Alejandra Pizarnik, al cumplirse 90 años de su nacimiento.
Por Carlos Luis Torres G.
Escritor colombiano
La poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972), es tal vez una de las poetas latinoamericanas de mitad de siglo más leídas, (hoy especialmente por los jóvenes). Su vida fue un solo mirar hacia dentro, construir con su cuerpo un poema, hacer de su vida un espacio poético, y esto tiene un mágico atractivo para todo aquel que se acerca a ella. Con seguridad, el poema que mejor puede ejemplarizar esto que digo, es:
Vértigos o contemplación de algo que termina. (1)
Esta lila se deshoja,
desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.
Su escritura, no fue muy extensa, pocos libros la reúnen totalmente. Siete libros de poesía suyos (2) fueron publicados en vida, los demás son selecciones, textos recuperados por sus amigas, hoy curadoras de su obra, y hallados en los bordes de sus papeles de Diario, pero que continuarán como ejemplos de su intensidad poética y de vida. Alejandra Pizarnik no fue una escritora de textos largos, el más extenso suyo “La Condesa Sangrienta”, es apenas un conjunto de breves relatos que describen las torturas y muertes que la Condesa Erzsébet Báthory (1560-1614), los demás conocidos son pequeños ensayos y narraciones sin mucha ligazón y algunos escritos como tareas alimenticias, y otros que pretendieron la experimentación, la búsqueda de caminos diferentes a la ya explorada por ella, en sus libros de poesía.
La fórmula poética suya, permite disfrutar el placer de su estrategia literaria, la cual fue llegar al mismo lugar, inicio de la frase, (que particularmente recuperó del poeta inmigrante Antonio Porchia, cuya estructura le da a Alejandra, en su juventud, elementos para la escritura). Esto se suma a algo muy propio suyo: la brevedad, la intensidad y la austeridad. Además, su abordaje a la imagen surrealista, al mismo tiempo que un “otro giro a la tuerca”, acompañado con la ubicación del sujeto al final del verso (en muchas oportunidades el sujeto, es ella misma). Todos estos elementos constituyen el método, el andamiaje para la elaboración de su filosa poesía. Miremos estos ejemplos, tomados de su libro “árbol de Diana” y de “La última inocencia” que son una muestra de esto.
“explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome”
“Se fuga la isla
y la muchacha vuelve a escalar el viento”
(“La última inocencia”)
“como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme”.
(Los trabajos y las noches,1965)
Ella, la poeta brillante de la mitad del siglo XX en Buenos Aires es hoy, a los 90 años de su nacimiento, recordada y valorada por su obra poética fundamentalmente, un extenso Diario literario, narraciones, ensayos, reseñas, algunas entrevistas y un texto teatral, son el cuerpo central de su constante búsqueda. Vivió unos años en París, que fue su mejor época, conoció a importantes escritores de la mitad de siglo (amiga de Julio Cortázar, Aurora Bernárdez, Octavio paz, Jorge Gaitán Durán, Marguerite Duras, entre muchos) publicó “Árbol de Diana” y vivió intensamente un caer continúo al abismo y saber la soledad como algo íntimo. Sus traducciones y entrevistas a escritores como a la Duras, se convirtieron en mitos literarios, pues se sabe de ellos, aunque no tengamos donde encontrarlos. Debió volver al país pues su situación económica, las exigencias de su madre, la enfermedad del padre, la obligaron asumir un espacio que no era el suyo y que la llevó poco a poco a hacer con su cuerpo el poema. Lo había dicho varias veces de muchas formas, he de morir, quiero morir de cosas así.
Pero los escritos a partir de 1966, ya viviendo nuevamente en argentina dan señal de su trabajo intenso en la indagación de nuevas formas para continuar haciendo con su cuerpo, el cuerpo del poema. Ella es consciente que su poesía requiere romper con lo ya consolidado, por ello la fractura, la construye a partir de pedazos de otros, la silencia y luego irrumpe primero en el absurdo, en el humor y el sarcasmo, utiliza palabras vulgares, emplea neologismos, fusiones léxicas, trae versos del francés y los hace sonar en paralelo con otros en una perfecta pluralidad de voces que poseen caminos y sentidos distintos.
Dije que en su última etapa, “echa mano” de textos y de autores que más la obsesionaban, rasga trozos de ellos y los pone, como un collage, como puertas que se abren a espacios propios, pues son estos, campos de preocupación común: “Alicia en el país de las maravillas” de Levis Carroll, es casi “su alter ego”, ha perseguido este personaje en el jardín; el nombre suyo y el de la pequeña comienzan por “A”, ambas son dos niñas que buscan llegar a un lugar por terrenos y túneles oscuros que no entienden; “Los cantos de Maldoror” ha sido su libro de cabecera desde su adolescencia; Antoni Artaud, su escritor favorito pues su prosa ardiente y desdentada, procaz e insultante, en esta etapa de la vida de Alejandra, constituye otra salida.
Por eso este año al cumplirse 90 de su nacimiento, recordarla y leerla es una “obligación” para los que sabemos de su importancia literaria y para los que no la han abordado, reconocer en sus poemas, esa dosis íntima de soledad, de misterio, de elevación poética, de vida por y para la poesía, es un paliativo en tiempos difíciles como son estos.
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| Alejandra la poeta que murió de su vestido azul. Carlos Luis Torres (2026) |
Por ello, debe señalarse el reconocimiento que Sílaba Editores hace con la publicación de la segunda edición de la novela “Alejandra la poeta que murió de su vestido azul” la cual lleva esta vez un prólogo del escritor Pablo Montoya como antesala a un texto que tiene de ficción y de elementos de la vida de la poeta, como del entorno social, político y cultural, la dosis apropiada para disfrutar una obra llena de lo literario en el siglo XX.
Por esa razón, abordar la compleja y difícil vida de Alejandra Pizarnik, especialmente en sus últimos años es de gran disfrute literario y la posibilidad de acompañarla a apalear su caminar rudo, profundo, nada extraviado, pero absolutamente periférico. Pongo a continuación un breve ensayo sobre sus últimos textos, como un brindis que invito, a los lectores, por sus noventa años de existencia entre nosotros.
Anexo
Los últimos textos de Alejandra.
Esta tercera etapa literaria (3) de Alejandra Pizarnik que comienza en 1969 hasta su muerte, se caracteriza por una búsqueda consciente y concreción de una forma distinta de escribir a la ya utilizada (4). He explicitado en otros textos que esta se compone de dos partes: una, utiliza la intelectualización extrema trayendo citas de autores que a ella la subyugan (Artaud, Lautréamont, T. S. Eliot) en medio de escenas surrealistas donde participan sus dos obsesiones fantásticas: Alicia en país de las maravillas y la muerte. Esta tiene su punto culminante en los dos relatos cortos: “A tiempo y no” y “El hombre del antifaz azul”; en la segunda parte, apela al humor duro y oscuro que es el objeto del presente análisis, y que posee su punto más alto con “La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa” y que se continúa hasta el día de su muerte.
“Diversiones públicas”, es un segmento de “La bucanera…” en el cual se juntan las diversas estrategias que Alejandra había venido denotando en textos anteriores. Se encuentran desarrollos lingüísticos e irreverentes como este, al comenzar el texto “Diversiones públicas”: “Como Jesús y Judas, que amigos eran, iban a ver las series del brazo y tomaban helado del mismo cucurucho como Lavoisier y Lavater”, se sugiere con este “como Jesús y Judas…” la existencia de alguien o de una pareja anterior o simultánea a esta, y que de manera desfachatada los “pone” a comer helados y a ver series, de televisión suponemos, al igual que el científico y un tal Lavater, que sugiere referirse a Savater, el filósofo y comunicador español.
En la segunda “Diversión pública”, que es un dialogo donde se menciona nuestro país:
“En Colombia un señor me dijo:
- En Colombia al loro le decimos panchana.
Le pregunté:
- ¿Y a la panchana?
- Pues loro, carajo -dijo el señor.
Es intrascendental, desde el punto de vista literario, sin profundidad, desde el punto del pensamiento simple, es el humor bien escrito haciendo énfasis en su obsesión de caer en el mismo sitio y que ha tenido su máxima altura en el breve “diálogos” (“Madame Lamur”) (1965).
Luego se burla con gracia de un poema malísimo de Gertrude Stein y su repetición vacía de palabras que no connotan:
“Una rosa es una rosa es una rosa, pero yo no quiero rosas, quiero silencio.”
y más tarde juega con las palabras al cambiar el orden de las letras, como:
TOTAL, ESTOY = TOLSTOY
Y estas estrategias narrativas, que llaman la atención por jugar con el lenguaje local y popular de Buenos Aires. Claro, así lo hacía, a su estilo, su amigo epistolar Antonio Beneyto (español, pintor, poeta), en algunas ocasiones Henry Michaux, en el barrio gótico de Barcelona, jugando entre la pintura y la escritura, en ambos casos. (5)
La utilización de expresiones locales hace ver a Alejandra, en esta etapa de su obra, la hacen muy bonaerense, expresiones como: “Mina”, “cojé”, “cigollo” que al juntar con cierta malicia sexual, cercana a la obscenidad, nos sorprenden y hacen soreír: “pito arromadizo”, “el Danubio entró en erección”, “una peneliza a la culona”, “¿you cojesme? – Dijo Miss Cojé y déjate de joder.”
Hacen a una Alejandra diferente, distante, en búsqueda, pero con sorpresa encontramos un: “Sacha, no jodás”, así le dice a otra persona, una y otra vez, y nos damos cuenta que estaba en escena y otra afuera la interrumpía, ahora de nuevo. Termina el segmento con la dedicatoria de Baudelaire: “hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère !
… ahí está ella, Alejandra, no hay duda.
Es entonces el momento de señalar que este texto “La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa” 1970-1971, es el escenario donde ejercita la búsqueda de la nueva forma de expresión literaria que Alejandra necesita. Por ello, en el título se habla de dos personas: “La bucanera” y de “La polígrafa” (4) que es ella; El índice no es uno, son dos: “Índice ingenuo (o no)” y “Índice piola” y ninguno de los dos coincide con la realidad de los segmentos presentados, pero existe en ellos una particularidad que llama la atención: Están en dos columnas, una con el nombre de cada segmento y la otra a la persona a quién lo dedica.
En el caso del “Índice ingenuo (o no)”, está dedicado a personalidades extrañas de épocas pasadas o del siglo XX, pero sin relación aparente con el contenido del texto. Por lo menos esa relación no es simple, no está visible, o escogió algunos al azar. Por ejemplo:
“La pequeña marioneta verde” está dedicado a Lichtenberg, fue este un astrónomo y escritor alemán de 1742 a 1799; “En Alabama de Heraclítoris”, está dedicado a Harpo Marx, quién fue un mimo y músico norteamericano (1888-1964) quién fue el segundo de una pareja de hermanos actores y arpistas; En “cada bruja con su tema” dedicado a Kierkegaard, padre del existencialismo el danés nacido en 1813 y fallecido en 1855.
Así sucesivamente hasta terminar la lista con el segmento “A Ídishe Mame o la autora de Igitujes” dedicado a Amélie Freud, … caramba ella es la madre de Freud.
Puede pensarse que la construcción de estos dos índices son una obra literaria sino ensayística de Pizarnik que puede leerse independiente y ampliarse con la aprensión de todas estas pistas que puede convertirse en una obra expos que puede dar cuenta del culto dossier literario de la poeta.
He señalado en varias oportunidades que la obra más extensa de Alejandra es “La condesa sangrienta”, después de aquella “Los perturbados entre las lilas”, que es una obra de teatro escrita entre julio-agosto de 1969 y consta de 35 páginas en su original. En un escenario muy infantil, color rosa, muebles de juguete, paredes limpias, dos triciclos y algunos pequeños objetos actúan cuatro personajes en un diálogo inconexo, cacofónico, esforzado, que huele a incomunicación, a dolor de infancia y que a medida que avanza llega la hora de dormir y dos de ellos conversan mientras los otros desesperados los encierran en un cuarto fuera… el lector reconoce de inmediato que son dos muñecos que hablan todo el tiempo. Imposible soltar una obra así.
Una muñeca (Lytwin) toma un papel fundamental al convertirse en el otro yo de Segismunda y Carol junto a un personaje inesperado Macho, deambulan frases que reiteran la incomunicación, el sin sentido, el no ir a ninguna parte.
Se ratifica el empeño de Alejandra de delimitar un espacio nuevo en su obra donde lo que prevalece es el apuntalamiento de la nada como fin y propósito, como método y expresión: el fin o no.
| Alejandra Pizarnik |
(1) “Poesía completa”. Pizarnik, Alejandra. Edición a cargo de Ana Becciu. Editorial Lumen. Página 214, 2000
(2) “La tierra más ajena” 1955, “La última inocencia” 1956, “Las aventuras perdidas” 1958, “Árbol de Diana” 1962, “Los trabajos y las noches” 1965, “Extracción de la piedra de la locura” 1968”El infierno musical” 1971
(3) La primera etapa comprende desde su primer poemario “la tierra más ajena” hasta Árbol de Diana”. La segunda etapa “Los trabajos y las noches”, “Extracción de la piedra de la locura”, “Infierno musical” y algunos de “Textos de sombra”.
(4) Poema corto, inicia con expresión surrealista, se muerde la cola, da otra vuelta a la tuerca y se nombra a ella misma.
(5) “Un bárbaro en Barcelona”, es un poemario de Beneyto, dedicado a Michaux en su primera parte y a él mismo en la segunda, pero lo hace como réplica pues un texto de Michaux se titula “Un bárbaro en Asia”. (“Un bárbaro en Barcelona”, March Editor, 2009, España)
Carlos Luis Torres G., abril 28 de 2026


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