novela de Isaac Goldemberg “se mantiene en pie como una de las grandes obras de la literatura peruana, hispanoamericana y de lengua española. No creo exagerar al decir que La vida a plazos de don Jacobo Lerner es ya uno de nuestros clásicos”.  

El nombre del padre
          Sobre el El nombre del padre, el crítico Ricardo González Vigil escribió en El Comercio de Lima, que esta novela “marca la madurez artística de Isaac Goldemberg: profundiza en la psicología de los personajes, desarrolla episodios apenas mencionados en La vida a plazos de don Jacobo Lerner y, sobre todo, sin perder el tono irónico, asume con mayor complejidad la herencia cultural judía y sus nexos conflictivos con el antisemitismo”.

 Ambas novelas pueden adquirirse ingresando a http://latienda.republicainc.com o escribiendo a info@redpublicainc.com

         
 Isaac Goldemberg nació en Chepén, Perú, en 1945 y reside en Nueva York desde 1964. Actualmente, es Profesor Distinguido de Hostos Community College de The City University of New York, donde dirige el Instituto de Escritores Latinoamericanos y la revista internacional de cultura Hostos Review.

lunes, 11 de marzo de 2013

Reseña a La vida breve de Isaac Goldemberg

La vida Breve. Antología personal. Isaac Goldemberg 



 
Isaac Goldemberg Bay, La vida breve (Antología personal, 2001-2012). Cajamarca: Fondo Editorial de la Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, 2012

Por Manuel J. Santayana
Academia Norteamericana de la Lengua Española

En año tan reciente como el 2009, el profesor y ensayista Rodrigo Cánovas, de la Universidad Católica de Chile, lamentaba en un estudio la escasez de investigaciones académicas sobre las letras judaicas in Iberoamérica. El aserto es parcialmente justo; sobre todo si se piensa en la atención  que aún aguarda de la crítica especializada la obra de poetas judeo argentinos como Israel Zaitlin (que publicó su obra con el seudónimo «César Tiempo»)  y Carlos Grunberg, o la de un prosador de la talla de Alberto Gerchunoff, autor de Los gauchos judíos y Argentina, país de advenimiento.

            En el último cuarto del siglo XX, sin embargo, nombres como los del chileno Ariel Dorfman  y el argentino Isidoro Blaisten conquistaron un amplio círculo de lectores. Ana María Shua, autora de novelas, de cuentos infantiles en la tradición judaica y de formidables microrrelatos, ha sido desde entonces objeto de la crítica más elogiosa. No he querido extenderme en las citas antes de detenerme en la figura del autor cuya antología poética es el objeto  de esta reseña: Isaac Goldemberg Bay (Perú 1945), cuya obra de polígrafo incluye la poesía, la novela y el teatro.  A partir de su primera novela, La vida a plazos de don Jacobo Lerner (a la que seguirían otras cuatro), escritores eminentes de la generación anterior en diversas latitudes del continente (Vargas Llosa, Pacheco, Sarduy) reconocieron la aparición de un nuevo y alto valor de la narrativa hispanoamericana. Su peculiaridad, dejando aparte su excelencia literaria, consiste en que se trata del primer escritor judeoperuano de relieve continental y el que dio a conocer en escala internacional aspectos, por muchos ignorados, de las luchas cotidianas, de los tropiezos y logros de los judíos del Perú, y de su difícil inserción en la urdimbre social de aquel país sudamericano. Sin llegar a una carnavalización de la escritura, Goldemberg, cercano aún a las audacias del «Boom» y haciendo inteligente uso de aquel ejemplo, se sirvió de las diversas voces de sus personajes, de crónicas periodísticas y de otros textos alusivos a la realidad peruana del tercer decenio del siglo pasado para dar una imagen, matizada de humor sombrío, de imaginación creadora y de distancia crítica, de la presencia judía en el Perú.  Hoy, 33 años después, Jacobo Lerner es una obra paradigmática, ejemplar de nuestra literatura, representativa de su universalidad y de su riqueza permanente.

            No podía yo eludir la mención de obra tan importante al escribir sobre Goldemberg Bay. Pero el presente texto debe circunscribirse al poeta que, diez años antes de publicar su novela consagratoria, había despuntado en las letras hispanoamericanas con un delgado volumen de poemas: Tiempo de silencio (1969), impreso en España y precedido de un prólogo comprensivo y entusiasta del poeta Hugo Emilio Pedemonte. Es un libro que se articula en un discurso anhelante y cuyo módulo expresivo es el verso ancho, de ritmo premioso, que se extiende en oleadas sobre la página.  Este libro es un temprano anuncio de la antología que me ocupa. En sus páginas encuentra angustiada expresión  la búsqueda de la propia identidad, de la raíz humana  que haga cicatrizar la herida abierta de su etnia doble, judía –con su carga de destierro y dolor– y peruana; marcada esta por la presencia del pasado indígena y  por la educación católica,  plagada de nociones populares sobre lo judaico, hechas de fabulación absurda y de rechazo. Sólo que en Tiempo de silencio antecede a la búsqueda a través de la historia y del arte que signará la obra futura, el sentimiento de una espera angustiosa  a la que ni siquiera el amor da descanso. El punto de partida es el rechazo de «un mundo de leyenda»: todo expresado por modo indirecto. En el primer poema, afirma:

                                   Me hice hombre al fin
                                   y contuve la pena entre los dientes hasta morderme la conciencia.

            En un poema seleccionado de Peruvian Blues, el primer poemario representado en La vida breve, escribe, enfrentándose a la tradición milenaria que lleva en la sangre :

                                   No necesitábamos exámenes de espermatozoides
                                    sino exámenes de conciencia.

La conciencia de la escisión, de la pugna de dos sangres, nacida de la historia y del discurso religioso, cae como una luz implacable sobre las palabras del poeta; una luz que baña con igual intensidad el enfrentamiento a lo fáctico y limitado y la proyección imaginativa y especulativa de sus monodiálogos (para usar el sustantivo que acuñó un angustiado de diversa índole: Miguel de Unamuno). Este conflicto que esclaviza la conciencia, encarna por la palabra en la imagen, hecha de sueño, de sus padres: son imágenes que hablan y a las cuales el poeta interroga, mientras viaja por la historia, se interna en los ritos y misterios ancestrales en busca de la respuesta que elude su inquietud, móvil de su destino de poeta y narrador.

En Los cementerios reales, del 2004, en cuyas páginas el poeta explora el dolor de vivir en una nueva modalidad expresiva, la gravedad desnuda se hombrea con ciertos momentos vallejianos : Rechina el diente en la punta del tenedor /Hoy probó la boca el hambre de Nadie.  (No es el único momento en que recuerda el verbo de aquel maestro contemporáneo: en otro poema de extrañeza vital metafísicamente asumida, Goldemberg Bay escribe: He aquí que saludo la pena de los muebles,/ el único olor de la cocina). Hay en estas páginas del poeta un sabor expresionista que manchará con brochazos de pesadilla otros textos posteriores: los del Libro de las Transformaciones (2007), poemario continuador de aquel agónico discurso con nuevos matices de ironía y donde se traslada al ámbito del Cosmos, la desarmonía de la Historia.  Aquí comienza Goldemberg a dialogar con el arte pictórico (Pisarro, Arshile Gorky); acaso otra manera de buscar su rostro entre las máscaras y los rostros que lo rodean y de abrazar un destino colectivo.

            El «Arte poética» de Goldemberg está dedicada a Paul Celan, cuya obra poética nace de la entraña del dolor y del silencio, y a Gonzalo Rojas, otro nombre clave de la poesía moderna de nuestro idioma. Allí se lee: quien escribe es la red de los sueños/ jalados por la corriente.

            Cuerpo del amor, del año 2012, tiene por eje central el encuentro pasional de la pareja: el gozo del hallazgo mutuo, la desconfianza, la plenitud. Este libro es, pese a que no simplifica sino resume la complejidad de la experiencia amorosa, un oasis dentro de la antología. Tras el violento, amargo episodio del «ángel de los celos», sorprenden al lector las reflexivas, intensas y exactas «Décimas de fino amor». Aquí el poeta muestra su hábil manejo de las formas tradicionales de la poesía española sin por ello insistir en una perfección, por demás elusiva, de aquellos moldes. Siguen a las décimas tres sonetos amorosos que exhiben parejas virtudes. En estos suele haber un ajuste formal mejor logrado en los tercetos que en los cuartetos. Pero insisto en que una adopción mimética de las formas clásicas no es el fin de esta lírica, heredera de las más fértiles conquistas de la Modernidad literaria; inmune, por fortuna para él y para sus lectores, a esa escritura de laboratorio verbal, payasa e intrascendente, que ejemplifican los escritos de un Oliverio Girondo, por ejemplo, a quien Enrique Anderson Imbert llamara “el Peter Pan de la poesía contemporánea”.  En Cuerpo del amor, no obstante, el tono de  celebración aligera la central gravedad del discurso.  La presencia del baile, de los diversos ritmos populares de la América española, se diría que acompaña y define la vivencia erótica como danza: fiesta y compás, pausa de armonía en la ardua tarea de vivir.

Las Variaciones Goldemberg (con su alusión a la música de Johann Sebastian Bach: contrapunto del dolor y la esperanza) son inéditas y cierran La vida breve. En estos poemas finales de la antología, se hace palmaria la identificación del poeta con sus raíces judaicas; pero no desde la religión, sino desde la Historia. Goldemberg asume y exalta el valor de un pueblo fortalecido en la diáspora, aleccionado en el dolor, capaz de prodigar un tesoro de pensamiento y de creación frente a la hostilidad, y capaz de superar el horror del genocidio nazi y de dar testimonio de coraje y de resistencia. No ha encontrado el padre perdido; o, más exactamente, lo ha encontrado en el destino de una comunidad humana forjada a lo largo de muchos viajes, de muchos exilios y quebrantos. De ahí  que el lector sienta sentir mejor que comprender su discurso, que avanza, oblicuo, hacia una visión trascendente este poemario último como obra de reconciliación, de avance hacia la paz consigo mismo y con los otros. El yo étnico, antes inseparable del yo poético, se convierte en voz de una vivencia universal. 

         La lectura de este volumen en su integridad  tan rico y denso de humanidad y de invención poética que es imposible resumirlo aun regresando muchas veces a sus páginaspermite constatar una observación afortunada del narrador y profesor Eduardo González Viaña,  prologuista del libro: la amplia tesitura poética de esta selección antológica, donde se integran por modo orgánico –momentos de una búsqueda esencialel sarcasmo, la anécdota autobiográfica, la alegoría histórica, la concisión epigramática y la efusión lírica, sin apartarse jamás de su realidad de búsqueda impostergable y tenaz. Con los poemas de La vida breve, Isaac Goldemberg reafirma su lugar eminente en las letras de nuestro idioma. Como reza el título de una de sus novelas: tiempo al tiempo.


   
Manuel J. Santayana (Cuba, 1953), Doctor en Filosofía y Letras, es profesor en el Miami Dade College (Miami, Florida). Ha publicado dos volúmenes de poesía: De la luz sitiada (La Florida, 1980)  y Las palabras y las sombras (México, 1992), así como ensayos, reseñas, poemas y traducciones en revistas (Linden Lane, Can mayor, México en la Cultura, Cuadernos Hispanoamericanos). En el año 2012 la editorial Pre-textos de España publicó su traducción e introducción  de las Rimas selectas de Michelangelo Buonarroti. Es miembro colaborador de la ANLE (Academia Norteamericana de la Lengua Española).

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Nuevo libro de Isaac Goldemberg: La vida breve (antología 2001-2012)


La vida breve: a plazos y al contado


Isaac Goldemberg Bay. La vida breve (antología personal 2001-2012). Cajamarca: Fondo Editorial de la Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, 2012.

Por Eduardo González Viaña
Western Oregon University 

La obra de Isaac Goldemberg Bay es un camino indetenible para tratar de contarnos y de contarse una historia. A través de su narrativa y su poesía, el tema se enriquece, gana perspectivas, revela detalles secretos, parece llevarnos directamente a la puerta secreta detrás de la cual se halla la identidad del autor que, en este caso, también es personaje.
“Y el personaje que habla canta una canción del camino, con nuestras propias palabras, como si hablara con nosotros…. como si el poeta, al hablarnos con nuestra propia voz, nos reconociera en el camino del desierto, en el pan de la palabra mutua”. (1) En cada versión de las historias que Goldemberg cuenta —ya sea en narrativa o poesía— más allá de los cambios de nombres y de detalles, hay un punto de vista y una estrategia textual diferente que impulsan al lector a desechar los enredos que hace lenta la interpretación del texto para avanzar directamente hacia la obsesión que genera estos textos. Bien sabemos que una obsesión es casi siempre el punto de partida de una obra maestra, y ese es el caso de la que en estas líneas examinamos.

En la poesía de Isaac Goldemberg “el yo lírico cuenta una ego historia. Protegido por la complejidad metafórica, libre de imposiciones discursivas gracias a las licencias poéticas, el Yo habla de sí mismo tal y como es en su fuero interno. Ese Yo que traspasa los sucesivos poemarios, se crea elaborando imágenes del padre ausente y de la madre ausente”. (2) Así, un hombre camina por todo el mundo para descubrir quién o cómo era su padre. En sus senderos, se armará de sabiduría e ingresará en la escuela de misterios —en este caso, el judaísmo— que hacen a ese personaje secreto, inasible, percibible con rostros diferentes. Aprenderá también las sencillas verdades del otro lado de su sangre —la familia materna, la etnicidad peruana. Conocerá el conflicto interno que el encuentro de sus etnias debe necesariamente provocar. Entenderá, por fin, que el relato no se acaba en una forma de narrarlo y ensayará la novela, el teatro, la poesía —los géneros literarios— que son trazos diferentes de escritura y de camino para burlar el laberinto y explicar su condición mestiza a través de la creación de personajes que remiten a sí mismo. En este sentido, “Algo inusual en la poesía peruana es como en Goldemberg el yo ‘parece rodar por el abismo de la historia’ y en esta caída establece una relación crítica con el mundo judío, a la par que vocativa con el peruano…. Esté donde esté su lenguaje encuentra al yo —poético, representatorio y real— como protagonista.  Lo perdurable es el ser —con el otro y lo otro, de su más íntima parafernalia— que su estadío”. (3)

Dentro de la literatura americana, hay un caso terriblemente similar al de Goldemberg, y es el del Inca Garcilaso de la Vega. Creemos encontrar una línea no interrumpida de trabajo en el camino que va desde las traducciones hasta los Comentarios Reales de los Incas (1609), un ensayo a través de escrituras y aventuras diversas de llegar hasta lo que se quiere decir, hasta la más prístina revelación de su identidad. De la misma forma que Garcilaso, Goldemberg parece haber comprendido, a lo largo de un largo periplo, que la mejor forma de penetrar en el misterio de su identidad, es decir, de hallarse, era la de hablarse a sí mismo y por eso, Isaac se habla y, al hacerlo, empieza pronto a escuchar aquellas antiguas voces que creía perdidas, aquellas con las que sus estirpes le dictan muchas ficciones. La más saltante —y acaso sobresaltante— de ellas es la voz sin voz de su padre —que aparece en muchos de los poemas que componen La vida breve (Antología personal)— convertido en pura imagen.

En todas las iniciaciones, luego de callejones sin salida, bosques espesos  o laberintos sagrados, el nuevo adepto adquiere una nueva fuerza que supera con holgura toda la que hasta entonces había perdido. Lo mismo ocurre con Goldemberg que, en el camino hacia las “Variaciones Goldemberg” (último libro de La vida breve) ha aprendido a poetizar de una manera que combina el espíritu de la narración oral con el ritual religioso, y que obliga al lector a establecer una permanente pesquisa acerca de la relación entre el autor y sus personajes y la búsqueda de su identidad. El primer resultado de todo esto es que Isaac Goldemberg parece haber hecho estallar el poema tradicional para después mostrar al lector solamente los restos del mismo; y estos restos, por los simbolismos que encierran y por el profundo silencio que los rodea, revelan una capacidad de sugerencia tan infinita como su capacidad de engendrar nuevas ficciones. Al igual que sus novelas, La vida breve “celebra las hibridaciones lingüísticas —de hebreo y quechua, de español e ídish—, el sincretismo religioso, las mezclas de textos bíblicos y precolombinos… y continúa la exploración de una identidad judía y peruana”. (4)

Puede decirse que, luego de repetido sin cesar, se acaba el argumento para convertirse en personajes obsesivos, acciones bestiales, movimientos teatrales, cuyo denominador común es una atmósfera de gran intensidad lírica. En cuanto atañe al plano del lenguaje, esta poesía echa mano de todos los recursos de la palabra hablada; y a pesar de los infiernos que recorre, ofrece una corriente de afectividad tan poderosa que semeja las voces iniciales de una nueva lengua. A lo largo de sus poemas, “Goldemberg se retrotrae en sí mismo y lo hace revisitando la tradición poética de su lengua, o bien bajo la sombra de las canciones populares de su país”. (5) Hay que decir, además, que, aun en medio de la confesión más dolorosa, el lenguaje es parco y otorga al lector los silencios del que ya no habla y el silencio de aquellos a los que no dejan hablar, al igual que el silencio del que sabe que viene de una antigua hecatombe y el silencio de aquel que ignora en qué punto del destino se inicia su verdadera historia. Por ello, “Lo que deslumbra de sus poemas es su fuerza, la contracción de sus imágenes, pero incluso más allá de eso, es que desde el lenguaje lo que se tematiza es finalmente la abolición de todo lenguaje”. (6)

Como Garcilaso, Goldemberg encuentra al fin lo que anda buscando, el íntimo secreto de su origen y revela las estrategias de sobrevivencia de las dos culturas que por medio de él se expresan, y al hacerlo crea una nueva forma de expresividad. No se limita, como la mayoría de los escritores, a manipular las palabras difuntas que recibieron, desamparadas de medida, significación y sacralidad, sino que logra que la palabra olvide su carácter de bien mueble y que cada fonema tenga una capacidad encantatoria. Tales deben ser, además, las razones por las cuales el autor ha acudido a la poesía, entre la variedad de géneros que le sirven para contar su historia. En este nivel, la amplia tesitura poética de La vida breve afianza temas que van del sarcasmo a la elegía, de la meditación al epigrama, de la anécdota biográfica a la alegoría histórica, vertido todo en imágenes a veces complejas, hasta rayar en hermetismo cuando exploran dominios que guardan parte de su misterio y a través de las cuales “el poeta busca superar las fronteras de la geografía política y explayarse en un ámbito plenamente humano y universal“. (7) En este viaje poético que es La vida breve, desde el poemario Peruvian blues hasta el libro inédito “Variaciones Goldemberg“, la poesía de Isaac Goldemberg “ofrece la particularidad de referirse a los grandes temas universales con un lenguaje fluidísimo y fácilmente reconocible por su sello personal, donde campean por sus fueros el humor y la ironía más refinada, aunque —cabe destacarlo— estos siempre son empleados por Goldemberg como los recursos mejores para inducir a la reflexión sobre la condición humana, que es uno de los núcleos de sentido de su obra poética”. (8)

Hace ya tiempo que la trascendencia de Isaac Goldemberg ha sido reconocida en su amplitud, y ha inspirado decenas de estudios y centenares de reseñas por parte de narradores, poetas y críticos muy importantes a lo largo de todo el mundo. Este libro responderá muchas preguntas, pero aún quedarán muchas que están por completo insatisfechas. ¿Encontrará la kipá que buscaba? ¿Terminará de vagar el judío errante cuando se acabe el mundo? ¿Se acabará el mundo? ¿Se acabará esta historia?

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1 Julio Ortega. “Isaac Goldemberg y la poesía de la consolación”. “Prólogo” a Peruvian blues. Lima : Ediciones del P.E.N. Club del Perú, 2001.

2 Dorita Nouhaud. Isaac Goldemberg: el hombre del libro. Lima: Ediciones El Santo Oficio, 2003.

3 Maurizio Medo. “Isaac Goldemberg: el yo en busca de su autor”. Maracay, El Periodiquillo, noviembre, 2006.

4 Patricia Nuriel. “Diáspora y mestizaje en las novelas de Isaac Goldemberg”. Santiago de Chile, Cuadernos del CILHA - a. 9 n. 10 – 2008.

5 Carlos Germán Belli “Goldemberg, viniendo de lejos”. “Prólogo” a Décimas y canciones de fino amor. Lima: AFA Editores, 2007.
6 Raúl Zurita. “Prólogo” a La letra en que nació la pena: Muestra de poesía peruana 1970-2004). Lima: Ediciones El Santo Oficio, 2003.

7 Róger Santiváñez. “Hacia una nueva identidad poética de Dios”. “Prólogo” a Libro de las transformaciones. Lima: Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2007.
8 Luis Benítez. “Diálogos conmigo y mis otros, de Isaac Goldemberg”. Pau, Resonancias: Revista Literaria y Artística Latinoamericana, abril 11, 2012.










miércoles, 22 de septiembre de 2010

ACUÉRDATE DEL ESCORPIÓN: Nueva novela del escritor Isaac Goldemberg


El narrados y poeta peruano Isaac Goldemberg (Chepén, 1945) aborda el género policial con la novela Acuérdate del escorpión, publicada por el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, de Lima, novela que será lanzada en el marco de la próxima Feria del Libro Ricardo Palma el día 25 de octubre, acto del que os informaremos en su momento.
Recientemente Goldemberg ha sido entrevistado por Eduardo Corrales de IBLNEWS. Aunque reproducimos el texto, también podréis leer la entrevista en http://iblnews.com/story/57674 


Isaac Goldemberg toma por asalto el género policial con la novela Acuérdate del escorpión


18/09/2010
EDUARDO CORRALES, IBLNEWS
Luego de más de tres décadas de maduración y tras labrarse una sólida reputación en el universo de las letras hispanoamericanas, el narrador y poeta peruano Isaac Goldemberg (Chepén, 1945) ha satisfecho su temprana ambición de escribir una novela policial y la ha plasmado bajo el título de Acuérdate del escorpión.


El autor de La vida a plazos de don Jacobo Lerner “se saca el clavo” (dicho en peruano) con una historia que explora -en sus propias palabras- “los rincones oscuros de la naturaleza humana”.

De “una obra delirante, paródica, eficaz" que reúne todos los estereotipos del género y rinde homenaje a sus antecesores, tanto en la literatura como en el cine, ha catalogado la escritora mexicana Margo Glantz a la primera novela negra de Goldemberg.

Por su parte el narrador y ensayista argentino Mempo Guardinelli habla de la trama de Acuérdate del escorpión como "jugosa y fascinante"

La obra presenta en los roles estelares a dos oficiales de la Policía de Investigaciones del Perú: el capitán Simón Weiss y el teniente Katón Kanashiro.

“Elegí que los dos detectives fuesen un judío y un japonés -se trata, además, de un japonés mestizo- porque me interesaba explorar la relación entre dos individuos de minorías étnicas que de alguna manera han sufrido una suerte de prejuicio en el Perú”, revela.

En el inicio de la trama, ambos personajes han recibido el encargo de investigar los asesinatos que tienen por víctimas a un japonés en un salón de billar y un anciano judío en una pensión, ambos establecimientos situados en el centro de Lima.

Una imagen persistente

En el principio, Goldemberg - quien reside en Nueva York desde 1964- realizó en 1977 un viaje a Lima, cuya finalidad era recoger datos para una novela. En el curso de la pesquisa –relata- se topó (tal vez en el diario Ultima Hora), con la noticia del asesinato del dueño de un restaurante popular.

Aunque los detalles y las circunstancias precisas del caso se desvanecieron con el paso del tiempo, “por algún motivo, al leer esa noticia se dibujó en mi mente la imagen de un japonés, en un billar y crucificado sobre una de las mesas; esa imagen, misteriosamente, me persiguió durante todos estos años”, asegura.

Pero el almacén de las materias primas de la ficción de Godemberg atesoraba otra imagen, la cual --una vez rescatada, desempolvada y puesta en valor- le serviría para tejer la trama.

Esta imagen era “la de un ahorcado -un anciano judío- en una pensión del Centro de Lima, pensión que realmente existió -aunque no con el nombre con que aparece en la novela-, y que yo frecuenté mucho de niño”, anota.

"Luego, sin saber cómo, estas dos imágenes pasaron a ser parte de un tiempo y un espacio histórico definido: la Segunda Guerra Mundial, que me serviría para explorar ciertos aspectos relacionados con la conducta de los seres humanos", acota.

La acción transcurre a lo largo de 6 días, iniciándose el 2 de junio de 1970 -fecha en que la selección peruana de fútbol se medía con la de Bulgaria en el Mundial México ’70. Dos días antes, el 31 de mayo, un letal y destructivo sismo había sacudido dramáticamente Lima y el norte del país.

“La paralización sufrida por Lima -a causa del terremoto y por los partidos de fútbol jugados por el equipo peruano- era el escenario ideal, medio fantasmal, para que actuaran los personajes de mi historia", refiere.

Parientes noir en una ciudad gótica

La sordidez, el cinismo y la violencia, junto a un cierto toque kitsch han sido tradicionalmente algunos de los instrumentos utiles para hurgar en los mecanismos del comportamiento individual y en los procesos sociales, principalmente a partir del noir surgido y vigente entre las décadas de los ’30 y ‘50 del siglo pasado.

“Hay un cierto parentesco entre Acuérdate del escorpión y las novelas del género negro escritas en esa época”, admite. “En mi novela, por ejemplo, hay una predilección por los ambientes oscuros, medio sórdidos, y por las situaciones en que impera la corrupción y la violencia”.

En este nivel, el escenario mismo en que se desarrolla la historia se vuelve una especie de protagonista, ya que Lima aparece como una ciudad oscura, llena de sombras, “un poco gótica”.

“Al mismo tiempo, la novela presenta personajes —sobre todo el capitán Weiss— como individuos traumados por su pasado; es decir psicológicamente derrotados y debatiéndose entre el bien y el mal”, refiere el autor de Tiempo al tiempo (1984).

“También, en la novela -al ser una policial romántica- se entremezclan la pasión y el odio, el amor y el deseo, el perdón y la venganza”, añade.

Y dado ese carácter de un melodrama romántico, el autor insertó la música popular —valses y boleros— como parte de la historia narrada.

El soundtrack incluye Sueños de opio y El plebeyo (ambos temas clasicos compuestos por el bardo peruano Felipe Pinglo Alva) y los boleros -monumentos de letra y música erigidos para gloria del despecho y el abandono- Amor ciego, Corazón loco y Amor perdido.

“En alguna medida la letra de esas canciones sirven como telón de fondo para la trama y explican y complementan lo que sienten los personajes”, ilustra.

¿Género menor?

Para el autor de Hombre de Paso/ Just Passing Through (1981), el hecho de que la novela policial goce de gran popularidad no convierte al género en ‘menor’. “Basta con mencionar —remontándonos al siglo XIX— a escritores que han practicado este género tan importantes como Edgar Allan Poe, G. K. Chesterton o Arthur Conan Doyle”, apunta.

En tiempos y espacios más cercanos cita a Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Rodolfo Walsh; y entre los contemporáneos menciona a Mempo Giardinelli, Paco Ignacio Taibo II, Ricardo Piglia, James Ellroy y Roberto Saviano.

Aunque en las letras latinoamericanas existe una larga tradición de narrativa policial —en sus diferentes vertientes, y desde antes de Borges hasta después de Bolaño—, las muestras en la literatura peruana no igualan las dimensiones de otros países donde el cultivo del género es más extendido.

“Por cierto que el número de novelas policiales en el Perú no puede compararse con el de países como México, Argentina o Cuba, mas hay una lista bastante nutrida que va desde autores como Jorge Salazar, pasando por Mario Vargas Llosa y Carlos Calderón Fajardo, hasta Santiago Roncagliolo, por citar a uno de los más nuevos”, precisa .

Goldemberg confiesa que salvo ¿Quién mató a Palomino Molero?, de Vargas Llosa, no ha leído —todavía— ninguna otra novela policial peruana. "Es precisamente ahora cuando me voy a dedicar a leerlas. No he querido hacerlo antes para no “contaminarme” ni estilística ni temáticamente, ya que desde hace varios años tenía pensado incursionar en este género".

En Blanco nocturno, la más reciente novela de Ricardo Piglia, uno de los personajes, Croce, lanza: “Las novelas policiales resuelven con elegancia o con brutalidad crímenes para que los lectores se queden tranquilos”.

”Respecto a Acuérdate del escorpión, yo diría que la resolución de los crímenes sirven mas bien para que los lectores se queden intranquilos, para que reflexionen sobre los prejuicios, los genocidios, los abusos del poder, y la ineficacia, muchas veces, de la ley y la justicia”, comenta.